El mono de Lord Rochester‘, por Graham Greene

Redactada entre 1931 y 1934 Graham Greene no encontró editor para esta biografía hasta cuarenta años más tarde. Cierto puritanismo justificaba la deci…

Redactada entre 1931 y 1934 Graham Greene no encontró editor para esta biografía hasta cuarenta años más tarde. Cierto puritanismo justificaba la decisión de los editores dado el carácter burlón y pornográfico de Lord Rochester (1647-1680). Pero cabe preguntarse qué indujo a Graham Greene a novelar la vida del más célebre libertino de la corte de Carlos II. La respuesta quizás se encuentre en la vida del poeta.

A pesar de la vida disipada que llevaba, y del sarcasmo que gastaba con todo el mundo, señala Greene que John Wilmot, segundo Conde de Rochester, era quizás el único que sabía lo que se escondía detrás de la capa de hielo por la que se deslizaba peligrosamente su generación.

Pero su afición al vino y el amor desordenado a las mujeres vencieron siempre sobre su conciencia puritana y, aunque encarnaba los mayores vicios, no dejaba de reprobarlos en sus semejantes. Incluso zahirió repetidamente al Monarca y a sus amantes, y llegó a ser expulsado hasta tres veces de la corte por sus burlas y groserías. Con todo, en general, el rey soportaba sus burlas con escepticismo y disfrutaba con su compañía y sus juergas en las que Rochester colaboró en alguna ocasión incluso como proxeneta.

Como señala Greene: “El oido aguzó su ingenio, la herencia puritana le prestó fervor moral y su vida le dio las palabras, palabras de las tabernas y mancebías de Wheststone Park que pocas veces habían sonado hasta entonces en la literatura seria”.

Pienso que Greene se interesó por este autor por varios motivos. El más relevante creo que es su afición a los pecadores y a indagar en la vida hastiada que se esconde tras los placeres y en la supuesta inocencia que se conserva pura debajo de los mantos de la degeneración.

Así, en las cartas a sus hijos Rochester les encomiaba a vivir según la virtud e incluso les decía que rezaba por ello. Comenta Greene:

No son cartas de un hipócrita. No deseaba que su hijo viviera como él había vivido ni que pensara como él; deseba que su hijo creyera en Dios y no siguiera a su padre por la frialdad de un universo ateo”.

Por supuesto que el final de la vida de Lord Rochester podría figurar en cualquier novela de Greene: el libertino que abraza la fe, y lo hace bajo la misma neblina que podría acompañar a cualquiera de sus personajes.

Porque no fueron los argumentos sino un extraño toque de la mano de Dios quien cambió su vida. En el universo de Greene Lord Rochester es un verdadero santo pecador para el que no hacía falta inventar una trama: su misma vida nos provee de ella.

No es una obra imprescindible para conocer a Greene, pero sí curiosa. Aporta más sobre el biografiado que sobre su autor, de mayor calidad literaria. A pesar de la falta de información que existe sobre una parte de la vida de Lord Rochester Greene logra construir una narración atrayente y da una interpretación coherente de él. A ello contribuye el recurso a los poemas de Rochester, continua en todo el relato.

Hay que subrayar la labor de la traductora, María Luz García de la Hoz, que se ha esmerado en la versión española de los versos.

EL MONO DE LORD ROCHESTER
Graham Greene
Península
Barcelona 2007
238 páginas

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