El nombre de la rosa (I)

Les advierto que la segunda parte de este escrito es de extensión parecida a esta primera. Lo publico por partes, una vez finalizada su redacci…

Les advierto que la segunda parte de este escrito es de extensión parecida a esta primera. Lo publico por partes, una vez finalizada su redacción. A juego con la novela -de fabulación semiótica que lleva por título El nombre de la rosa, les mantengo en intriga novelesca de película. La parte II, objeto de mi pincelada, la publicaré con otro título. Hace años que deseo expresar algo acerca de la segunda parte de este escrito.

A finales del año pasado cayó en mis manos la novela argumental de una gran película: la del señor Umberto Eco, titulada Il nome della rosa. He estado ocupado en abordar su lectura. El original en lengua italiana apareció en 1980 y la primera edición en lengua española, en 1982 (Cf. 7ª edición 1983 Editorial Lumen). ¿Es oportuno que los legos en metafísica la lean? Sin duda Vd. que me lee no necesita hacerlo. ¿Leer la novela para entender el por qué de aquella intrigante película, acerca de unas misteriosas muertes gratuitamente noveladas, acaecidas en un supuesto cenobio monacal medieval? Me pregunto si el monasterio existió en realidad.

Umberto Eco empieza el prólogo de la novela con estas palabras:

En el principio era el Verbo y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios. Esto era en el principio, en Dios, y el monje fiel debería repetir cada día con salmodiante humildad este acontecimiento inmutable cuya verdad es la única que puede afirmarse con certeza incontrovertible”

Anteriormente, finaliza la presentación de la novela, titulada “Naturalmente, un manuscrito” y fechada el 5 de enero de 1980, del siguiente modo:

Porque es historia de libros, no de miserias cotidianas, y su lectura puede incitarnos a repetir, con el gran imitador de Kempis: <<In omnibus requiem quaesivi, et nusquam inveni nisi in angulo cum libro>>”.

Estas palabras de la Imitación de Cristo significan “por doquiera busqué la paz, sin hallarla más que en un rincón y con un libro”. De no aclarar el lector- por sí mismo- el porqué de la novela a la luz de su inteligencia libre y del Prólogo meditado del relato del Evangelio del discípulo amado de Nuestro Señor Jesucristo, se queda desconcertado en oscurantismo novelesco.

El hilo de la novela gira en torno a la protección, por parte del Abad del monasterio, de un libro sabio de la Civilización Griega, poniendo, él mismo, veneno en sus páginas. Todo monje escolástico curioso, ávido de lectura “secreta” muere al tratar de leer el libro. De esta manera, el padre Abad preserva el acceso a su no conocimiento, pero sin la destrucción física previa del libro.

Los libros eran ejemplares únicos transcritos por el buen hacer del amanuense. La imprenta surgió a finales del siglo XV. El libro misterioso que presenta la novela, no era uno cualquiera. Nada menos que la Poética del sabio Aristóteles. Tomasso d’Aquino, O.P., se refiere a Aristóteles como el Filósofo.

La acción novelada El nombre de la rosa transcurre en un supuesto cenobio medieval del siglo XIV. Como ya he dicho, el Sr. Umberto Eco señala, el 5 de enero de 1980, que se trata de “naturalmente, un manuscrito”. Como se colige de una atenta lectura del prólogo de su novela, ésta es mucho más que un manuscrito intrigante. ¡Vaya, vaya con su estilo comunicante! Ha propiciado, en mí, mi más absoluto desinterés actual por la Semiótica. Disciplina ésta inventada por un señor suizo, padre de la lingüística estructural del siglo XX. Cuando iba al cole ya le cogí manía estudiantil. Ferdinand de Saussure (1857-1913) y sus herencias semióticas no me interesan.

Es totalmente suficiente, para entender el argumento de la novela, la maestría interpretativa del gran actor escocés Sean Connery en el papel del monje detective, en la película basada en la novela. Me sigue gustando la película El nombre de la rosa. Es de gran plasticidad cómica para distraerse un rato con suspense. Me es muy útil abordar ahora un poco esta novela. Me ha permitido desarrollar mejor el por dónde voy a salir con mi artículo. Por supuesto ni para hablar de literatura ni de cine. Publicaré la segunda parte reflejando el link de esta primera. Me comprenderán -y muy bien- en cuánto lo hayan leído todo. Esta primera parte no me requiere gran esfuerzo redactor. Sí, un esfuerzo inicial de lectura en novela de 600 páginas de bolsillo, especialmente en la introducción, breve prólogo y unas elocuentes apostillas complementarias publicadas a posteriori. He leído esto último especialmente varias veces antes de iniciar la lectura de la novela y redactar esta primera parte.

