El Papa triunfó en Turquía

A pesar de que estaba calificado de alto riesgo porque confluían sobre él una serie de circunstancias adversas, el viaje de Benedicto XVI a Turquía se…

A pesar de que estaba calificado de alto riesgo porque confluían sobre él una serie de circunstancias adversas, el viaje de Benedicto XVI a Turquía se ha saldado con un resultado excelente.
Las multitudinarias manifestaciones que se esperaban no se han producido. Lo más que se consiguió reunir antes de su llegada fueron 20.000 personas, y después a lo largo de su viaje la concentración más concurrida quedó muy por debajo del centenar. Un fiasco desde el punto de vista de la agitación y propaganda.
 
Y también una prueba más de que la prensa internacional tiende a presentar escenarios distorsionados de la realidad de acuerdo con sus intereses e ideología.
 
En realidad, la mayoría de turcos se mostró indiferente o bien favorable porque veían en el viaje una oportunidad de acercamiento a la Unión Europea. La entrevista de última hora con Erdogan, el primer ministro turco, en el aeropuerto de Ankara, sus declaraciones conciliadoras sobre las perspectivas de Turquía en Europa que fueron interpretadas de una manera excesiva como un apoyo abierto a su integración, han situado al Papa en una buena posición en relación a Turquía, algo, por otra parte, habitual en los papados anteriores de Juan Pablo II, Pablo VI y Juan XXIII.
El segundo objetivo, y el principal desde el punto de vista religioso, era mejorar las relaciones con la iglesia ortodoxa y el patriarca ecuménico Bartomeo I.
 
También en este caso, el resultado ha sido excelente, como constata la bendición conjunta del Santo Padre y el líder ortodoxo, en la última misa celebrada en la catedral del Espíritu Santo en Estambul. Muy posiblemente la visita del arzobispo ortodoxo de Atenas anunciada por el Vaticano para los días del 13 al 16 de diciembre, se inscribe en esta línea de avance de entendimiento con la Ortodoxia.
Finalmente, no sólo se ha superado el conflicto del discurso de Ratisbona sino que el Papa ha conseguido ganarse el aprecio de los musulmanes. En este sentido, han resultado claves los dos minutos escasos de oración de Benedicto XVI junto al gran mufti de Estambul, Mustafa Cagrici en la mezquita azul. Este gesto, el primero que hace un Papa –el de rezar dentro de la mezquita, no el de entrar en ella- ha valido más que cien discursos. En definitiva, ha habido una buena cosecha en el plano ecuménico, el interreligioso y el diplomático

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