El Papa en el Día de Todos los Santos: “Los santos no son superhombres ni nacieron perfectos”

El Papa Francisco ha lanzado dos mensajes destacables durante el pasado fin de semana, por un lado ha reivindicado la figura de los santos y su cohere…

El Papa Francisco ha lanzado dos mensajes destacables durante el pasado fin de semana, por un lado ha reivindicado la figura de los santos y su coherencia con Dios en el Día de Todos los Santos, asimismo subrayó la magnanimidad del Creador y Su perdón infinito.

En ese sentido, el obispo de Roma afirmó: "No hay pecado que quite del corazón de Dios a uno de sus hijos" en la reflexión previa al rezo del Ángelus de este domingo, 3 de noviembre. El Pontífice se refirió al Evangelio en el que Jesús se hospeda en la casa de alguien despreciado por ser publicano: Dios es el Padre que espera atento en el corazón del hijo el deseo del regreso a casa.

"No hay profesión ni condición social, no hay pecado ni crimen de cualquier género que pueda cancelar de la memoria y el corazón de Dios a uno solo de sus hijos", lo dijo Papa Francisco en la plaza del Santuario de San Pedro.

El Vicario de Cristo dijo que Dios es Padre que espera atento en el corazón del hijo el deseo del regreso a casa. Y cuando reconoce aquel deseo, incluso sencillamente insinuado, inmediatamente le está a su lado, y con su perdón le vuelve más leve el camino de la conversión y del regreso. Para finalizar con la invitación: "Hermanos y hermanas, ¡dejemos también nosotros que Jesús nos llame por nuestro nombre! En lo profundo del corazón, escuchemos su voz que nos dice: "Hoy debo detenerme en tu casa", es decir en tu vida. Y recibámoslo con alegría: Él puede cambiarnos, puede transformar nuestro corazón de piedra en corazón de carne, puede liberarnos del egoísmo y hacer de nuestra vida un don de amor".

“Los santos no son superhombres ni nacieron perfectos”

Otro mensaje destacable del Papa Francisco fue el lanzado en la misa por la solemnidad de Todos los Santos, en el ingreso del Cementerio Monumental del Verano (el más grande y antiguo camposanto de la capital italiana), ceremonia a la que siguió una oración por los difuntos y la bendición de las tumbas. En su homilía, el Papa destacó que los santos “son personas que pertenecen totalmente a Dios” e “icono de Dios”, al exhortar a tomarlos como ejemplos a imitar. “En el bautismo está la raíz de la vocación a la santidad, y los santos que hoy veneramos son precisamente los que han vivido de modo coherente su bautismo”, reflexionó Francisco, mencionado no solamente a los ya canonizados sino a los santos de la vida de cada día, a aquellos que han sabido poner en práctica el Evangelio en sus vidas ordinarias.

Los Santos no son superhombres, ni han nacido perfectos. Son como nosotros, como cada uno de nosotros, son personas que antes de alcanzar la gloria del cielo han vivido una vida normal, con alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Pero, ¿qué ha cambiado su vida? Cuando han conocido el amor de Dios, lo han seguido con todo el corazón, sin condiciones o hipocresías; han gastado su vida al servicio de los demás, han soportado sufrimientos y adversidades sin odiar y respondiendo al mal con el bien, difundiendo alegría y paz”, afirmó Francisco, que destacó que ser santos “no es un privilegio de pocos, sino que es una vocación para todos” y señaló que todos estamos llamados a caminar por la vía de la santidad, que tiene un nombre y un rostro: Jesucristo.

Asimismo, preguntó: “¿Qué nos dicen los Santos, hoy?” Y respondió: Nos dicen que debemos confiar en el Señor, ¡porque Él no decepciona! A la vez que con su testimonio nos animan a “no tener miedo de ir contracorriente o de ser incomprendidos y escarnecidos cuando hablamos de Él y del Evangelio”.

Antes de rezar la oración dedicada a María, Reina de Todos los Santos, el Papa dijo que “nuestra oración de alabanza a Dios y de veneración de los espíritus bienaventurados se une a la oración de sufragio por cuantos nos han precedido en el pasaje de este mundo a la vida eterna”.

También pidió una oración en silencio por los inmigrantes muertos en las costas de la isla de Lampedusa en su travesía para alcanzar Italia, al subrayar que son "hermanos y hermanas nuestros, hombres, mujeres y niños, empujados por la sed, el hambre y el cansancio".

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