El rostro de la misericordia

Esta sucinta reflexión es mi epílogo a mi anterior escrito sobre la Nueva Era. Escrito que mantengo y sostengo. Extractar o resumir (ah…

Esta sucinta reflexión es mi epílogo a mi anterior escrito sobre la Nueva Era. Escrito que mantengo y sostengo.

Extractar o resumir (ahora y siempre) un documento pontificio, aparte de ser muy difícil, por más condición que uno tenga de entendido ilustrado, puede impedir el acceso personal al mismo. Sería lo mismo que atender, en brillante sermón, un fragmento de las Sagradas Escrituras, pero sin meditaciones personales silenciosas y orantes, antecedentes y subsiguientes. Es el gran error de muchos predicadores de ejercicios espirituales que se enrollan, se enrollan y se enrollan, sin apenas tiempo sosegado para la propia reflexión personal y su dedicación de guías individuales de todo peregrino penitente.

El pasado martes, por el módico precio de 2,5 euros, adquirí en librería (en lengua española de España) el texto de la Bula del Jubileo de la Misericordia. Misericordiae Vultus es la Bula de Convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia del Papa Franciscus, Obispo de Roma y Servum Servorum Dei. Está dirigida “a cuantos lean esta carta” con su deseo de gracia, misericordia y paz.

En 25 cortos apartados (unas cincuenta breves páginas) fue “Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de abril, Vigilia del Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, del Año del Señor 2015, tercero de mi pontificado”. Fue dado por Su Santidad el Papa Francisco.

“El Año Santo se abrirá el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción”. El Papa abrirá la Puerta Santa “en el quincuagésimo aniversario de la conclusión del concilio ecuménico Vaticano II”. “La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo este evento”.

“El Año Jubilar se concluirá en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de 2016”. “En ese día, cerrando la Puerta Santa, tendremos ante todo sentimientos de gratitud y de reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo extraordinario de gracia. Encomendaremos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos a la Señoría de Cristo, esperando que difunda su misericordia como el rocío de la mañana para una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el futuro próximo”.

Los entrecomillados son textuales. Si hay faltas de ortografía o de traducción del texto latino yo sólo sé que sé esto. Sigo la traducción de Ediciones San Pablo. He empezado pues mi reflexión. ¿Qué les parece si hacen Vds. lo mismo? Se aproxima el tiempo vacacional en España y en general en el Hemisferio Norte. Tiempo idóneo para centrarse, reflexionando, acerca de este tiempo de Jubileo que empezará a finales de año. Este Año Santo de la Misericordia está anunciado por el Papa con previsión de antelación en su convocatoria.

Mi breve escrito pretende ser un altavoz publicitario oneroso, para que no se le pase a nadie la importancia personal de este nuevo Año Santo. A mí no me basta el manido Ah sí! Experimento la vital necesidad de ponderar mucho en mi interior esta Bula. ¡Ahora y no mañana! Es un ahora a mi ritmo de presente. Es un ahora que finalizará en cuanto empiece el Año Santo. Es un ahora para prepararme con antelación y vivir luego el Año Santo con intensidad personal y eclesial. Con conciencia plena de que – si es personal en mí – contribuirá a que sea eclesial en mi prójimo.

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