El “plan” de la ministra de Sanidad contra el SIDA se queda en un simple reparto de condones

“La batalla contra el SIDA no está ganada” y “la responsabilidad de utilizar el preservativo sigue siendo de los varones, cuando debería ser compartid…

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“La batalla contra el SIDA no está ganada” y “la responsabilidad de utilizar el preservativo sigue siendo de los varones, cuando debería ser compartida”. Éstas son dos de las frases pronunciadas el lunes 29 de noviembre por la ministra de Sanidad, Elena Salgado, durante la presentación de la campaña institucional con motivo del Día Mundial de Lucha contra el SIDA (1 de diciembre), unos mensajes que se difundirán hasta el lunes 6. El primer comentario es objetivamente indiscutible, pero el segundo destapa que, una vez más, el eje de las iniciativas sensibilizadoras del Gobierno se reduce a un simple reparto de condones. ¿Esto es el plan contra el SIDA que anunció la propia ministra en julio? Cabe recordar que aquella promesa se realizó precisamente cuando Salgado presentaba una encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE) donde se demostraba con datos claros que, a base de más preservativos, no se reduce la enfermedad.

Por ejemplo, según ese trabajo del INE (organismo oficial del Estado), el sector de población entre 40 y 49 años de edad, que es el que presenta menos casos de SIDA (160,5 por cada 100.000 personas), es a su vez el que menos utiliza el preservativo (sólo el 31,5 por ciento). Sin embargo, en el grupo que más lo utiliza, que es el de 18 a 29 años (79,5 por ciento), la afectación es superior en un 50 por ciento (258 por 100.000). Esta cifra de afectados es aún mayor en el subgrupo más activo sexualmente, el de 25 a 29 años, ya que alcanza los 438 casos por 100.000 personas. Finalmente, en el grupo de ciudadanos entre 30 y 39 años, se llega a la proporción de 480 por 100.000. Estas cifras demuestran que el uso del preservativo no es suficiente cuando se multiplican las relaciones sexuales y éstas son “ocasionales”, una palabra que utilizó Elena Salgado al referirse en julio a la encuesta del INE. Esos contactos promiscuos, y no la ausencia del condón, son la raíz del contagio.

Los mensajes de esta nueva campaña, para la que el Ministerio de Sanidad ha destinado un presupuesto de 1,4 millones de euros con el patrocinio de entidades privadas, se centran en el aviso, especialmente dirigido a los jóvenes y la población femenina, sobre “los riesgos de mantener relaciones sexuales sin protección”. Una vez más, se fomenta el uso del preservativo, lo cual provoca un aumento de los contactos. Ello, unido al porcentaje de fallos del preservativo (entre el 2 y el 20 por ciento según las diversas fuentes), es lo que hace aumentar los casos de SIDA. En otras palabras, la eficacia del preservativo en la protección contra ésta y otras enfermedades, hecho que es cierto en un porcentaje más o menos discutible, queda anulada por el aumento de los relaciones sexuales propiciadas por el fomento del uso del condón.

No es un tema de antropología católica

La nueva campaña gubernamental, por tanto, no ofrece ningún plan, a diferencia de lo que prometió la ministra Elena Salgado. Centrar los mensajes en el preservativo no es tener un programa de lucha contra el SIDA. No se trata de discutir si, desde la antropología católica, está bien o mal recurrir a este método de barrera. Se trata de que los actuales responsables del Gobierno ofrezcan otros mecanismos que, además, son mucho más eficaces, como la fidelidad, la abstinencia y el retraso en la primera relación y, en definitiva, la interiorización de la responsabilidad en el contacto sexual.

Así lo demuestran, por ejemplo, los responsables de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, al señalar que la tasa de alumbramientos entre las chicas que tienen entre 10 y 14 años disminuyó drásticamente a lo largo de los 90. Esto quiere decir que los embarazos de adolescentes estadounidenses se situaron en 2002 en su tasa más baja de los últimos 58 años. Los datos revelan que los programas educativos sobre abstinencia sexual y retraso en la primera relación han sido efectivos. Algunos informes señalan que la actividad sexual en este grupo de edad es cada vez menor. Concretamente la tasa fue de 0,7 nacidos vivos por cada 1.000 chicas en 2002, la mitad que en 1990 y una cifra muy similar a la de 1946.

En España, han muerto 42.149 personas de SIDA desde que se detectó la epidemia en los años 80, y 120.000 están infectadas actualmente por el virus. El problema, en cualquier caso, afecta a todo el mundo y con especial gravedad a África. Los cristianos, que no son ajenos al drama provocado por esta enfermedad, siguen ayudando incansablemente a los afectados. No hay que olvidar que 1 de cada 4 enfermos de SIDA son atendidos por alguna persona o institución vinculada a la Iglesia católica. A pesar de esta realidad, los medios de comunicación vuelven a centrarse en los últimos comentarios de representantes eclesiales (por ejemplo, la Conferencia Episcopal Española) criticando el uso del preservativo. Es cierto, pero el compromiso de los católicos en la lucha contra el SIDA es mucho más que esta denuncia.

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