El nuevo Gobierno de la Generalitat de Cataluña, tras los pasos del Tripartito

El Gobierno de la Generalitat de Cataluña está ultimando la creación de un consejo asesor de la diversidad religiosa que estar&ia…

El Gobierno de la Generalitat de Cataluña está ultimando la creación de un consejo asesor de la diversidad religiosa que estaría destinado a asesorar al Ejecutivo de CiU. La conformación de este consejo ha recaído en la vicepresidenta y consejera de Gobernación, Joana Ortega, que así agilizará las relaciones con las comunidades religiosas.

El consejo contaría con la presidencia del catedrático de Filosofía de la Universitat Ramon Llull Francesc Torralba y estaría formado por un decena de miembros representativos de las diferentes confesiones. Al parecer, es el propio Torralba el que está acabando de perfilar la composición del consejo en el que habrá un representante de las diferentes religiones que tienen presencia en Cataluña.
La Vicepresidencia del Gobierno de Artur Mas ya ha señalado que la razón de existir de este consejo asesor será fomentar el diálogo y adelantarse a los conflictos que puedan generarse en centros escolares, hospitales o prisiones, a consecuencia de la indumentaria o el culto, entre otros aspectos.
Tras los pasos del Tripartito
Con esta iniciativa la Consejería de Gobernación del nuevo Gobierno de la Generalitat catalana está siguiendo los pasos del Tripartito, ¿por qué?
Primero hay que tener en cuenta que para llevar a cabo estas funciones mediadoras la política debe actuar cuando se producen y no necesita de un consejo asesor que se reúna regularmente para tratar temas que, probablemente, ni siquiera se hayan dado.
Además, existen problemas evidentes sobre materia religiosa que no se han tratado en el terreno político. Es el caso de la anulación de la misa de los miércoles en la Facultad de Económicas de la UB por parte del Decanato debido a la presión de grupos contrarios a la libertad religiosa; otro problema es la exclusión sistemática a la que está sometida la clase de Religión en la escuela pública.
Para actuar sobre todo esto CiU no necesita de un consejo asesor sino gobernar los problemas con políticas efectivas a través de actuaciones directas.
El problema no está en el fenómeno religioso y en su convivencia entre diferentes credos. Las personas que promueven los verdaderos conflictos es evidente que no estarán (ni deben de estar) en esa mesa de supuestas buenas palabras. La ausencia de los laicistas, verdaderos promotores de los conflictos, dificulta que se puedan encauzar los problemas reales, y como no es en una mesa de asesores donde se deben hablar carece de razón su propia existencia. Los laicistas son los verdaderos responsables de los casos de exclusión religiosa que se dan en la sociedad catalana.
Por estas razones, la formación de este nuevo consejo no debe de servir como excusa para enterrar los problemas reales que afectan al ejercicio de la libertad religiosa en el ámbito público. ¿Qué puede hacer el consejo ante los ataques contra los cristianos en la Universidad de Barcelona? Es conocido que en política cuando no se quiere resolver algo se delega a una comisión creada para tal responsabilidad.
La paridad no tiene por qué ser igualdad
Esta iniciativa presenta, además, problemas evidentes ya que tratar en bloque lo que es diferente como si fuera igual es injusto. No se puede hacer un consejo religioso con una representación orgánica de las confesiones (es decir un representante por confesión) ya que si fuera así respondería a una conformación absolutamente desequilibrada en relación a la realidad.
Del mismo modo, los partidos políticos no aceptarían una representación parlamentaria que aplicara un modelo orgánico. En ese caso los políticos entienden que el Parlamento debe ser un reflejo de las opciones políticas de los ciudadanos de a pie, ¿por qué entonces una representación de la realidad religiosa catalana no debe ser igual?
Esta situación genera un contexto en el que se valora a la baja, en este caso, a la Iglesia católica y su aportación social. Estas situaciones de aparente igualdad siempre redundan en que la Iglesia salga perjudicada justamente por no aplicar un trato democráticamente igualitario.
Un gobierno nacionalista como el que representa el formado por CiU sabe que Cataluña, por ejemplo, sale perjudicada económicamente en el contexto español al reportar al Estado español más de lo que recibe en la partida presupuestaria destinada a su financiación. Este hecho debería sensibilizar al Ejecutivo de Mas para no aplicar la misma vara de medir cuando las decisiones recaen en él.
Por ello, la vicepresidenta y consejera de Gobernación se podría haber planteado tener, a título personal, diferentes representantes de colectivos religiosos con los que el Gobierno catalán pudiera intercambiar dudas y opiniones, pero hacerlo como un consejo institucional carece de interés y funcionalidad si se observa desde una óptica práctica.
La intromisión de la política en el ámbito religioso
Cabe recordar que las diferentes confesiones ya tienen un marco propio al margen del Gobierno donde mantienen una colaboración eficaz y continua en el tiempo entre representantes de las diferentes religiones. Así es en la Mesa para el Diálogo Interreligioso, que ofrece la posibilidad de confraternizar a los representantes de las diferentes opciones religiosas que conviven en Cataluña y que organiza diferentes actos multirreligiosos regularmente.
En este hecho protagonizado por el Gobierno de Mas existe la misma tentación en la que cayó el Tripartito, la de intentar situar a las iglesias y a los diferentes credos dentro de un marco de control político invitando a sus representantes a entrar en una supuesta órbita cercana al gobierno que canalice sus problemas.
Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>