El misterio de los Reyes Magos, según el Evangelio de San Mateo

La búsqueda del Mesías es universal, es una búsqueda de toda la humanidad, no solamente del pueblo elegido, puntualiza el biblista tucumano presbítero Leonardo Valoy

El Evangelio dice que son magos, pero no porque practicaran la magia. En la antigüedad, se llamaba magos a los estudiosos de las ciencias, a los sabios, especialmente a los astrónomos y astrólogos El Evangelio dice que son magos, pero no porque practicaran la magia. En la antigüedad, se llamaba magos a los estudiosos de las ciencias, a los sabios, especialmente a los astrónomos y astrólogos

(La Gaceta) “Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle’. En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: ‘En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: ‘Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.

Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino”. (Mateo 2, 1-12, Biblia de Jerusalén).

Sin ánimo de tirar por tierra lo que de niños hemos alimentado con pasto y agua cada 5 de enero por la noche, les decimos que algo de cierto hay. No todo. Eso sí… no eran ni tres ni reyes ni magos. Esos simpáticos personajes de los que habla únicamente el evangelista San Mateo, en el capítulo 2, desde el versículo 1 al 12 (los otros tres Evangelios no los mencionan), son los más imprecisos dentro de la historia, pero los más recordados, junto con el nacimiento de Jesús.

Lo único concreto

“El único dato concreto que tenemos acerca de los personajes es el que cuenta el evangelista. El resto fue aportado por la tradición cristiana, especialmente de la iconografía”, explica el biblista tucumano presbítero Leonardo Valoy. Pero cabe algunas aclaraciones: “en primer lugar Mateo nunca dice que fueron tres. Sí dice que fueron tres los dones: oro, incienso y mirra, y de ahí la tradición interpreta que fueron tres. El evangelista habla de ‘unos magos’, es decir que podrían haber sido varios”, explica el sacerdote.

Tampoco son reyes, no tenían ningún reino. El Evangelio dice que son magos, pero no porque practicaran la magia. En la antigüedad, se llamaba magos a los estudiosos de las ciencias, a los sabios, especialmente a los astrónomos y astrólogos, que investigaban el curso de los astros.

“Lo que Mateo señala aquí es que no son personas del pueblo elegido, de Israel, son de Oriente, es decir representan al mundo pagano, y que los conocimientos de la época, que son sobre los astros, llegan a Jesús”, detalla el sacerdote.

Los nombres con los que los conocemos -Melchor, Gaspar y Baltazar- tampoco son reales. Fueron fijados por la tradición. “Aparecen en la iconografía antigua en la iglesia de San Apolinar, en un mosaico del siglo VI. Los nombres no están en la Biblia”, dice en otra de sus aclaraciones el padre Valoy.

Y la pregunta del millón: ¿Baltazar no era negro? No, tampoco. “La iconografía quería representar la diversidad de razas conocidas en la antigüedad. Se refería a que la búsqueda del Mesías es universal, es una búsqueda de toda la humanidad, no solamente del pueblo elegido”, puntualiza el especialista.

Los regalos

¿Qué significado tenían los regalos? El oro estaba relacionado con la realeza. El incienso, con la divinidad, y la mirra con la humanidad. La mirra es una resina aromática que exuda la Commiphora myrrha, un árbol que de forma natural crece al noreste de África, en Arabia y Turquía. Se empleaba para elaborar perfumes y ungüentos con los que se untaban las vendas para embalsamar a los muertos.

Hay otro dato más curioso todavía: la Fiesta de Reyes es la celebración romana, pero litúrgicamente, las iglesias orientales la celebraban como la Epifanía del Señor, que significa “manifestación”, en griego. “Históricamente, se comenzó celebrando la Epifanía en las iglesias orientales y después tomó más fuerza la Navidad. Significa que Jesús se manifiesta a todos, no sólo al pueblo de Israel”, finaliza el padre Valoy.

Pese a las imprecisiones, vale esperar a los Reyes y volver a poner mañana por la noche los tradicionales pasto y agua para los camellos.

Gran relicario

La Iglesia católica venera a los Reyes. Se dice que sus restos están en la Catedral de Colonia, Alemania, en el relicario más grande del mundo occidental: un sarcófago triple, dorado y decorado lujosamente. Las reliquias -se dice- fueron traídas de Milán por el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico Barbarroja, que se las entregó al arzobispo de Colonia, en 1164.

 

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