El Papa en ’24 horas para el Señor’: Dios “hace fiesta” cuando un cristiano se confiesa

El Papa Francisco presidió una solemne liturgia penitencial en la Basílica de San Pedro, como parte de la iniciativa lanzada por el Pont…

El Papa Francisco presidió una solemne liturgia penitencial en la Basílica de San Pedro, como parte de la iniciativa lanzada por el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización “24 horas para el Señor”.

Estaba previsto que el Papa confesara en la Basílica de San Pedro a un grupo de feligreses, pero la sorpresa se generó cuando él Pontífice esquivó el confesionario que tenía asignado y se dirigió al sacerdote más cercano, ante quien se arrodilló para confesarse.

El Santo Padre alentó a los presentes a que, cuando los fieles salgan al encuentro de otros “podrán comunicar la alegría de recibir el perdón del Padre y de volver a encontrar la amistad plena con Él. Y díganles que nuestro Padre nos espera, nuestro Padre nos perdona, y es más: ¡Hace fiesta! Si tú vienes con toda tu vida, con tantos pecados, Él en lugar de reprocharte, hace fiesta”.

El Señor nos espera siempre para perdonarnos

Al presidir el rezo del Ángelus dominical ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro, recordando el Evangelio, en que un ciego es curado por Jesús, el Papa Francisco aseguró que el Señor nos espera siempre, para hacernos ver mejor y darnos más luz, y perdonar nuestros pecados.

El Santo Padre indicó que “el Evangelio de hoy nos presenta el episodio del hombre ciego de nacimiento, a quien Jesús dona la vista. El largo relato- ¡es largo!- inicia con un ciego que comienza a ver y si concluye -esto es curioso- con los presuntos videntes que continúan permaneciendo ciegos en el alma”.

“El milagro es narrado por Juan en apenas dos versículos, porque el evangelista quiere atraer la atención no sobre el milagro en sí, sino sobre aquello que ocurre después, sobre las discusiones que origina. También sobre las habladurías, ¿no? Tantas veces una buena acción, una obra de caridad origina habladurías, discusiones porque hay algunos que no quieren ver la verdad”.

Francisco señaló que “el evangelista Juan quiere atraer la atención sobre esto que también ocurre en nuestros días, cuando se cumple una acción buena. El ciego curado es en primer lugar interrogado por la multitud sorprendida- han visto el milagro y lo interrogan; luego por los doctores de la ley; y éstos interrogan también a sus padres”.

“Al final el ciego curado llega a la fe, y ésta es la gracia más grande que le viene dada por Jesús: no sólo poder ver, sino conocer a Él, ver a Él, como ‘la luz del mundo’”.

El Papa apuntó que al mismo tiempo que “el ciego se acerca gradualmente a la luz, los doctores de la ley al contrario se hunden cada vez más en su ceguera interior. Encerrados en su presunción, creen tener ya la luz; por esto no se abren a la verdad de Jesús”.

Ellos hacen todo lo posible por negar la evidencia. Ponen en duda la identidad del hombre curado; después niegan la acción de Dios en la curación, tomando como pretexto que Dios no obra el sábado; llegan incluso a dudar que aquel hombre hubiese nacido ciego. Su cerrazón a la luz se vuelve agresiva y desemboca en la expulsión del hombre curado del templo. Expulsado del templo”.

El Santo Padre señaló que “el camino del ciego en cambio es un camino por etapas, que parte del conocimiento del nombre de Jesús. No conoce a otro que a Él; de hecho dice: ‘Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos’. Como consecuencia de las insistentes preguntas de los doctores, primero lo considera un profeta y después un hombre cercano a Dios”.

“Luego que ha sido alejado del templo, excluido de la sociedad, Jesús lo vuelve a encontrar y le ‘abre los ojos’ por segunda vez, revelándole la propia identidad: ‘Yo soy el Mesías’, le dice. A este punto aquel que había sido ciego exclama: ‘¡Creo, Señor!’, y se inclina ante Jesús . Este es un relato del Evangelio que hace ver el drama de la ceguera interior de tanta gente: también nuestra gente ¿eh?, porque nosotros tenemos, algunas veces, momentos de ceguera interior”.

Nuestra vida, dijo el Papa, “es parecida a aquella del ciego que se ha abierto a la luz, que se ha abierto a Dios y a la gracia. A veces, lamentablemente, es un poco como aquella de los doctores de la ley: desde lo alto de nuestro orgullo juzgamos a los demás, y ¡hasta al Señor! Hoy, estamos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para llevar fruto a nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son cristianos: todos somos cristianos, pero todos nosotros, todos ¿eh?, tenemos algunas veces comportamientos no cristianos; comportamientos que son pecados ¿no?”.

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