El Papa canonizará al joven beato patrono de los explotados

Fue un laico que ofreció a Cristo sus sufrimientos y su enfermedad mientras era víctima de terribles condiciones de trabajo

El beato italiano Nunzio Sulprizio, un joven trabajador que murió en 1836, será canonizado por el Papa Francisco el próximo 14 de octubre junto a monseñor Óscar Romero y al Papa Pablo VI, quien lo beatificó en 1963, informó el Vaticano.

El joven conocido como el patrono de los explotados murió a los 19 años por un tumor óseo causado probablemente por las terribles condiciones de trabajo a las que lo sometió su tío.

Nunzio Sulprizio nació en Pescosansonesco, en la región de los Abruzos, al pie de los Apeninos, el 13 de abril de 1817 y murió en Nápoles el 5 de mayo de 1836. Su padre era zapatero. A la muerte del padre, en agosto de 1820, él y su madre caen en una miseria inclemente.

En efecto, huérfano, fue esclavizado a trabajar duramente, sin comer y casi sin descanso por un tío materno. Enfermo de una pierna, que después se deterioró por la gangrena, siempre ofreció sus sufrimientos a Jesús. Contemplaba la cruz e iba a misa como aliciente para su alma dado que su cuerpo débil lo abandonaba poco a poco por las consecuencias de la usura del trabajo y de la enfermedad.

En julio de 1859 el Papa Pío IX lo declaró venerable, y León XIII, en 1891, “declaró heroicas las virtudes del joven, comparando su figura con la de San Luis Gonzaga, con motivo del tercer centenario de la muerte de este santo, por la devoción que Nunzio Sulprizio le dispensó”, explicó el Papa Pablo IV durante su beatificación en 1963.

Joven, obrero y santo, su figura robustece de testimonio el próximo sínodo de los jóvenes que el Papa Francisco celebrará en octubre.

El milagro: la curación de un niño en coma

El milagro que llevó a la canonización del humilde trabajador se refiere a un joven de Taranto, quien resultó gravemente herido en un accidente con la bicicleta y entró primero en estado de coma y luego en estado vegetativo. Los padres que llevaban siempre en su cartera una estampa del beato Nunzio Sulprizio, pidieron una reliquia del beato a la parroquia de San Domenico Soriano (Nápoles), donde se encuentran sus restos, junto al santuario de Pescosansonesco. La reliquia fue colocada en la sala de cuidados intensivos para pedir por la intercesión del beato la curación del niño, al que el padre le mojó la cara con agua bendita traída de la fente de Riparossa en el pueblo de los Abruzos donde el joven Nunzio lavaba su pierna afectada por la gangrena.

En los días siguientes el personal médico comunicó a los padres que el joven ya no necesitaba reanimación y en cuatro meses salió de un estado vegetativo, con una recuperación rápida y estable de las funciones neurológicas y mentales, sin sufrir consecuencias físicas.

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