El PSOE no tiene remedio

El PSOE no tiene remedio y por eso se va hundiendo irremisiblemente, y no lo tiene porque es incapaz de revisar sus propios errores, al contrario, no …

El PSOE no tiene remedio y por eso se va hundiendo irremisiblemente, y no lo tiene porque es incapaz de revisar sus propios errores, al contrario, no hace otra cosa que reiterarlos y profundizar en ellos. Probablemente, una de las causas sea el continuismo de Pérez Rubalcaba, pero no es la única, hay como una especie de ceguera ideológica entre sus cuadros dirigentes que les impide percibir la realidad. Durante los años de esplendor económico y de Rodríguez Zapatero, el PSOE se acostumbró a pensar que apretando dos tipos de botones obtenía grandes réditos políticos. Uno era el de la agresión a la Iglesia, el otro el de la ideología de género. Naturalmente se equivocaba. Es cierto que hay un sector de su electorado al que le encantan estos temas, pero con este sector no va a ninguna parte. Mejor dicho, sí, a instalarse perfectamente en la derrota permanente. En realidad, el PSOE iba bien con Zapatero porque la economía crecía de una forma exuberante y sobre bases falsas.

Ahora que tal espejismo no existe, el PSOE intenta recuperar sus faustos a base de proponer cada semana iniciativas, como aquélla de Zapatero que fue un visto y no visto, solo que con mucho menos dinero, 700 euros, y limitado a las mujeres que no tengan absolutamente nada, ni subsidio de paro, ni trabajen. Nada. La cifra resultante de todo esto -se calcula que hay unas 45.000 mujeres en esta situación- es muy inferior a lo que se gasta en subvencionar el aborto al cien por cien, que es lo que se practica en este país. Es decir, por una parte, con independencia de la renta de la mujer, el aborto sale gratis; por otra, las ayudas para un recién nacido son económicamente ridículas y tan restringidas que corresponde a una ínfima minoría. El desequilibrio es brutal y, al plantear este tipo de cuestiones, lo único que hacen es enseñar la oreja. Claro que si miramos hacia le otro lado, hacia el PP, el panorama es peor porque subsiste la crítica a la subvención total del aborto en tiempos de crisis con el agravante de que en el otro plato de la balanza no hay nada, cero.

Pero, hay más, las propuestas también inciden en el apoyo a las familias monoparentales sin recursos. Está bien, pero la pregunta es ¿por qué solo a las monoparentales?, ¿por qué no a las familias que tienen un padre y una madre pero que están sin recursos?, ¿por qué no dar prioridad a las familias numerosas que son las que más aportan al futuro de la sociedad a través de sus hijos? Simplemente por una razón ideológica. Las familias monoparentales son ‘in’, desde la ideología socialista, y las familias estables y no digamos ya las numerosas, están ‘out’.

No contentos con esto, proponen las típicas medidas del generismo liberal. Las listas cremallera, es decir, un hombre y una mujer, un hombre y una mujer obligatoriamente, y más directivas en las empresas, una reivindicación claramente revolucionaria. Se trata de meter a las mujeres donde sea y como sea. Esto no hace ningún favor a la sociedad, porque no promueve a los más preparados por la razón de que lo están, ni ayuda a las mujeres porque no necesitan tales medidas. Recordémoslo una vez más, por debajo de los 35 años, las mujeres tienen más titulados universitarios, muchos más que los hombres. Estos poseen un fracaso escolar notablemente superior y hay un gran número de profesiones como la judicatura, el derecho, la medicina, que ya se encuentran absolutamente feminizadas. Evidentemente que hay reductos donde no llegan, pero se trata también, y esto influye, de una cuestión vocacional. Nuestra sociedad necesita que hombres y mujeres alcancen los lugares que se merecen por méritos propios, no por cuotas que desvirtúan la realidad. Y si las empresas consideran que no debe haber más mujeres, allá ellas. En muchos casos se perderán profesionales extraordinariamente preparadas. Pero de eso a obligar su incorporación hay todo un mundo. Todas estas medidas están centradas en el discurso de la ‘igualdad’ de la ‘era Zapatero’ (¿se acuerdan de la ministra Aído?, pues ésta era la de la igualdad).

De este conjunto de medidas sobre la igualdad también destaca el aumento a los anticonceptivos subvencionados, los de última generación, de manera que formen parte de la cartera de servicios comunes del Servicio Nacional de la Salud. Esto es lo que dice la propuesta socialista, o sea que venga dinero para estimular y facilitar el que no se tengas hijos, pero continúe la absurda promiscuidad sexual que cada vez se ha extendido más entre los jóvenes y ya constituye una característica de nuestros adolescentes.

Ahora, la igualdad que sostienen sobre la mujer termina en diversos puntos. Por ejemplo, no hay nada sobre la necesidad de proteger de la discriminación laboral a la mujer embarazada. Y, evidentemente, pasan por encima del debate sobre la prostitución obviando la cuestión de si ésta debe prohibirse en España y cuáles son las características de esta prohibición. Se sigue con el cuento chino del proxenetismo pero sin definir en ningún caso las características del mismo, con lo cual todo resulta muy improbable. Si no se quiere prohibir la prostitución, al menos que se regule la tercería locativa, y que a través de la misma quede sentado que si una mujer la ejerce nadie de su entorno, absolutamente nadie, puede registrar un beneficio como consecuencia de esta actividad, y si lo hace debe ser contemplada esta situación en el Código Penal.

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