El Papa deja su huella imborrable en Santiago y responde al laicismo radical con “la búsqueda honesta de la verdad”

“Vengo como peregrino en este Año Santo Compostelano y traigo en el corazón el mismo amor a Cristo que movía al Após…

“Vengo como peregrino en este Año Santo Compostelano y traigo en el corazón el mismo amor a Cristo que movía al Apóstol Pablo a emprender sus viajes, ansiando llegar también a España”. El Papa Benedicto XVI dejó este sábado, 6 de noviembre, una huella imborrable en su paso por Santiago de Compostela, la primera de las dos etapas de esta histórica visita del Pontífice a España.

Como peregrino en Santiago, “la tercera meta de las peregrinaciones cristianas tras Jerusalén y Roma”, como recordaba recientemente en una entrevista Giovanni Maria Vian, director de L’Osservatore Romano, el Pontífice subrayó que “peregrinar es estar solo en el camino hacia la trascendencia”.

“Viajo como peregrino que recorre las vías del mundo con esperanza y sencillez”, añadió el Pontífice.

Recibido y despedido por los Príncipes de Asturias, don Felipe y doña Leticia, el Santo Padre tuvo también palabras de denuncia hacia el “laicismo agresivo” que existe actualmente en España. Un laicismo que llegó a comparar con el “anticlericalismo fuerte y agresivo como lo vivimos en los años 30”.

¿Cómo es posible que se haya hecho silencio público sobre la realidad primera y esencial de la vida humana?”, se preguntó Benedicto XVI en la homilía pronunciada en la Plaza del Obradoiro.

Por su parte, don Felipe hizo en su discurso de bienvenida al Papa una reflexión sobre los valores: “Desde Santiago, España contribuyó a aunar valores y a ensanchar los horizontes de Europa. También hoy desea, como país moderno, abierto y democrático, transmitir desde Santiago su voz comprometida y solidaria con los problemas y necesidades de tantos pueblos y seres humanos”.

Antes de aterrizar, respuesta al anticlericalismo

Antes de aterrizar en el aeropuerto de Lavacolla, el Papa ya hizo sus primeras referencias al anticlericalismo que se respira en ciertos sectores en España, unas reflexiones que no fueron gratuitas ni improvisadas, ya que este sábado los católicos españoles estaban llamados a celebrar la Memoria Litúrgica de los “beatos mártires” de la Guerra Civil, que se celebra precisamente el 6 de noviembre de cada año, tal como figura en la carta apostólica que leyó el propio Benedicto XVI durante la controvertida ceremonia de beatificación de 498 “mártires” españoles de la guerra.

El Pontífice se mostró muy preocupado por la “rápida disminución de la práctica religiosa” que se ha registrado en España. Tanto es así que, según reveló, el ministerio para la reevangelización que ha creado recientemente lo ha hecho “pensando en los grandes países de Occidente, pero sobre todo pensando en España”.

Ratzinger ya invitó “a España y a Europa a edificar su presente y a proyectar su futuro desde la verdad auténtica del hombre, desde la libertad que respeta esa verdad y nunca la hiere”, es decir, que erradicar la religión de la vida pública como pretenden algunos sectores laicistas es, en opinión del Santo Padre, un atentado a la libertad.

En el aeropuerto: “el hombre está siempre en camino”

En el saludo del Santo Padre a su llegada al aeropuerto de Lavacolla, Benedicto XVI destacó que “en lo más íntimo de su ser, el hombre está siempre en camino, está en busca de la verdad. La Iglesia participa de ese anhelo profundo del ser humano y ella misma se pone en camino, acompañando al hombre que ansía la plenitud de su propio ser”.

También recordó que, “Precisamente, como mensajero y testigo del Evangelio, iré también a Barcelona, para alentar la fe de sus gentes acogedoras y dinámicas”.

Una fe, dijo, que “inspiró al genial arquitecto Antoni Gaudí a emprender en esa ciudad, con el fervor y la colaboración de muchos, esa maravilla que es el templo de la Sagrada Familia”.

