El Papa, los divorciados y la Iglesia

La sociedad desvinculada, la que configura en gran medida Europa, Norteamérica, y se ramifica en el mundo, esta alienada por tres adicciones, q…

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La sociedad desvinculada, la que configura en gran medida Europa, Norteamérica, y se ramifica en el mundo, esta alienada por tres adicciones, que son comunes a la condición humana, solo que ahora han alcanzado una dimensión inimaginable en términos históricos, y el hecho que no se repare en su importancia objetiva, es un signo evidente de como ellas poseen el control social. Se trata del dinero sin límites, ni freno, como cultura general, edulcorada por gestos solidarios, la adicción a las drogas legales e ilegales, masiva, cada vez más temprana y generalizada, un signo claro de la vocación de evadirse de la propia realidad, y la adición sexual que adopta numerosas manifestaciones, de las que el crecimiento de la prostitución y la pornografía, y la pedofilia, son muestras claras, pero que no agotan, ni de lejos, el problema, que se ha extendido a las relaciones de la gente aparentemente normal. La adición sexual explica porque ocupan el centro de atención de manera brumadora cuestiones que tienen que ver directa, o de manera mediata con ella, y ayudan a entender el gran número de rupturas matrimoniales, y la escasa duración de los matrimonios, entre tres y cinco años; unas rupturas en parte- hay otra parte ceñida a problemas graves de convivencia- provocadas por el cambio de pareja. Todo esto se traduce en una presión exterior sobre la Iglesia, para que acepte comportamientos que están en la raíz del problema: una la cuestión de los divorciados vueltos a casar, otra el matrimonio homosexual, y aun una tercera, otras formas de relación de pareja distintas al matrimonio. La posición sobre el matrimonio homosexual, y las parejas de hecho todo está dicho: para un católico solo es válido el matrimonio como forma de vida en común, entre un hombre y una mujer.

Mas matices posee el caso de los divorciados vueltos a casar, sin que ello altere el punto central de la cuestión: la indisolubilidad del matrimonio valido

Pero lo que de esta cuestión le interesa a la Iglesia no se corresponde con la presión mediática, ni mucho menos esta va ser una materia central del Sínodo. A La Iglesia le importa el principio de indisolubilidad, las condiciones de la validez matrimonial y la nulidad mucho más sencilla cuando aquellas no se han dado, la evangelización de los divorciados vueltos a casar, el cómo acceder a sus hijos, el sufrimiento que entraña, para gentes de fe estas situaciones, en muchos casos no queridas, sino sufridas.

Ahora mismo el Papa, en el marco en el contexto de la primera audiencia general de agosto, a dicho cosas que forman parte de la doctrina de la Iglesia. Ha recordado que los divorciados vueltos a casar no están excomulgados, cosa que algunos medios, con El País a la cabeza, han traducido en titular como “El papa rechaza excomulgar a los divorciados”, como si tal cuestión estuviera planteada. Quienes se encuentran en aquella particular situación viven en condiciones que la Iglesia no acepta, y ese es el motivo de que no puedan comulgar, no el hecho de una excomunión. Se encuentran en una situación de falta grave, que les impide el acceso a la comunión si no se repara. Esto es lo que hay, nada ha cambiado.

Ha añadido dos consideraciones de sentido común y que muchos han planteado antes. Que no es lo mismo ser víctima que autor del divorcio, y que hay que encontrar una respuesta para los primeros, y que no se puede olvidar la situación de los niños de las familias reconstituidas, porque a ellos debe llegar, como a todos, la Buena Nueva, y esto requiere un enfoque adecuado para las familias. La Iglesia no excluye a nadie ha recordado el Papa, como no lo hace el reino de los cielos, solo se excluyen quienes quieren excluirse, a tres de sus palabras o sus actos, cuando se sitúan fuera del camino que la Iglesia señala. Nadie está obligado a ser católico, y nadie puede pedir que la Iglesia se adapte a sus deseos.

Existe ya el documento de trabajo del Sínodo. Es solo esto un texto previo, pero ya enmarca la posición de salida de la Iglesia. Su lectura permite constatar, como la obsesiones de algunos, no tienen el más mínimo reflejo en lo que son las ocupaciones de la Iglesia sobre la familia.

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