Esta novela, en definitiva, aparece en mi vida como un manuscrito fabulador para niños mayores. Conviene distinguir bien las fábulas cuentistas del Concepto, del Juicio y del Razonamiento, captando correctamente qué es la Lógica del pensamiento humano. La Lógica matemática moderna es otra cosa. A veces, por no decir siempre, distante e incluso opuesta a la disciplina de la Lógica de la Civilización Griega. Sin adentrarse en la construcción lógica del Silogismo, pero razonando matemáticamente de espaldas a él, ¿cabe el acto cerebral inteligente e inteligible, en confesión pagana, atea, religiosa o cristiana? ¿Es así como se construyen las fábulas “científicas” de los agujeros negros, empíricamente no demostrados (en lenguaje infantil “bing bang”), para negar así en pseudociencia el Acto Creador de Dios, sin necesidad de formulaciones ideológicas actualizadas de Ateísmo? Los tres estadios (niveles) del Pensamiento humano son el Matemático, el Físico y el Metafísico. Es la sopa de ajo intelectual de la Civilización Griega. Muchos “entendidos” de los últimos siglos no pasan del primer nivel. Otros han accedido con notabilidad al segundo. De ahí el desarrollo de lo que hoy denominamos Ciencias. Es cerebralmente inquietante el hecho de que, desde hace ya unos cuantos siglos, se subestime el nivel Metafísico en el Conocimiento. Limitado como los dos anteriores, pero bastante menos.

¿Qué pasó en el siglo XIV? Fue un siglo importante. La reina catalana (de sangre francesa) Violante, Duquesa de Bar, esposa del monarca del Reino de Aragón Joan I, Lo aimador de la gentilesa, peregrinó a Montserrat. Desde Collbató subió la montaña. Es lo que secularmente hacían los peregrinos. Con la particularidad de que ella, andariega, llegó a Montserrat a lomos de ningún caballo. Fue recibida como se recibe a una reina. Señores y señoras: Llegó descalza el 29 de octubre de 1387. (Cf. Història de Montserrat 7ª ed. 2005 -reimpresión 6ª ed. 1977-). Tenía motivos para ello. Peregrinó como oración por la curación de su regio esposo.

¿Y qué más pasó en este siglo final de la Edad Media? Pues la aparición en escena de un monje franciscano inglés llamado Guillermo de Ockham, O.F.M. (Orden de Frailes Menores) y su idea intelectual denominada nominalismo.

La novela contemporánea El nombre de la rosa, una tesis nominalista histórica de rabiosa actualidad voluntarista, y el ejemplo de una gran reina catalana ¿qué tienen en común? Para comprender bien a Umberto Eco es muy conveniente leer las Apostillas que publicó en 1983 acerca de su novela. Primero introducción y prólogo, luego Apostillas. Y después lean la novela si les apetece.

El Sr. Eco concluye su novela poniendo en boca de aquel joven monje, ya anciano, ayudante del monje detective, lo siguiente: “La abadía ardió durante tres días y tres noches… Hace frío en el scriptorium, me duele el pulgar. Dejo este texto no sé para quién, este texto, que ya no sé de qué habla: stat rosa prístina nomine, nomina nuda tenemus.” Yo les dejo en herencia el próximo texto que sí sé de qué habla.

El Santuario y Monasterio benedictino de Montserrat fue saqueado a finales de julio de 1811 por las tropas napoleónicas del Mariscal Suchet. Antes de partir las tropas (él se largó una vez aposentadas), la noche del 10 al 11 de octubre de 1811, Montserrat ardía en llamas. Por ceguera política local y error de estrategia militar inglesa, se repitió al año siguiente el error de fortaleza defensiva, pero en el punto más alto de la Montaña. ¿Ceguera militar y política sólo? Se procedió a la fortificación militar de la ermita de San Dimas con batallón anglocatalán. Al general francés Maurice Mathieu le bastaron tres días para destruir. Materialmente, mediante fuego y pólvora, barrió absolutamente todo vestigio benedictino O.S.B. (Orden de San Benito de Nursia) en la Santa Montaña, durante la madrugada del 31 de julio de 1812, festividad de San Ignacio de Loyola. La de aquel Peregrino que se recluyó en marzo de 1522 en la ermita de San Dimas, para hacer confesión escrita de su vida pecadora, antes de sus ejercicios espirituales subsiguientes y de su peregrinación en solitario a Tierra Santa. A su regreso, un año después, residió dos años en la ciudad de Barcelona en el inicio de su periplo de estudios. ¡Y mucho antes de su fundación de la Societate Iesu (jesuitas con siglas SI y no SJ) en compañía de seis fundadores más, entre ellos el navarro Francisco Jaso Azpilizcueta, San Francisco Javier!

