El por qué de un bloc

Esto es un bloc no un blog. Será, por tanto, una anotación a la realidad cotidiana. No tiene la interactividad de un blog, pero, como es natural, se p…

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Esto es un bloc no un blog. Será, por tanto, una anotación a la realidad cotidiana. No tiene la interactividad de un blog, pero, como es natural, se puede escribir a través del apartado comentarios.

Me he decidido a crearlo por una razón muy simple: me gusta escribir. No tanto porque sienta una vocación literaria sino porque para mí es una forma de volver a pensar. Tanto es así que mi problema cuando escribo artículos para los periódicos es que una idea me sugiere otra, en un encadenamiento que siempre me sitúa anta la cruda realidad de los límites físicos del espacio asignado.

He de decir que por no ser mi actividad profesional escribo bastante: en La Vanguardia cada 21 días, en El Mundo-Cataluña cada 15, y 4 veces al mes en La Gaceta. Y además, como es lógico, en ForumLibertas.

Antes, tiempo atrás, justo hasta el momento de la nueva imagen del diario catalán, también escribía en el Avui. Lo hice durante más de 10 años cada 15 días. Pero en un momento determinado me liquidaron. Lo más interesante de todo es que todavía nadie me ha dicho nada. Desconozco las razones que pusieron fin a tan larga colaboración.

Es la primera vez que comento con un mínimo de detalle este caso, seguramente llevado por el falso intimismo que me da el bloc. Seguramente, porque para mí no es un buen recuerdo porque me señala que mi país, Cataluña, cada vez se hace más pequeño para aquellos que no pensamos de acuerdo con los cánones del pensamiento políticamente correcto.

La cosa del Avui básicamente fue así:

Un buen día la colaboración que habitualmente enviaba al Avui no salió publicada. Era un hecho insólito, si bien en alguna ocasión a lo largo de tantos años, como es lógico, había ocurrido. No le di especial relevancia. Pasaron unos días y, finalmente, hablé con el responsable de opinión, quien me dio una explicación de tipo “blufff, blafff, blufff”.

Como no terminé de entender, esperé un tiempo y repetí idéntica e inteligente conversación, más “blufff, blafff, blufff”.

Intrigado y ya con la mosca detrás de la oreja llamé al que en términos convencionales habría dicho siempre mi amigo director, Vicent Sanchís, ateniéndonos a la clasificación de Josep Pla de “amigos, conocidos y saludados”. Insólitamente, por primera vez desde que lo conozco, no puede conseguir hablar con él por teléfono.

Cabe decir que con Vicent habíamos compartido mantel muchísimas veces y mis espaldas, metafóricamente hablando, habían quedado empapada de sus lágrimas por el abandono al que le tenían sometido los antiguos propietarios. En fin, no se trata ahora de sacar conversaciones que pertenecen a la esfera de lo privado, sino simplemente apuntar lo insólito que resultaba su silencio telefónico, dada la relación preexistente.

Insistí muchos días porque creo que un director de periódico puede estar ocupado, a pesar de que lo habitual era que me devolviese la llamada. Finalmente le escribí una carta expresándole mi asombro y disgusto por el trato que le daba a un colaborador de tantos años, que había participado en las épocas difíciles, aquellas cuando durante meses y meses no se le pagaba la colaboración a pesar de que en mi caso había tenido un valor económico modestísimo.

Entendámonos, un director puede cambiar a un simple colaborador externo cuando le parezca bien, esto forma parte del manual, pero siempre después de darle una explicación por formal que sea, sobretodo si éste lleva años y años escribiendo en el medio y ha visto pasar hasta a tres directores. La crítica, por tanto, no viene por el dejar de escribir sino por la forma en que se produjo. Pienso sencillamente que no tenían el valor de decirme que yo era un hongo en el Avui, una nota disonante y que preferían liquidarla.

Pero la cosa todavía es más rocambolesca. Como le envié una copia de la carta al Consejero delegado, quien formaba parte del colectivo de “saludados” cuando era el máximo ejecutivo de La Vanguardia, a los pocos días, y con gran sorpresa por mi parte, me telefoneó para decirme que no podía ser, que seguramente había un malentendido y me pedía que le hiciera llegar una carta planteándole el suceso.

Yo le dije que mi interés por el Avui en esos momentos era nulo, pero que evidentemente con mucho gusto le haría llegar el escrito. Llevado a cabo este rito, pasaron los días y ya no supe nada más. Lo más interesante del caso es que habiéndole tomado la palabra le llame por teléfono y, entonces, se repitió el mismo proceso que con Vicent Sanchis, el “saludado” tampoco se puso al teléfono.

Todo esto podría ser mucho más largo y más detallado, pero no es esta la cuestión. La cuestión es la que he apuntado más arriba: se hace difícil para la gente que defendemos determinadas cosas, en nombre de la razón y de la realidad, y también de las creencias que toda persona puede tener, el hacerse presente en Cataluña.

Por ejemplo, en un lugar tan destacado como Catalunya Radio y, especialmente, en el programa Catalunya Matí, conducido por Bassas, tengo vetada la presencia. No me han llamado nunca para nada, a pesar de iniciativas de cierta entidad.

Os recuerdo solo una, cuando celebramos en Barcelona la constitución de la Convención de Cristianos por Europa, de la que salí elegido presidente. Pero esto no significa que no se hable. Por ejemplo en este caso, además de la censura informativa, hubo una crítica a pelota pasada. En uno de los programas a posteriori me ponían a parir, y lo peor del caso es que en las tres ocasiones en que sucedió en ese programa, aún llamando para poder dar mi versión de los hechos, nunca lo conseguí.

Cito estas dos referencias, Avui y Catalunya Radio (Bassas) para poner de relieve que la atmósfera es cada vez más asfixiante. Pero sobreviviremos.

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