A continuación hizo una reflexión sobre las raíces cristianas de Europa: “exhorto al viejo Continente a dar nueva pujanza a sus raíces cristianas, también yo quisiera invitar a España y a Europa a edificar su presente y a proyectar su futuro desde la verdad auténtica del hombre, desde la libertad que respeta esa verdad y nunca la hiere, y desde la justicia para todos, comenzando por los más pobres y desvalidos”.

En la Catedral, “la búsqueda honesta de la verdad”

Más tarde, en el discurso del Santo Padre en la Catedral de Santiago de Compostela, el Papa dijo que “peregrinar significa, más bien, salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Dios allí donde Él se ha manifestado, allí donde la gracia divina se ha mostrado con particular esplendor y ha producido abundantes frutos de conversión y santidad entre los creyentes”.

En referencia al creciente laicismo agresivo en España, el Pontífice pronunció en su visita a la Catedral de Santiago una frase de auténtico calado: “entre verdad y libertad hay una relación estrecha y necesaria. La búsqueda honesta de la verdad, la aspiración a ella, es la condición para una auténtica libertad. No se puede vivir una sin otra”.

“La Iglesia, que desea servir con todas sus fuerzas a la persona humana y su dignidad, está al servicio de ambas, de la verdad y de la libertad. No puede renunciar a ellas, porque está en juego el ser humano”, agregó.

“Dejadme que desde Compostela, corazón espiritual de Galicia y, al mismo tiempo, escuela de universalidad sin confines, exhorte a todos los fieles de esta querida Archidiócesis, y a los de la Iglesia en España, a vivir iluminados por la verdad de Cristo, confesando la fe con alegría, coherencia y sencillez, en casa, en el trabajo y en el compromiso como ciudadanos”, concluyó.

Desde el Obradoiro, a los jóvenes: “ser semilla de esperanza”

En la celebración de la Santa Misa, en la Plaza del Obradoiro, el Pontífice inició su homilía volviendo a recordar que, “en este Año Santo, llego como peregrino entre los peregrinos, acompañando a tantos como vienen hasta aquí sedientos de la fe en Cristo resucitado”.

A continuación, el Santo Padre tuvo unas especiales palabras para los jóvenes al recordar que “donde no hay entrega por los demás surgen formas de prepotencia y explotación que no dejan espacio para una auténtica promoción humana integral”.

“Y quisiera que este mensaje llegara sobre todo a los jóvenes: precisamente a vosotros, este contenido esencial del Evangelio os indica la vía para que, renunciando a un modo de pensar egoísta, de cortos alcances, como tantas veces os proponen, y asumiendo el de Jesús, podáis realizaros plenamente y ser semilla de esperanza”.

Se refirió de esta manera “a todo hombre que hace silencio en su interior y pone distancia a las apetencias, deseos y quehaceres inmediatos”.

“A nosotros, queridos hermanos, nos toca hoy seguir el ejemplo de los apóstoles, conociendo al Señor cada día más y dando un testimonio claro y valiente de su Evangelio. No hay mayor tesoro que podamos ofrecer a nuestros contemporáneos”, resaltó.

También tuvo unas palabras para explicar qué aporta la Iglesia a la Europa actual: “¿Cuál es la aportación específica y fundamental de la Iglesia a esa Europa, que ha recorrido en el último medio siglo un camino hacia nuevas configuraciones y proyectos?”, se preguntaba.

La respuesta es que “su aportación se centra en una realidad tan sencilla y decisiva como ésta: que Dios existe y que es Él quien nos ha dado la vida”.

“Europa ha de abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que habían descubierto las mejores tradiciones: además de la bíblica, fundamental en este orden, también las de época clásica, medieval y moderna, de las que nacieron las grandes creaciones filosóficas y literarias, culturales y sociales de Europa”, dijo.

“La Europa de la ciencia y de las tecnologías, la Europa de la civilización y de la cultura, tiene que ser a la vez la Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros continentes, al Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero”, concluyó el Papa.

Cabe recordar que dos de los momentos clave en la celebración de la Eucaristía, concelebrada por 117 obispos y presidida por el Papa, fueron el vuelo del incensario o Botafumeiro, que llega a alcanzar una velocidad de 70 km/h, y, antes, el abrazo del Pontífice al Apóstol Santiago, un gesto simbólico que todo peregrino realiza al llegar a Compostela.

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