Mis escritos a Vds. no son novelas. No son ficciones. Son afirmaciones razonadas con conocimiento de causa y experiencia de vida. Es conocimiento a base de años. Trato en todas ellas de afirmar sobre lo qué sé. Hasta que no estoy seguro, leyendo mis redacciones repetidas veces y corrigiendo lo preciso, no les doy luz verde. Una simple coma, una palabra inadecuada, un exceso de expresión, puede alterar el sentido, el propósito de lo que uno comunica. Es la gran responsabilidad de quien escribe. En mi caso de modo altruista, sin experiencia profesional periodística, sin correcciones lingüísticas de estilo. En muchos momentos procurando frenar lo más posible los impulsos de mi corazón y el exceso de verborrea. En definitiva, son simples pinceladas reflexivas. Lo son para mí. Lo son para los lectores que imprimen lo que publico. Son pinceladas alejadas de todo propósito fabulador.

Detesto el farol. No lo es que, absolutamente todos mis escritos publicados tengan incremento in crescendo de accesos e impresiones. Los intereses lectores pueden ser distintos en cada caso. En algo más de un año de mi blog, ni he corregido escritos publicados ni he suprimido ninguno. Dispongo de tiempo. De un tiempo no libre. De un tiempo no esclavo. De un tiempo preferente de pensionista para comunicar con razonamiento ponderado y libertad mía de expresión. Gracias por atenderlos.

Naturalmente, un manuscrito. Así empieza la presentación de la novela:

“El 16 de agosto de 1968 fue a parar a mis manos un libro escrito por un tal abate Vallet, Le manuscript de Dom Adson de Melk, traduit en français d’après l’édition de Dom J. Mabillon (Aux Presses de l’Abbaye de la Source, Paris, 1842). El libro, que incluía una serie de indicaciones históricas en realidad bastante pobres, afirmaba ser copia fiel de un manuscrito del siglo XIV, encontrado a su vez en el monasterio de Melk por aquel gran estudioso del XVII al que tanto deben los historiadores de la orden benedictina”.

También tengo ante mi vista un gran libro de mi propiedad escrito por un monje de mediana edad muy culto. Por Dom Anselm Maria Albareda i Ramoneda, O.S.B., que lleva por título – publicado en perfecta y culta lengua catalana- Història de Montserrat (7ª edición 2005 reimpresión de la 6ª de 1977 y por tanto la primera del siglo XXI). Era un monje erudito que trató con tres Papas consecutivos en el siglo XX en período mundial altamente conflictivo, pero (y gracias a Dios) como Bibliotecario del Vaticano. La Història de Montserrat salió publicada por vez primera en 1931. El padre Albareda falleció en Barcelona a mediados de los sesenta del siglo XX como Cardenal de la Santa Madre Iglesia. Como padre conciliar no llegó a ver concluido el Concilio Vaticano II. Es el autor de la única historia de Montserrat publicada en el siglo XX (y republicada varias veces en el XXI post mortem, también en lengua española) por la Abadía benedictina de Montserrat. Nadie me habló en su día de este libro. Lo hizo mi único hijo varón con la 5ª edición de 1972. Visitó en compañía de un monje de la orden O.S.B. los lugares históricos de las 12 ermitas de Montserrat, como trabajo de campo para la confección de su “treball de recerca”, que le valió la nota de 10 en este trabajo preceptivo en Catalunya a nivel de Secundaria.

A diferencia del supuesto manuscrito no documentado, citado por un experto en semiótica y que inspiró su novela, el libro del Cardenal Albareda es un referente público de conocimiento histórico de primera magnitud sin intrigas palaciegas.

El apellido Vallet me suena. Me refiero al de un jesuita catalán que dejó la Societate Iesu para predicar a los laicos, a lo largo y ancho de Catalunya en los años veinte del siglo XX, los ejercicios espirituales del Peregrino Íñigo de Loyola. Para a continuación, dans La France, fundar la Orden religiosa de los Cooperadores Parroquiales de Jesus Rey, desde 1945 Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey, CPCR con sede española en Pozuelo de Alarcón (Madrid). He escrito sobre todo ello.

