El Papa en Brasil: una reflexión sobre los católicos

Es casi una receta obligada que, cuando el Papa visita un país, los medios de comunicación, si no todos sí en una buena mayor&iac…

Es casi una receta obligada que, cuando el Papa visita un país, los medios de comunicación, si no todos sí en una buena mayoría, se dediquen a explicar los problemas que la Iglesia tiene en aquel lugar. En el caso de Brasil, el elemento recurrente es la pérdida de personas que se declaran católicas en las encuestas y el crecimiento de las iglesias protestantes de todo tipo y condición. En la actualidad, los católicos de Brasil siguen siendo muchísimos, algunas encuestas sitúan el mínimo cerca del 60% mientras que otras lo sitúan en el 68%. Si se compara con décadas atrás, en las que la cifra superaba ampliamente el 70%, evidentemente es una pérdida, pero más que la cifra en sí misma lo que es importante, junto a ella -porque una cosa es relativizar y otra es menospreciar el valor de estos datos-, es la calidad de lo que encierra.

Constatemos dos evidencias: es cierto que la Iglesia católica pierde fieles en beneficio de las comunidades protestantes y, al lado de esto, también lo es que los católicos, en una proporción mayor que la de aquellas, presentan signos de relativismo más numerosos en relación a su fe. Por ejemplo, solo del orden del 40% está contra el matrimonio homosexual, lo cual significa que, excluyendo los indecisos, la mitad lo asume. En las iglesias protestantes el hecho es exactamente inverso. También se observa en estas últimas una mayor asistencia a los oficios religiosos, tanto en su vertiente diaria como en la semanal, si se las compara con las católicas.

La reflexión de estos hechos va en un mismo sentido. La Iglesia pierde peso en la sociedad cuando sus miembros relativizan sus creencias. En otras palabras más exactas, supeditan las verdades del Pueblo de Dios a sus preferencias personales forjadas en el entorno mundo, donde la presión de las ideas es continua. Ese es un problema importante de fondo y que debe ser bien diagnosticado.

No se trata de apartarse del mundo, se trata de establecer vínculos sólidos con la fe y un fuerte sentido de pertenencia a la Iglesia. En definitiva, de construir la comunidad para que realmente sea Pueblo de Dios y se sienta vinculado a Él por la alianza renovada en la persona de Jesucristo. Esta es la gran cuestión. Si las parroquias tuvieran este objetivo, si la escuela católica persiguiera este fin, al igual que sus universidades. Si todas sus obras, por muy seculares que fueran en su práctica diaria tuvieran como misión construir la comunidad del Pueblo de Dios. Si se viera con fuerza que lo que se hace es en nombre de Dios y en razón de la fe que se profesa. Entonces, que a nadie le quepa la menor duda, todo sería muy distinto y Evangelizar no sería un plus añadido a las actividades normales sino una consecuencia de las mismas.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>