El referéndum en Escocia y la división de los escoceses

Los resultados son conocidos: él ‘no’ ha ganado en Escocia con el 55% de los votos, lo que muestra una gran división entre los escocese…

Los resultados son conocidos: él ‘no’ ha ganado en Escocia con el 55% de los votos, lo que muestra una gran división entre los escoceses. También enseña como ha sabido calar el proyecto de independencia en su sociedad, reduciendo a menos de la mitad la distancia que separaba ambas posiciones hace un año; y si retrocedemos más nos encontraremos con el menosprecio del Gobierno inglés. Porque, es necesario recordarlo, Saldmon el líder del SNP, no proponía una consulta refrendaría con un sí o un no, sino con tres preguntas, y la que falta era la tercera vía, la favorita del propio Saldmon: mayores competencias para Escocia. Pero, fue Cameron quien, convencido de que estaba ante una entelequia, condicionó la aceptación del referéndum al binario si/no.

Debe haberse arrepentido en muchas ocasiones a tenor de la evolución de las encuestas. Y además porque, incluso con el no, ahora Escocia tendrá mayores competencias, porque esa ha sido la promesa de última hora de los grandes partidos ingleses. Al mismo tiempo, existirá un revitalizado movimiento independista que ha trabado durante meses a miles y miles de voluntarios y alcanzado el 45% de los votos, 15 puntos más que su nivel habitual de voto. Inimaginable doce meses atrás. En el otro lado, el liderazgo de Cameron, ya tocado por otras muchas razones, parece definitivamente finiquitado, porque es él quien ha alimentado el crecimiento de la independencia.

¿Por qué ha crecido tanto el sí? El 90% de los escoceses afirman una identidad distinta de la inglesa, pero no todos, ni mucho menos, son partidarios de la independencia. Lo que ha dado alas a esta opción es una evidencia que quienes viven anclados en las inercias de lo establecido son incapaces de percibir, y por eso están condenados a desaparecer del panorama político, substituidos por otros que sí lo sientan y lo entiendan. Se trata del gran sentimiento de la ilusión y de la esperanza. En un tiempo en que la política lo es todo, menos exultante, cuando lo mejor que se puede decir de ella es que su vuelo tiene una ambición gallinácea, cuando no fuente de frustración, los movimientos capaces de inspirar esperanza tienen de entrada un buen trecho recorrido. Después, la realidad impone sus límites, pero nadie les quita ya su protagonismo social y político.

Cuando los gobiernos de los estados no tienen nada más que ofrecer que engaños, privilegios para unos pocos y sacrificios para la mayoría, cuando viven instalados en la distancia olímpica y el menosprecio de toda realidad que no sea la suya, y sobre todo cuando son incapaces de proponer un proyecto esperanzado de país, porque ni los hechos ni las propuestas ni los personajes que las encarnan generan tal ilusión, entonces, cuando surgen nuevas proyectos políticos, la independencia de Escocia es un ejemplo de ello, pero no el único, no puede extrañar que mucha gente lo siga.

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