El Papa aclara las dudas sobre el autorretrato de Miguel Ángel en la Capilla Paulina: es el rostro de San Pablo

Después de siete años de restauración, los dos frescos de la Capilla Paulina del Palacio Apostólico Vaticano, La Crucifixi…

Después de siete años de restauración, los dos frescos de la Capilla Paulina del Palacio Apostólico Vaticano, La Crucifixión de San Pedro y La Conversión de San Pablo, fueron motivo de debate en la prensa estos días por el supuesto descubrimiento de un autorretrato de Miguel Ángel plasmado en la figura de un hombre con turbante azul que aparece en el primero de ellos.

La noticia, de la que se hizo eco ForumLibertas.com, fue publicada en el diario La Repubblica y corrió como la pólvora por una buena parte de la prensa europea.

Sin embargo, mientras el maestro restaurador Maurizio De Luca, que dirige las tareas de restauración pictórica de los Museos Vaticanos, afirmaba que el misterioso personaje podría retratar a Miguel Ángel, tal como informaba La Repubblica, esta hipótesis no era compartida por el director de los mismos museos, Antonio Paolucci, quien consideraba que esa afirmación eran sólo “opiniones”.

Cabe recordar que la Capilla Paulina, cuya reapertura al culto presidió el Papa el pasado sábado, 4 de julio, conserva esos dos últimos frescos monumentales del genial artista italiano, realizados cuando superaba ya los setenta años y en los que dio las ultimas pinceladas de su vida, concretamente en La Crucifixión de San Pedro. Justo enfrente, La Conversión de San Pablo refleja el momento de la caída del perseguidor de cristianos bajo el impacto de una luz cegadora. Ambas obras fueron pintadas entre 1542 y 1550.

“Necesitado de una luz superior”

Ahora bien, el debate surgido tras el descubrimiento del posible autorretrato de Miguel Ángel ha quedado resuelto, ya que precisamente en este último fresco, en la imagen de San Pablo, es donde Miguel Ángel quiso plasmar su propio rostro.

Así lo aclaró Benedicto XVI en la homilía que pronunció el sábado durante las Vísperas con motivo de la reapertura de la capilla, según informa Patricia Navas desde la agencia ZENIT.

El rostro de Saulo-Pablo -que es el del artista mismo, en ese momento viejo, inquieto y en búsqueda de la luz de la verdad- representa al ser humano necesitado de una luz superior”, explicó el Papa.

“Estos dos rostros desempeñan una función central en el mensaje iconográfico de la Capilla. Pero, más allá de su ubicación, nos llevan rápidamente ‘por encima’ del cuadro: nos interrogan y nos inducen a reflexionar”, añadió, en referencia a los dos apóstoles representados en los frescos.

“Me gusta mucho el de San Pablo: ¿por qué está representado con un rostro tan anciano?”, se preguntó Benedicto XVI. “Es el rostro de un hombre viejo, mientras que sabemos –y lo sabía bien también Miguel Ángel- que la llamada de Saulo camino de Damasco se produjo cuando él tenía unos treinta años”, destacó.

La respuesta, según el Papa, es que “la elección del artista nos conduce más allá del puro realismo, nos hace ir más allá de la simple narración de los hechos para introducirnos en un nivel más profundo”.

Para Benedicto XVI, la luz que recibe San Pablo en el momento de su conversión “es la luz de la gracia divina, indispensable para adquirir una nueva mirada con la que percibir la realidad orientada a la ‘esperanza que os está reservada en los cielos’, como escribe el apóstol en el saludo inicial de la Carta a los Colosenses”, concluyó el Papa.

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