El riesgo de banalizar la ‘Laudato si’’ (I)

La nueva encíclica de Francisco ha tenido un gran impacto, debido a una conjunción, la del contenido de la misma y también la gra…

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La nueva encíclica de Francisco ha tenido un gran impacto, debido a una conjunción, la del contenido de la misma y también la gran repercusión que tienen todos los actos del actual Papa. Si esto sucede en obras menores, como no debe ocurrir de manera multiplicada al tratarse de un texto de esta envergadura. Pero, esta misma notoriedad lleva en sí misma el riesgo de la banalización de su contenido por la acción de los medios de comunicación y también por la instrumentalización ideológica, riesgos que los receptores podemos contribuir sino a evitar sí a reducir y reconducir, con nuestra presencia y testimonio, con nuestro relato, y práctica.

Los procesos de banalización tienen más de una raíz. Una es la del ‘adanismo’: “ya era hora de que la Iglesia se ocupara del medios ambiente”. La otra, la simplificación: la encíclica ‘green’.

La conversión, la instrumentalización ideológica, surge de algo inherente a los mecanismos de la sociedad desvinculada: la fragmentación, la dificultad para asumir concepciones integrales, holísticas. Un problema grave en sociedades tan complejas como la nuestra que solo se pueden abordar desde aquella perspectiva. Aquella atomización de lo humano, su compartimentación, se acentúa con la censura de lo políticamente correcto. En el caso de Francisco y dada su potencia comunicativa, se trata de ignorar todo lo que dice que recuerde posiciones fundamentales de la Iglesia y difundir solo aquello que concuerda con los intereses de la cultura desvinculada. La respuesta de los católicos y de toda persona interesada en la realidad de las cosas es acudir a las fuentes y hablar a partir de ellas, o de aquellas versiones, que por su autoría, reconocemos como sólidas.

La ‘Laudato si’’ es una gran articulación entre el relato de la creación y su relación con el hombre, el ingreso de Jesucristo en el mundo y la redención de la condición humana, con el deber de preservar lo creado, y la correspondencia entre esta exigencia y las necesidades humanas de protección de los más débiles -como el que ha de nacer- y los desfavorecidos. Es un gran relato cristiano de liberación y armonía, entre nosotros, los hijos de Dios, y con la creación, obra del mismo Dios. Es una profunda mirada evangélica a la realidad del mundo, que como tal no se compone de fragmentos: el medio ambiente por un lado, el crecimiento económico por otro; la protección de los animales, por una parte, la cuestión humana de la dignidad de la vida, por otra.

A los que solo ven lo green de la Encíclica hay que recordarles que sus consideraciones están inexorablemente soldadas a las condiciones de la vida humana. Desde los pueblos indígenas, a los que han de nacer, de las necesidades de desarrollo de los países menos favorecidos, a la extraordinaria huella ecológica de los países ricos que han de reducir. No se puede “explotar” la naturaleza, ni instrumentalizarla, pero lo mismo se debe decir del ser humano. Se trata de una encíclica que trata de la Doctrina Social de la Iglesia, subrayando la dimensión ambiental, pero sería una traición a la verdad reducirla solo a ella.

También hay que advertir sobre la tentación de presentar la encíclica como si fuera la primera vez que la Iglesia se preocupa de la cuestión ambiental. Basta con ojear el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia para encontrar la respuesta en el Capítulo Décimo, titulado “Salvaguardar el medio ambiente”. En él ya encontraremos, con un menor grado de desarrollo y articulación, buena parte de los fundamentos, y conclusiones de la encíclica. Francisco, como sus predecesores, engrandece el legado eclesial en la continuidad y la renovación, que son los dos signos católicos por excelencia. Los que explican que después de dos mil años de historia, y la constitución de la mayor realidad global, siga interpelando al mundo con su novedad, como ahora ha vuelto hacer el Papa con su ‘Laudato si”.

La reducción, fragmentación, banalización en definitiva, comporta en gran medida prestar solo atención a las conclusiones y prescindir de los fundamentos. Por esta vía algunos reducirían la encíclica a una crítica a los combustibles fósiles, u otros acabarían en una caricatura máxima, una apologética del reciclaje. Habría así una encíclica para ‘devotos’, la que habla de Dios, y otra para los demás, tomada como literatura política y económica. Y no es eso; y los primeros interesados en presentar de manera armónica e integral sus contendidos han de ser los católicos, que han de resistirse a reducirla a su propio sesgo ideológico. La encíclica nos interpela, dejémonos cuestionar por ella, en lugar de buscar encajonarla a nuestros intereses.

‘Laudato si’’, que enlaza armónicamente con muchos de los textos sociales de sus predecesores en la catedra de Pedro, y es la gran formulación actual del movimiento social cristiano de liberación. Movimiento, como gran corriente cultural articulada en la Doctrina Social de la Iglesia. Social, porque persigue actuar para llevar “la buena nueva a los pobres, liberar a los cautivos, retornar la luz a los ciegos” ( Lc 4,17-18). Cristiana, porque “la experiencia viva de la presencia divina en la historia es el fundamento de la fe del pueblo de Dios” (CDSI 451). De liberación, porque Jesucristo ha venido a “liberar a los oprimidos, y predicar el año de gracia del señor” (Lc 4,19), y porque es toda la creación la que gime bajo el peso del pecado.

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