El olvidado capital moral

El atributo que permite a una comunidad obrar bien es un capital de indudable pero desdeñado valor, el moral. Basta reflexionar sobre los conce…

El atributo que permite a una comunidad obrar bien es un capital de indudable pero desdeñado valor, el moral. Basta reflexionar sobre los conceptos de capital humano y capital social para constatar que ambos dependen de aquella condición. Cuando el Banco Mundial sostiene que "cada vez hay más pruebas de que la cohesión social es decisiva para que las sociedades prosperen económicamente y para que el desarrollo sea sostenible"; cuando se define el capital social como un conjunto de tipos de activos sociales, psicológicos, culturales, cognoscitivos, institucionales; cuando se afirma que el capital humano estará en función de las condiciones intrínsecas de cada sujeto, de si será capaz de encontrar en sí mismo las razones para esforzarse, para trabajar duro como dice Becker, lo que se está dibujando con todo ello es el trasfondo moral que hace posible que tales cualidades existan.

El capital moral es la concepción que posee una comunidad, que transmite a sus miembros por medio de la tradición y la práctica, y que la dota de la capacidad para lograr sus fines de bienestar. No todo capital moral conduce al bienestar, pero sin duda su ausencia determina la incapacidad para lograrlo. El capital moral actúa mediante el capital social y el capital humano de los que forma parte, y constituye el sistema de valores y virtudes que facilita la consecución del bien común.

La economía neoclásica y todos sus vástagos han prescindido con excesiva alegría del capital moral. "El mercado depende todavía absolutamente de una comunidad que comparta valores tales como los de la honestidad, la libertad, la iniciativa, el ahorro, y otras virtudes cuya autoridad no soportará durante largo tiempo la reducción al nivel de los gustos personales que está explícito en la filosofía positivista, individualista, del valor en el que se basa la teoría económica moderna. Si todo valor derivara solo de la satisfacción de las necesidades individuales, no quedará nada para restringir la satisfacción interesada, individualista, de las necesidades. El agotamiento del capital moral puede ser más costoso que el agotamiento del capital físico", como ha sostenido Fred Hirsh en The Social Limits to Growth.

Fred Hirsh fue un notorio economista que en 1976 escribió un elaborado trabajo de gran impacto, Los Limites Sociales al Crecimiento, en el que presentaba la tesis de que era la propia sociedad desarrollada la que iba socavando sus posibilidades de crecer a largo plazo. Se trata, según el autor, del "legado moral debilitante" del capitalismo, dado que el mercado socava los valores morales de los que depende heredados de la cultura preexistente, precapitalista y preindustrial. Se debilitan los hábitos, esto es las virtudes basadas en objetivos compartidos. Virtudes tales como veracidad, confianza, esfuerzo, obligación, necesarias para el funcionamiento de una "economía individualista y contractual", dependían así mismo de la fe religiosa, que también se ve socavada por la mentalidad individualista y racionalista. Hirsh es economista y hace su planteamiento en los términos académicos de su profesión, pero su argumento cobra mucha más fuerza si, en lugar de centrarnos en el sistema económico precapitalista, lo presentamos en términos culturales. Porque lo que el profesor británico viene a decir es que el sistema de valores y virtudes de las que surge el capitalismo es lógicamente previo a él, y corresponde a un marco de referencia definido por la razón objetiva de tradición cultural cristiana, generadora de una educación y práctica en las virtudes de esta tradición.

Los padres fundadores del capitalismo y el liberalismo estaban forjados en esta cultura, era su ambiente y no pretendían ni presumían que pudieran quedar tan alterados como la historia nos revela. En la medida que persiste, parte de aquel marco originario el capitalismo funciona mejor, como lo constata la experiencia del renacimiento económico europeo de mediados del siglo XX. En la medida en que no es así, se producen las crisis. El capitalismo liberal consume sus propios fundamentos, el capital moral que lo hace posible y su pervivencia y eficacia depende de su capacidad para renovarlos. La cuestión es si posee o no tal aptitud. Desde perspectivas tan distintas como el marxismo y el neoaristotelismo tomista de MacIntyre, la respuesta es un no rotundo; desde un punto de vista liberal perfeccionista, por el contrario, es afirmativa. Pero, además de teórica, la cuestión es práctica y viendo cómo funciona la realidad política económica y social uno se pregunta si seguir como hasta ahora posee algún sentido (de La Sociedad Desvinculada. Fundamentos de la crisis y necesidad de un nuevo comienzo).

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>