El padre Elías; un apocalipsis, de Michael D. O’Brien

No lo tenía fácil Michael D. O’Brien al adentrarse en el thriller apocalíptico. Autores como Benson (ver reseña Señor del Mundo), Soloviev o Hugo Wast…

No lo tenía fácil Michael D. O’Brien al adentrarse en el thriller apocalíptico. Autores como Benson (ver reseña Señor del Mundo), Soloviev o Hugo Wast (ver reseña ‘666’) parecían haberlo dicho todo.

Pero, señores, el Club de los novelistas apocalípticos, para bien de todos, no está cerrado. O’Brien merece, con justo título, introducirse en él por la puerta grande y, con el tiempo, pasar a la bodega de las grandes reservas a las que siempre es oportuno acudir.

El Padre Elías, además, tiene una característica que lo hace aún más agradable al paladar, sobre todo al de nuestros tiempos, que siente una vagancia extrema a la hora de establecer analogías y comparaciones. Está ambientado en el tiempo actual y refleja las características del momento. Eso no pudieron hacerlo ni Benson ni Wast, que arriesgaron demasiado al imaginar el contexto que acompañaría a la venida del anticristo. Me refiero a los decorados, porque el contenido de aquellas obras, la idea que transmiten, es clarísima y está perfectamente reflejada en la narración.

Pero El Padre Elías no tiene esa característica, sino que se sitúa muy bien en nuestro momento. De esa manera el lector recorre con mayor facilidad las páginas porque el escenario que se le muestra no está tan lejos de su experiencia cotidiana. Es una novela de hoy que habla del Apocalipsis.

El Padre Elías es un monje carmelita que recibe un encargo del Papa: descubrir si un influyente personaje, el Presidente, es o no el anticristo. La obra en sí es una novela, detalle que no debe olvidarse nunca, pero que tiene en cuenta lo que la tradición de la Iglesia ha ido descubriendo en su meditación sobre el Apocalipsis y grandes dotes de sentido común.

El poder mundial se va unificando. Para ello es necesario no sólo reducir todas las autoridades a una sola sino también hacer sucumbir las religiones en una especie de credo sincretista. Como el sentido religioso no puede negarse, dado que está impreso en lo más hondo del corazón del hombre, lo que se pretende es cambiar su objeto. En lugar de adorar a Dios, en el centro se coloca al hombre.

¿Quiénes son los valedores de ese intento llevado a cabo en nombre de la Humanidad? Gente influyente y eclesiásticos sin fe que seducidos por la vanidad e incapaces de mantenerse en la austera obediencia que enseña la Iglesia prefieren atajos que no conducen a ninguna parte que no el Camino de la verdad.

La novela tiene todos los ingredientes para resultar entretenida. Su lectura engancha. Alguien me ha dicho que le sobran cincuenta páginas. Es posible, pero las otras 586 valen muchísimo la pena.

Y de esta obra hay que subrayar algunos aspectos relevantes. Por una parte el autor ha reflejado bien que el anticristo es un hombre. No es Satanás disfrazado. No, es un hombre. Y los que le siguen lo hacen por un acto de apostasía, mezclado con mucha vanidad y afán de poder.

Además, y el autor lo refleja con un talento extraordinario, en su misión, el Padre Elías se ha de enfrentar no sólo a un poderosos enemigo sino también a los fantasmas de su pasado.

Él fue superviviente del Holocausto, pasó por el ateísmo, estuvo casado y dejó de lado un brillante porvenir en la política por consagrarse al Señor. Así, con ese ejemplo de lucha humilde de un alma por ser fiel, se nos da la oportunidad de entrar en nuestra propia interioridad.

El enemigo no está sólo fuera. También dentro, y de muchos sitios. Como señala Stratford Caldecott: “O’Brien ha escrito una obra profética y un manual de guerra espiritual. Léala y rece”.

EL PADRE ELÍAS; Un Apocalipsis
Michael D. O’Brien
Libros Libres
Madrid, 2006
636 páginas

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