El PP a siete puntos del PSOE: una encuesta para reflexionar

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La reciente encuesta de El Mundo es un motivo de comentarios, sobre todo por parte del PSOE que ha visto o cree ver cómo el sol sale y desaparecen los negros nubarrones. La diferencia entre ambos partidos se ha reducido de cerca de 15 puntos a sólo 7. Es una caída en vertical, y sin duda debe ser un elemento para la reflexión de quienes creen en este momento que las elecciones generales del 2012 estaban ganadas. A todos estos comentarios hay que añadir una advertencia. Se trata sólo de una encuesta, a muchos meses de las elecciones y cuyo resultado debe ser verificado por otro de fuentes distintas.

A partir de esta matización, que es decisiva, vale la pena insistir en la reflexión:

Algo no funciona en el PP y no es un tema menor, cuando después de tres años de crisis económica, con cinco millones de parados y sin un horizonte mínimamente claro de salida no consigue presentarse como una alternativa sólida de gobierno. La estrategia de dejar caer al adversario como una fruta madura, sin una excesiva aportación de respuestas y presencia social, más allá de una confrontación en excesivas ocasiones muy personalizada, muy dirigida a destruir a la persona más que a combatir el proyecto, puede no dar los resultados esperados.

Bajo esta perspectiva, la primera lectura que se puede hacer de la encuesta de El Mundo es que, arrojado por la borda el lastre de Zapatero, parece como si el globo del PSOE tuviera fuerza para remontar. Hasta qué punto, está por ver, pero sin duda Zapatero ha hundido a su partido de una manera tan espectacular que sólo el anuncio de su desaparición parece conferirle unas perspectivas hasta ahora impensables. Esto también es un elemento de reflexión, pero que tendría que tener un coste electoral, porque el responsable de que Zapatero esté donde esté, haya gobernado como lo ha hecho, y lo vaya a seguir haciendo durante casi un año, es fundamentalmente del PSOE y su culto desmesurado a la personalidad. Hemos convertido a un presidente de gobierno, un primer ministro, para utilizar una terminología comprensible, en un líder presidencialista propio de otros sistemas políticos como pueda ser el francés o el norteamericano.

Ésta es una tercera reflexión. Un sistema parlamentario no puede quedar tan desequilibrado como el español sin que existan mecanismos de contrapeso como existen en las soluciones presidencialistas. Aquí el presidente del Gobierno lo es todo por la suma de factores que van o que empiezan de una manera fundamental en las listas cerradas y bloqueadas, que convierten al líder político en el amo de su cotarro.

Todo esto debería influir en las actitudes de la sociedad española, pero mucho nos tememos que no sea así. En realidad, la raíz de nuestros problemas empieza por la escasa consistencia cívica de nuestros conciudadanos, que ven la política no como una pre-ocupación por aquello que nos concierne a todos, sino como algo lejano que hacen unos personajes poco de fiar, cuando en realidad son los gestores de las necesidades y cómo satisfacerlas, en mayor o menor medida, de cada uno de nosotros.

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