Dejo aquí mi breve reflexión. La siguiente es un apunte histórico que espero propicie una serena reflexión… a quien me lea. A quien me lea y atienda. Umberto Eco escribió esa su primera novela afirmando el 5 de enero de 1980:

“Me siento libre de contar, por el mero placer de fabular, la historia de Adso de Melk, y me reconforta y me consuela el verla tan inconmensurablemente lejana en el tiempo (ahora que la vigilia de la razón ha ahuyentado todos los monstruos que su sueño había engendrado), tan gloriosamente desvinculada de nuestra época, intemporalmente ajena a nuestras esperanzas y a nuestras certezas”.

Tal vez sean cosas de la semiótica, de la que es maestro, citar una frase del Kempis y empezar el prólogo de su novela con el texto del Prólogo del relato evangélico de San Juan. Para desmontar la solemne falsedad del nominalismo del franciscano inglés Guillermo de Ockham, o si Vds. lo prefieren en sucedáneo novelado la del monje detective Guillermo de Barkesville, primero debe pretenderse, estudiando, en qué consistió; y segundo, reconfortarse aprendiendo, con la doctrina intemporal irrefutable, en términos de presente del siglo XXI, del Doctor Común de la Iglesia Tomasso d’Aquino. Era un monje italiano de procedencia noble del siglo XIII; el Sr Umberto Eco, intelectual semiótico laico del XX. Santo Tomás de Aquino no sólo no quemó intelectualmente la Poética de Aristóteles. Dio a conocer en Europa a este sabio discípulo de Platón. Argumentó como nadie la Analogía del Ser y la diferencia entre Esencia y Existencia, sentando las bases racionales superadoras de todo racionalismo posterior, empezando por el simplismo cartesiano a principios del siglo XVI, a cargo de un matemático francés que se creyó filósofo negando la racionalidad de la Metafísica. Era un simple matemático incapaz de contemplar la Naturaleza y menos aún de abstraer en el estadio metafísico, cuando menos como hicieron los Presocráticos siglos antes de Jesucristo. Cometió dos errores: a) estudiar con los jesuitas. b) pensar sólo con el lado matemático de su cerebro. No descubrió por tanto la inteligencia de los sueños, de la poesía, del arte, de la música sin pentagramas, y mucho etcétera. ¡Vaya con el Renato éste! Las siglas de los monjes son importantes. Para metafísicas yo prefiero las OP. Las jesuíticas (SI) y franciscanas (OFM), en eso, no son su especialidad. ¡Para historias documentadas, música celestial y canto litúrgico las OSB están pero qué muy bien!

PD. He encontrado una poesía muy bonita sobre la rosa. Rosa-rosæ en primera declinación latina no semiótica (hay cinco declinaciones en lengua latina). La aprendimos -yo y todos- en el cole, repitiendo rosa en latín, tanto en singular como en plural, en los seis modos: nominativo, vocativo, acusativo, genitivo, dativo y ablativo. Rosa en nominativo singular, rosæ en genitivo singular. Nunc ego dico, vel dicam tamen dixit Cæsar et multis in sæcula (en escritura latina toda letra e cabalga en la a que la precede).

Qué velocidad lleva el tiempo. Procuremos aprovecharlo y llenar nuestras obras, aun las materiales, de espíritu sobrenatural mirando a Dios y nuestra alma” (Santa Genoveva Torres Morales).

Aunque permanezca (“stat”) firme su nombre primigenio, ¿está desnudo el nombre actual de la rosa? Eso afirma la Semiótica desde la relatividad argumental del tiempo… dándole la espalda a la Lógica para empezar. ¿Y Vd. qué dice? Yo digo con San Bruno que Stat Crux dum volvitur orbis, con mi rechazo íntimo más elocuente a quienes todavía atienden un canto actual de los duendes del bosque, que dice Stat firmus. El paseante perdido corresponde al duende con el pueril y seductor Ut incus percussa, en tergiversación malvada del duende de las palabras de San Ignacio de Antioquía. «Manténte firme como un yunque» (Ad Pol.3, 1) Los duendes le piden al paseante que acompañe el canto con guitarra. Los duendes actúan sólo con el lado matemático de sus cerebros. No saben más. Y en su orgullo indisimulado le piden al paseante que es preciso tensar las cuerdas al límite, pues según ellos más vale una cuerda rota que una cuerda floja. La Música no sale en el paseante; en el duende, tampoco. Han olvidado todos el Pensamiento en los sueños, los ideales altruistas, las plegarias y el lado artístico de sus cerebros.

¿Lueven rosas? En mi vida ¡sí!

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