El problema del Islam bajo una perspectiva europea

La actitud de Europa de huir de los problemas -en el caso español peor todavía porque además los disfraza- impide contemplar con …

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La actitud de Europa de huir de los problemas -en el caso español peor todavía porque además los disfraza- impide contemplar con realismo la situación.

Hace pocos días, un experto en el Islam europeo, Lorenzo Vidino, experto de la Universidad de Harward en Islam y violencia, afirmaba en Barcelona que la radicalización de una parte de la población islámica es ya un problema de Europa. Pero esto que es una evidencia, por la cantidad de policías que cada país tiene asignado a vigilar a personas y grupos de este perfil, tiene una perspectiva muy complicada porque todo resulta confuso, almenos en línea al razonamiento de Vidino que puede resumirse en estos términos:

  1. Es imposible ganarles la partida por la fuerza.
  2. Resolver las guerras en Irak, Afganistán, encontrar una respuesta satisfactoria al conflicto entre Israel y Palestina, no acabará con el terrorismo islámico.
  3. Las causas de esta actitud no están claras, y la marginación social y la precariedad económica solo lo explican en parte.
  4. Una vía son los programas de prevención y desradicalización, que algunos países ya han puesto en marcha. Se trata de generar un discurso contrario a la ideología violenta. Pero en realidad nadie sabe como esto debe hacerse para que obtenga resultados.
Una cosa son los grupos violentos, unos pocos miles entre los veinte millones de musulmanes que ya viven en Europa, y otra cosa son las organizaciones musulmanas que presentan un perfil ortodoxo, que están dispuestas a vivir más o menos integradas sin perder para nada su condición religiosa, y que rechazan frontalmente determinadas culturas y leyes que son propias de Europa. El caso de la homosexualidad es bien evidente, también sobre el papel de la mujer, y otras muchas cuestiones que pertenecen al orden moral. Según y como se maneje este segundo aspecto el Islam de conquista encontrará o no un terreno abonado para su desarrollo.
¿Qué se puede deducir de todo esto? Lo dicho al principio, que nuestra sociedad vive inmersa en una situación que no sabe explicarse ni abordar, y que entraña un peligro grave que vive en estado de impotencia. Hay que distinguir, además, el hecho de que el cristianismo no sea un factor de conflicto con las comunidades musulmanas, sino de diálogo. Sus encontronazos son con determinados aspectos de la libertad de expresión, con la cultura sexual imperante y con los gobiernos que la promueven. La mayoría de comunidades asume que ese es el sustrato europeo y su objetivo no es tanto alterarlo como vivir y crecer en paz. Quizás algunos piensen que a largo plazo su peso demográfico será tal, dada la cultura de la muerte en que vive sumergida la población europea post cristiana, que las cosas caerán por su mismo peso.
Donde sí existe rechazo es ante esta cultura laicista que impone soluciones como las del matrimonio homosexual. En el caso de España, una ley como la que protege a la mujer de la violencia de género, resulta absolutamente inaplicable a la comunidad musulmana, y ahí se produce un riesgo que va a crecer: que el país haga leyes que en realidad solo puedan aplicarse a una parte de la sociedad, mientras que en otra, vive en el margen.
Así mismo, el problema de la integración choca con una cuestión clave. Si los gobiernos locales, autonómicos, español, rechazan su herencia y tradición cultural porque tiene componentes nacidos del cristianismo, ¿a qué tradición y fuentes culturales vamos a integrar a los jóvenes musulmanes? Si los gobiernos y los grupos auspiciados por él atacan y son irrespetuosos con estos valores, con su herencia cristiana, ¿qué pedagogía se está haciendo sobre los jóvenes musulmanes de segunda generación, que pueden ser el principal foco de desarraigo y campo de reclutamiento de violentos? Cuando las organizaciones homosexuales como la COGAM hacen calendarios sin otro fin que herira los cristianos, ¿cómo es percibido todo esto por los musulmanes? ¿Nadie se da cuenta de quienes están cavando la tumba de nuestros hijos?
Pero, además, en el caso de España esto se acentúa porque vive en un entorno básicamente musulmán. Marruecos revitaliza su Islam. Cuenta con 48 mil mezquitas y 42 mil imanes. Esto es más del doble que las parroquias y sacerdotes católicos españoles. Los jóvenes responden a esta revitalización religiosa. Asisten de manera creciente a las mezquitas, ven los canales de televisión religiosos, ayunan por el Ramadán y se interesan por los edictos islámicos. Cada vez, las chicas visten más recatadamente y hay más que utilizan el hiyab.
Todo esto no sucede porque sí. Hay un proceso de reactivación institucional del Islam que comporta por ejemplo que los viajes a la Meca o la construcción de mezquitas estén subvencionadas por el Estado. Marruecos tiene en sus raíces religiosas la posibilidad de crear una potente cultura que vertebre a su población.
Ahora, su tamaño demográfico es claramente inferior a España, algo más de 32 millones de habitantes. Pero en el 2025 se situará ya casi en los 40, mientras que España superará sólo en 6 millones esta cifra. Esto por lo que se refiere a la población total. Si la contabilidad se hace sobre gente joven, Marruecos gana a España de una manera nítida, porque en el 2025 nuestro país habrá dado un paso de gigante hasta convertirse en un inmenso geriátrico. Y esta es solo una parte muy próxima del Islam,a la que se debe añadir Argelia, y con carácter más general, en relación al conjunto de Europa, el enorme peso y papel de Turquía, que en aquel año 2025 ya superará los 90 millones de habitantes.
La sociedad española, las organizaciones empresariales y sindicales, los partidos políticos, el conjunto de la sociedad civil en definitiva, deben reflexionar sobre esta realidad y sobre el hecho de que Al-Qaedaen el Magreb ha bautizado a su órgano de propaganda Al-Andalus“El paraíso perdido de los musulmanes, la tierra afianzada por Alá para ellos”.
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