El Papa y el Islam: nuestra batalla para el siglo XXI

De lo que está sucediendo estos días con motivo del discurso del Papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, ante un público 100% universitario…

De lo que está sucediendo estos días con motivo del discurso del Papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, ante un público 100% universitario, podemos extraer interesantes enseñanzas.
 
Vaya por delante lo que a estas alturas ya resulta una obviedad, es que el Papa hizo un discurso sobre la razón, la fe y Dios y de cómo en ningún caso la violencia puede estar al servicio de ese Dios. Del extenso discurso sólo una pequeña parte incorporaba la cita que ha sido motivo de la polémica y que ejemplificaba la naturaleza del problema en el marco del enfrentamiento medieval entre el Islam y el cristianismo bizantino. En ningún caso Benedicto XVI desarrolló una intervención sobre el Islam y lo que sí planteó fue la necesidad del diálogo entre culturas y religiones.
Estas son el líneas generales las causas que han motivado una respuesta desmesurada por parte de numerosos sectores de la comunidad islámica, y que han tenido su expresión más grave en el asesinato de una monja que prestaba servicio en un hospital de Somalia. La han matado de cuatro tiros por la espalda. También las quemas de las primeras iglesias, algunas no católicas, en Palestina.
 
Llama la atención que precisamente sea en Palestina, uno de los países donde la Iglesia se ha comprometido de manera más clara y directa –baste recordar los encuentros entre Juan Pablo II y Arafat- donde se hayan producido atentados de este tipo. Quizás la memoria y el agradecimiento no forma parte de determinadas sensibilidades políticas y religiosas.
Las reacciones contrarias
Prácticamente todo el mundo musulmán ha reaccionado en contra del Papa. Sobre todo de la mano de los ulemas y a la salida de la oración del viernes, pero también jefes de gobierno y algunos parlamentos como el de Pakistán. Parece como si todos hubieran apostado por opinar o gritar, según los casos, sin haber leído el texto.
 
Un buen ejemplo de ello es el escritor egipcio, Alaa Aswani, un laico crítico con su país y con la influencia musulmana, que considera que el discurso de Benedicto XVI fue muy agresivo, cuando es obvio que era todo lo contrario.
Las declaraciones, primero del portavoz de la Santa Sede Federico Lombardi, y las palabras del Papa, después, este domingo con motivo del rezo del Ángelus, han conseguido flexionar en términos positivos el ambiente. El dato más importante es que Turquía mantiene su invitación prevista para principios del próximo año.
 
El primer ministro palestino, de Hamás, Ismail Haniyeh, ha condenado los ataques a las iglesias y ha pedido ponderación a la población. Los hermanos musulmanes de Egipto, los precursores de la actual ideología islámica, han considerado suficiente las palabras del Papa, aunque en un contexto de declaraciones un tanto contradictorias. El Consejo Central de los musulmanes de Alemania y el Consejo de los musulmanes de Gran Bretaña, también han manifestado una opinión positiva.

 
 
Pero al lado de todas estas actitudes existen todavía posiciones muy radicales, la ya apuntada de Pakistán con una condena del propio Parlamento, el Sudan que ha llamado a su embajador en el Vaticano, el Consejo de Ministros de Kuwai, el Gran Muftí de Arabia Saudi, el Muftí de Jerusalén, y Marruecos.
 
Y aquí hay que hacer un subrayado: Mohamed VI en su doble papel de monarca y máximo líder religioso, como Comendador de los Creyentes, viene haciendo una política que combina el régimen autocrático con la persecución de ciertos tipos de islamismo y un posicionamiento exterior pro-occidental; pero al mismo tiempo este país fronterizo con España se manifiesta en momentos como este en línea con los islamistas más intolerantes.
Porque este es otro dato de fondo: si las caricaturas de Mahoma fueron una provocación gratuita de la cultura del “jejeje” que tuvo una respuesta que acabó siendo excesiva por su violencia y agresividad, ahora el discurso de Benedicto XVI, que no tiene punto de contacto alguno con las caricaturas, está siendo juzgado y contestado con una agresividad y una intolerancia injusta con la trayectoria de los Papas y la Iglesia Católica con el Islam.
 
