‘El País’: un periodismo malo

Malo en un doble sentido, el profesional, el que respeta los hechos y mantiene opiniones coherentes con los mismos, y malo también en el sentido más e…

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Malo en un doble sentido, el profesional, el que respeta los hechos y mantiene opiniones coherentes con los mismos, y malo también en el sentido más estricto del término, el de la maldad. Hubo un tiempo, hace años, en el que El País, manteniendo una línea editorial desde el punto de vista ideológico igual al actual, hacia un periodismo razonablemente bueno, dado que la calidad no tiene que ver con adscribirse a esta o aquella otra posición doctrinal.

Pero eso es historia. Este periódico ha evolucionado hasta convertirse en un simple instrumento que emite la información y la opinión de acuerdo con lo que interesa políticamente al gobierno y al PSOE en cada momento. Es un simple periódico de partido, pero como esto pretende hacerlo desde una determinada objetividad, lo que acaba surgiendo es el mal periodismo profesional.

En los tiempos que corren esto no merecería una especial atención porque es un problema en el que incurren otros medios de comunicación. Lo peor es otra cosa, es la actitud de hacer daño a las personas, sin detenerse si quiera ante el más elemental respeto a las mismas, de buscar el daño como un recurso político más.

La ultima muestra es el editorial “Lino nada inocente” del 25 de abril. En la misma, a pesar de que reconoce que la sentencia judicial sobre el presunto caso del fraude del lino, no solo absuelve a los implicados sino que señala taxativamente que esta acusación nunca debió formularse por falta de base jurídica, todo admitiendo que la sentencia formula un duro reproche –pensamos que bastante más que eso- a la Fiscalía Anticorrupción y a las administraciones denunciantes -y aquí se olvida curiosamente del juez instructor Baltasar Garzón- acaba afirmando “es que había irregularidades administrativas y que éstas no pueden quedar impunes”.

Es decir, sigue afirmando que hay una actuación incorrecta por parte de los denunciados, y compara a los mismos con el caso Naseiro, que fue absuelto por el Supremo porque las conversaciones telefónicas que lo implicaban habían sido obtenidas de manera ilegal.

La maldad radica en comparar un hecho de hace 20 años en el que podía haber existido delito pero que en todo caso no valía la forma que se utilizó para demostrarlo, con otro caso, el del lino, en el que tal delito no existe.

 Confundir una presunta irregularidad administrativa con la invalidez de un proceso de obtención de pruebas es querer mantener la mancha sobre los acusados que el tribunal ha limpiado sobradamente. Pero además, El País formula un juicio temerario porque ni mucho menos está demostrado que los inculpados cometieran irregularidades administrativas.

En definitiva, lo que hay en el trasfondo es una elemental falta de consideración hacia las personas por situar el error político que afecta al PSOE al haber querido explotar un delito inexistente por delante de la aceptación de la sentencia del tribunal, que es de una rotundidad que tumba.

Esto es ser malo. Sobre todo cuando se trata de un asunto que como todos los hechos penales arruina la vida de las personas afectadas y, en este caso, llega a producir dos muertes por la angustia ocasionada, y en la que estaba implicada otra persona muerta, en este caso por enfermedad, Loyola de Palacios, de gran notoriedad pública. Tan sencillo como era dar la información y tener la honestidad de pasar página.

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