El Papa de los laicos

Juan Pablo II manifestó en unos términos fuera de lo común la fuerza de la fe y su articulación con la razón; de la…

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Juan Pablo II manifestó en unos términos fuera de lo común la fuerza de la fe y su articulación con la razón; de la acción y la oración. Es un ejemplo vivo de cómo aquellas aparentes antinomias son manifestaciones de las dimensiones humanas que alcanzan su plenitud, no cuando se contraponen, sino cuando se unen: rezar, pensar y actuar. Y bajo esas tres dimensiones, Juan Pablo II es el papa que en mayor medida sitúo el papel del laico en la Iglesia y en el mundo. Su concepción, contenida en la exhortación apostólica Christifideles Laici, y su acción de gobierno han establecido un antes y un después sobre el papel de los laicos.

Por encima de muchas reservas, él reconoce realmente su autonomía, de manera que los movimientos eclesiales se desarrollan o surgen con fuerza durante su notificado. Es un renacimiento que señala una nueva fase histórica. La transformación que impulso es tan grande que la Iglesia tiene todavía una gran tarea pendiente para asumir con plenitud el papel de los laicos en su seno.

Y en esa ocupación por el laicado merece subrayarse su atenta mirada a la importancia de los cristianos en la política democrática, una senda que Benedicto XVI, como en otros tantos aspectos, quizá surgidos en el pasado de la reflexión compartida, es un exacto continuador. Para ambos papas la política debe constituir para el cristiano un compromiso inexcusable, entendido como una alta manifestación de la caridad, del amor. Como un acto de donación y no de posesión.

(Publicado en La Razón)

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos


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