Declaraciones en el sentido de que el Papa es un agresor o que se alinea con Bush, como ha dicho el irresponsable director de la Mezquita de Granada, Abdel Hasim Castiñeira, muestran unos esquemas mentales realmente preocupantes. Al final va a resultar que es imposible no ya lo que dijo el Papa sino algo más duro y razonable, como una crítica desde la reflexión y los datos a aspectos de la religión y la cultura islámica.
 
Al final parece como si el Islam debería ser para todos la culminación de la humanidad desde una perspectiva tan absoluta que toda reflexión crítica fuera excluida violentamente. Y eso no puede ser, no se trata obviamente del ataque gratuito, la difamación o la exageración caricaturesca como tantos hacen con el catolicismo en Europa, sino el debate razonado desde la alteridad sobre los inconvenientes aparentes o reales que cada cultura religiosa puede entrañar.
 
Es un dato evidente que el Islam presenta serias dificultades, que no imposibilidad, de articularse con la capacidad de razonar, con la renuncia a la violencia como argumento religioso y la aceptación de la libertad, incluido, como es lógico, el derecho al error.
Las reacciones occidentales
Pero lo que llama más la atención son algunas reacciones que se han producido en Occidente. Eso por no hablar de Putin, el responsable de las carnicerías de Chechenia, que se permite dar buenos consejos.
 
Es llamativo, en este sentido, la editorial del New York Times que acusa al Papa de seguir una trayectoria dirigida a fomentar la discordia entre cristianos y musulmanes. Su argumento es que se pronunció negativamente contra la adhesión de Turquía a la Unión Europea. Qué terrible paradoja, del diario de los liberales americanos y del lobby pro-judío, tan comprensivos con las políticas del estado de Israel con los Países Árabes y tan desaforados a la hora de juzgar al Papa romano.
 
El portavoz del PSOE en el Congreso, Diego López Garrido, por tanto una persona autorizada y de peso, tampoco ha dejado pasar la ocasión de criticar, mientras Zapatero, el amante del diálogo entre civilizaciones, permanece callado. Una vez más el PSOE manifiesta su beligerancia contra todo aquello que tenga un perfil católico, y las declaraciones de Moratinos no acaban de resolver el entuerto.
En Europa se han alzado, eso sí, voces como las de la primera ministra alemana, Angela Merkel, o el italiano Prodi, en defensa del Papa. En todo eso quizá lo más esclarecedor de todo para que la furia no acabe ocultando la palabra, sean las declaraciones del Arzobispo de Birmania, publicadas por Zenit : “El Papa dijo lo mismo que millones de musulmanes. Que la religión no justifica la violencia".

 
En un mensaje eviado a Zenit, monseñor Charles Bo, SDB, arzobispo de Yangon confiesa :
“Me entristece escuchar el malentendido con nuestros hermanos musulmanes a causa de lo que dijo nuestro Santo Padre Benedicto XVI. Desde luego, en un país tranquilo como Myanmar no registramos ninguna reacción por parte de los musulmanes”. Myanmar, país de más de 47 millones de habitantes, en su mayoría budistas, cuenta al menos con un 4% de musulmanes.
 
Benedicto XVI dijo algo muy claro –explica el arzobispo salesiano-: "que la violencia no es compatible con la naturaleza de Dios. Violencia y asesinato es lo contrario de la naturaleza de Dios. …. Dijo lo que dicen muchos musulmanes" –concluye- Somos musulmanes y queremos ser creyentes musulmanes en el mundo de hoy y contra quienes utilizan la religión para golpear a los demás con la violencia”.
En último término, una cuestión política debe situarse en el primer plano europeo. Sectores numerosos del Islam acuden con demasiada facilidad a la reacción violenta e intolerante, y se encuentran a faltar, como siempre, las voces del llamado Islam moderado. A medio plazo esto solo tiene una respuesta posible y no es la de esconder la cabeza bajo el ala, se trata de actuar política, económica y culturalmente para que en el conjunto de los países musulmanes exista el ejercicio real de las libertades básicas, la de asociarse, reunirse, manifestarse, practicar públicamente las propias creencias sin ninguna limitación, poder cambiar de religión sin consecuencia alguna y expresarse libremente. Esta es la gran batalla pacífica de nuestro siglo y el fundamento de nuestra futura tranquilidad y seguridad.

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