El problema de la lengua en las Misas de las zonas turísticas

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La semana pasada se hizo viral en Facebook este video donde una señora granadina se lamenta de que la Misa celebrada en la Catedral de Palma (a la que asistió el Jefe del Estado con su familia) se celebraba en lengua catalana, lo cual resultaba incomprensible para dicha señora.

Más allá de que la señora tenga o no razón, pues es evidente que en Mallorca se habla mallorquín y es lógico que la Misa sea en dicha lengua, la queja de la buena mujer plantea un problema serio, cual es el de la lengua litúrgica: hoy todo el mundo se siente con derecho a seguir la Misa en su lengua materna cuando la sigue en su país. Pero, ¿y en países plurilingües como España?, ¿y en zonas turísticas donde abundan las personas de diferentes lenguas?

Una vez más la sabiduría de la Iglesia nos puede dar una pauta. El Concilio Vaticano II dejó dicho que (Sacrosanctum concilium, 36) “§ 1. Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular. § 2. Sin embargo, como el uso de la lengua vulgar es muy útil para el pueblo en no pocas ocasiones, tanto en la Misa como en la administración de los Sacramentos y en otras partes de la Liturgia, se le podrá dar mayor cabida, ante todo, en las lecturas y moniciones, en algunas oraciones y cantos, conforme a las normas que acerca de esta materia se establecen para cada caso en los capítulos siguientes”. El desarrollo de este precepto, que parece querer que siempre haya algo de latín y algo de lengua vernácula, ha sido en cambio la total desaparición del latín. Ello conduce a la lengua vernácula, lo cual en zonas como Mallorca es evidentemente el catalán mallorquín.

Sin embargo, el Sínodo de los Obispos más reciente sobre la Misa, el que da lugar a la exhortación Sacramentum caritatis (año 2007) dijo que, en las Misas que tienen lugar en encuentros internacionales, “exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, sería bueno que dichas celebraciones fueran en latín”. El texto se previó para grandes encuentros como las JMJ o las Misas del Papa, que siempre son en latín. Pero, ¿acaso no es la Misa de una zona turística una Misa en un contexto internacional? Hace poco estuve en Málaga y pude comprobar que su Catedral así lo entiende, y una Misa del Domingo es en latín.

Una mayor apuesta por el latín, bastante más fiel como se ve a los textos de la Iglesia que las prácticas habituales, sería además una forma de solución a la problemática lingüística interna de España. Y para ilustrarlo pondré una anécdota: el pasado verano estuve en la Misa de la patrona de una villa de Galicia gobernado por el BNG. A la Misa acudieron el Alcalde y concejales. La Misa fue en gallego en las lecturas, homilía, oración de los fieles, en castellano las partes comunes (las que según el Concilio podrían ser en latín), y las canciones y el Pater Noster, en latín. Al salir, comentando la Misa con la concejala de cultura le hice notar el detalle de que la Misa no había sido bilingüe sino trilingüe y el uso de la lengua común: se mostró encantada de haber podido rezar en una lengua común a castellano y gallego, y a juzgar por su reacción parecía que la introducción del latín aminoraba el conflicto habitual.

Por desgracia, cuando se trata de tomar decisiones en este campo los pastores atienden más al estado de opinión de su clero que al bien común o a la opinión popular. Pasa entonces algo parecido a lo que ocurre con los políticos que están más pendientes de las primarias de su partido que de las elecciones institucionales: se gana el partido, pero se pierde el gobierno. Un salto de miras en este punto por parte de clero y obispos sería seguramente de gran ayuda para la Iglesia, en particular en la turística y plurilingüe España.

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