El poder y el odio entre comunidades

Hace mas de setenta años alcanzaron el Poder en Alemania un grupo político de ideas radicales y estructura paramilitar bajo la dirección omnipotente d…

Forum Libertas

Hace mas de setenta años alcanzaron el Poder en Alemania un grupo político de ideas radicales y estructura paramilitar bajo la dirección omnipotente de un individuo con graves carencias en su personalidad y muy necesitado de demostrarse a sí mismo y a los demás su valía.

Sus grandes hitos, si se les puede calificar así, fueron la reforma legislativa donde el eje del ordenamiento jurídico era él mismo, mientras que la pasividad de la ciudadanía le permitía erigirse en la conciencia nacional.

Mientras vivió el Presidente, guardó las formas, pero cuando murió el viejo mariscal respetado por todos, dejó vacante esa magistratura y la asumió como hecho consumado. Los resultados fueron los ya conocidos: la destrucción de su país, el exterminio genocida de grupos sociales enteros y cuarenta años de Guerra Fría que acabaron el 9 de noviembre de 1989.

Hace ya mas de veinte años conocí en una ciudad alemana a un profesor de Historia de la Universidad de Zagreb. Ya entonces, 1984, se definía a sí mismo como "croata". Los que le conocimos no parábamos de mirarnos unos a otros con complicidad por estabamos entendiendo mal cuando nos explicaba sus ideas.

Pasado un lustro de aquel encuentro, los proyectos de futuro que dibujaba nuestro profesor universitario se hicieron realidad entre bombas, granadas y minas. Lo que toda Europa vio con estupor en la década de los 90, había sido planificado cuidadosamente por una nueva generación de personas hartas de la autosugestión comunista de Tito, que en realidad era una dictadura con rostro supuestamente amable.

En la época de la Guerra Fría y en el entorno de los países comunistas, Yugoslavia fue un país envidiado, puesto como ejemplo por los intelectuales pseudo-progresistas del momento. El resto de la historia ya la conocemos. En su territorio ondean hoy al menos cinco banderas diferentes y sus ciudadanos no se pueden ver entre sí.

Incluso se deshicieron familias enteras por culpa de malentender el amor a la Patria. Los odios llenaron las fosas y los que salvaron la vida se vieron desplazados en tierras extrañas y otrora territorio común de todos ellos. Aún hoy se ven sus cicatrices.

No han pasado tres generaciones de esas etapas en la Historia de Europa, cuando aquí hay quienes defienden ideas similares en el fondo y la forma, aunque el entorno sea otro. Mientras el mundo en general y nuestra vieja Europa en particular se encaminan hacia la unión y la cooperación, algunos políticos locales nuestros han inventado eufemismos para no hablar de independencia. Si serán progres, que van contra los tiempos en que se está cimentando la unidad continental.

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