El ‘no’ a la Constitución europea, por delante en los sondeos de Dinamarca

El ‘no’ francés a la Constitución Europea ha provocado un efecto dominó cuyas consecuencias todavía están por calibrar. Primero fue Holanda el país qu…

El ‘no’ francés a la Constitución Europea ha provocado un efecto dominó cuyas consecuencias todavía están por calibrar. Primero fue Holanda el país que siguió la estela del rechazo y ahora, según reflejan los resultados de 4 sondeos hechos públicos el viernes en Dinamarca, los partidarios del ‘no’ al Tratado superan por primera vez a sus defensores. Dinamarca será, tras Luxemburgo -que celebra su referéndum este mes-, el próximo país comunitario que realice una consulta sobre la Constitución. Lo hará el próximo día 27 de septiembre, una fecha que acaba de confirmar el primer ministro, Anders Fogh Rasmussen, "siempre que el proyecto siga adelante".

Las 4 encuestas, hechas después de conocerse el rechazo de los franceses y antes de saberse el resultado de Holanda, conceden un espectacular avance a los detractores, que obtienen entre 3 y 9 puntos de ventaja, cuando todos los sondeos realizados en los últimos meses habían indicado una clara victoria del "sí". En el estudio de opinión realizado por Greens Analyseinstitut para el diario económico "Boersen", el rechazo al Tratado ha pasado, en un mes, del 26 al 39,5 por ciento, mientras que votarían a favor el 30,8 y habría un porcentaje de indecisos del 29,7.

En el sondeo de Megafon para el canal de televisión público TV2, el "no" ganaría por 6 puntos (42 frente a 36, por 31 y 49 hace una semana), una distancia que se reduce a 4 (38 y 34, por 25 y 45 el mes pasado) en el de Gallup para el diario BERLINGSKE TIDENDE y a 3 (34 y 31) en el de Vilstrup para POLITIKEN.

Drásticos mensajes

El ministro de Asuntos Exteriores danés, Per Stig Moeller, en declaraciones a la agencia Ritzau, restó importancia a los resultados de las encuestas, y resaltó su carácter variable. Los justificó por los "dramáticos mensajes" enviados tras las consultas populares en Francia y Holanda. Dinamarca, tradicional país euroescéptico, ya rechazó el Tratado de Maastricht en 1992.

En Luxemburgo, el ‘no’ también empieza a ganar terreno en las encuestas, aunque el ‘sí’ mantiene de momento su fuerza. El primer ministro, Jean-Claude Juncker, que preside actualmente la UE, ha prometido dimitir si los luxemburgueses rechazan el Tratado Constitucional. "Es un asunto de decencia elemental ante los electores luxemburgueses", ha señalado Juncker.

Una posibilidad, paralizar el proceso

Las reacciones no dejan de sucederse tras el rechazo de Francia y Holanda a la Constitución Europea. Las opiniones son de todo tipo, pero lo cierto es que el Viejo Continente ha iniciado un debate sin precedentes. Diogo Freitas do Amaral, responsable de la Diplomacia portugesa, admitió este viernes que el Tratado Constitucional comunitario podría paralizarse por consenso en el próximo Consejo Europeo. Con esta hipótesis, la prensa lusa interpreta que su Gobierno podría renunciar a someter el texto a referéndum. Freitas do Amaral precisó que "en teoría" podría darse esa hipótesis porque "puede suceder que los 25 países, sentados en torno a la mesa, por consenso y sin imposiciones, sin países de primera o segunda, lleguen a la conclusión de que es mejor detener el proceso de ratificación para meditar".

José María Aznar, que nunca fue partidario de el texto constitucional porque, en su opinión, restaba a España el poder que había conseguido en el Tratado de Niza, califica ahora de "excéntrico" seguir adelante con el proceso de ratificación. Tampoco es partidario de retocar "algunos capítulos" para su aprobación por los Veinticinco. Así se expresó Aznar en un artículo que publica el WALL STREET JOURNAL EUROPE. En su opinión, lo más adecuado sería que la UE aplicase los acuerdos y tratados en vigor, incluido el de Niza, y que hiciera frente a sus problemas junto a Estados Unidos.

Joschka Fischer, ministro alemán de Asuntos Exteriores, cree que el rechazo de Francia y Holanda a la Constitución europea supone un revés en el calendario de la integración europea, pero no cuestiona el proceso en sí. "Ahora se necesitará más tiempo en el camino hacia la unidad, quizás algunos años, pero no una década", dijo.

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