El pobre que llama a nuestra puerta

La crisis actual ha golpeado duramente a muchos españoles. Pero, claro está, no es lo mismo que una persona rica pierda unos millones de…

La crisis actual ha golpeado duramente a muchos españoles. Pero, claro está, no es lo mismo que una persona rica pierda unos millones de euros, sin que vea peligrar su supervivencia, que perder un único y modesto puesto de trabajo para una persona cuya subsistencia depende de él.

La presentación de la memoria del 2009, ha dado ocasión a Cáritas para realizar un diagnóstico de la situación del pobre (que, como dicen, no es un número, sino que “tiene un rostro”) que llama a su puerta, a nuestra puerta.

Pero, antes de resumir este diagnóstico, iluminemos nuestra sensibilidad y conciencia con una certeras palabras de Juan Pablo II: “Una de las mayores injusticias del mundo contemporáneo consiste precisamente en esto: en que son relativamente pocos los que poseen mucho, y muchos los que no poseen casi nada. Es la injusticia de la mala distribución de los bienes y servicios destinados originariamente a todos” ( J.P. II, Sollicitudo rei socialis, 28). “No puedo limitarme a recordar el deber de la caridad, esto es, el deber de ayudar con lo propio superfluo y, a veces, incluso con lo propio necesario, para dar al pobre lo indispensable para vivir” (…) (también la opción de invertir en uno u otro lugar o sector es siempre una opción moral y cultural) (J.P. II, Centesimus annus, 36).

Tras esta introducción, retomemos ahora el diagnóstico de Cáritas, que así nos traza el nuevo perfil del pobre que acude en la actualidad a esta organización: “Muchos son los españoles de entre 20 y 40 años que han tenido trabajos dignos y ahora se encuentran en situación de desempleo y no pueden afrontar el pago de sus facturas; también familias jóvenes con hijos pequeños (…), mujeres solas con cargas familiares, inmigrantes… Es el nuevo perfil del ‘pobre’ que ha llegado con la crisis y que se mantiene. Casi la mitad son españoles y el otro 50 % inmigrantes”. (La Razón, 28-10-2010, pág. 30).

No hay que decir que aumenta el número de personas que acuden a Cáritas, que prevé que en el próximo año (2011) será aun mayor pues bajan las ayudas públicas sociales y prosigue la incidencia de la pobreza (los economistas creen que sólo si la economía crece más del 2 %, disminuirá la cifra de parados, se creará empleo neto).

Sólo desde 2007 al 2009 los casos urgentes (que piden ayuda a Cáritas para la supervivencia diaria) se han multiplicado por dos. Igual sucede con la ayuda para la búsqueda de empleo o de vivienda (Ibídem).

En este triste panorama no faltan las luces: Y es que la solidaridad a través de Cáritas también ha aumentado, permitiendo atender a más casos acuciantes: el número de voluntarios ha crecido un 5 % y los socios y donantes se han duplicado. Y han aumentado mucho las pequeñas aportaciones. (Ibídem).

Hay personas que pueden hacer mucho para solucionar el problema de la pobreza, del paro y otras dan ese céntimo de su pequeña aportación que muestra la solidaridad de los pobres con los aún más pobres que ellos. El empresario dando importancia a los criterios sociales a la hora de invertir o el político preocupándose del bien común y no de intereses de partido o más egoístas incluso, tienen una gran responsabilidad. Pero todos, de una manera o de otra, nos encontramos con el pobre que quiere trabajar y llama a nuestra puerta. Si le atendemos mostraremos que nos interesa más la persona que los bienes económicos.

Terminemos con unas luminosas palabras del mismo Juan Pablo II: “Los pobres, según el espíritu del Evangelio (los pobres de espíritu), están dispuestos a sacrificar sus bienes y a sí mismos para que otros puedan vivir. Su único deseo es vivir en paz con todos, ofreciendo a los demás el don de la paz de Jesús (cf. Jn 14, 27)” (J.P. II, Jornada Mundial de la Paz, 1993)

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