El peligroso discurso de Coscubiela y Tardà o la “marcha sobre Roma”

Un artículo publicado por el diario El País en su edición del 12 de mayo de 2012, recoge la opinión de cuatro diputados de…

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Un artículo publicado por el diario El País en su edición del 12 de mayo de 2012, recoge la opinión de cuatro diputados de izquierda. El objetivo del texto titulado ‘La línea roja’ es que Joan Tardà (ERC), María Soraya Rodríguez (PSOE), Joan Coscubiela (ICV) y Alberto Garzón (IU) analicen la crisis económica y sus consecuencias.

Dos de esas voces, las que pertenecen a Tardà y Coscubiela, realizan una serie de declaraciones que ponen muy en duda su adhesión a la democracia tal y como está proyectada y hacen valer un discurso peligroso y extremista que podría recordar la famosa “marcha sobre Roma” que en octubre de 1922 promovió el Partido Nacional Fascista italiano y que lo llevó al poder significando el final del régimen parlamentario precedente y la entrada en la jefatura del gobierno de Benito Mussolini.

El representante de ICV, Joan Coscubiela, considera que “la reconstrucción de verdaderos contrapoderes sociales solo vendrá de la activación de diferentes formas de resistencia civil”. ¿Significa eso que las instituciones de las que él forma parte le parecen ineficaces? ¿Por qué participa entonces?

Además, Coscubiela cree que “la mayoría absoluta y la concentración de poder institucional del PP ha convertido la separación de poderes en papel mojado”. Sin embargo, habría que recordar al líder comunista que si la separación de poderes ha caído en “papel mojado” lo es no por la mayoría absoluta del PP, sino que eso sucedió en el momento en el que el Partido Socialista, aprovechando su mayoría en el Congreso, determinó que los principales órganos de gobierno de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional, fueran escogidos básicamente por el Parlamento y no por las organizaciones de los propios jueces. A partir de aquí se centra la confusión que hay en la actualidad al romperse la separación de los tres poderes que sostienen la democracia.

Por lo tanto, no es un problema del PP la falla estructural del sistema democrático español, es un problema de base propiciada por el PSOE y que los sindicatos nunca han criticado y hasta han aplaudido. Incluso cuando el propio Coscubiela era sindicalista existía connivencia con esta realidad.

La segunda confusión que genera la democracia actual –hay que apuntarlo- es que en el régimen español, aunque es un sistema parlamentario en el que hay un primer ministro -que no es escogido directamente- y que constitucionalmente dirige y coordina la acción de gobierno, en realidad no posee un lugar ejecutivo real. En realidad el presidente del Gobierno español se comporta como un presidente ejecutivo de república con poderes ejecutivos transformando a los ministros en simples secretarios.

Tardà, ¿antisistema?

Por su parte, el líder catalán de ERC, Joan Tardà, realiza en el artículo de El País afirmaciones como la siguiente: “Igual que miles de jóvenes han descubierto con terror ser hijos de obreros y no de la burguesía, y que no están invitados a la fiesta, el parlamentarismo descubre las vergüenzas de un parlamentarismo cada vez más alejado de la calle, que difícilmente pasaría la ISO de calidad democrática”. ¿Eso significa que ese parlamentarismo, del que él forma parte, no representa a las personas que los han elegido libremente en las urnas?

También afirma: “me apunto a la necesidad de proclamar, con la misma mística de los frentepopulistas de los treinta, que “resistir es vencer”. Incluso la socialdemocracia tendrá que romperse la cara en la calle para que podamos reconocer como nuestro el paisaje poscrisis”.

Pero el líder independentista no acaba ahí y prosigue: “debería actuarse sin complejos, liberándose de formas de parlamentarismo producto de una democracia estrictamente representativa, low cost

Si estas mismas expresiones las utilizara alguien que militara en un partido de extrema derecha, ¿qué diríamos? Si en lugar de decirlo Tardá o Coscubiela lo estuveran aireando los extremistas griegos de Alba Dorada, de qué se les estaría tildando? ¿De fascismo? ¿De totalitarismo?

Es absolutamente peligroso el discurso que quiere suplir los fallos de la democracia representantita -que hay y que son numerosos-, pero que nacen de la propia fragilidad ética de la sociedad. Los políticos no salen de cualquier lugar, sino que son producto de la misma sociedad que los vota. Querer sustituir una democracia –mejorable, por supuesto- por la manifestación en la calle y la mano alzada en una asamblea de 3.000 personas es retornar al comunismo.

Si la imposición se debe hacer desde la calle y no desde el orden parlamentario de las instituciones, eso supondría regresar a la marcha sobre Roma. Además, ya fue inventado por los soviets y quién más quién menos recuerda el resultado.

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