El Schwa estuvo aquí, de Neal Shusterman

La lectura de El Schwa estuvo aquí me ha dejado un sabor agridulce: por una parte es innegable que estamos ante una obra ágil, que manti…

La lectura de El Schwa estuvo aquí me ha dejado un sabor agridulce: por una parte es innegable que estamos ante una obra ágil, que mantiene un buen ritmo, jalonada de numerosas sorpresas, y ante todo ingeniosa y con diálogos en ocasiones brillantes; pero… Cabe aquí la misma objeción que se le puede hacer a, por poner un ejemplo con el que todos nos entendamos, la serie Los Simpson. Sí, sus diálogos pueden ser brillantes, pero todo rezuma un aire de escepticismo que es la antesala del nihilismo ambiental en que parece que nuestra modernidad tardía se ha instalado.

Lo mismo sucede con la obra de Shusterman, en la que uno puede rastrear la herencia de humor irreverente e iconoclasta de los Simpson y otras series surgidas en su estela, aunque en ocasiones las salidas de Antsy, el protagonista, recuerden más a las de Juno, y en la que también uno no puede dejar de escuchar ecos de la trama de El curioso incidente del perro a medianoche. Se nos podrá objetar que en el fondo estamos ante una novela que habla de la amistad, de la necesidad de cariño, del paso de la infancia a la edad adulta o del impacto de las rupturas familiares; y todo ello es verdad, pero no es toda la verdad.
El problema de El Schwa estuvo aquí es que la ingeniosidad de la que hace gala impide abordar con realismo la vida de unos personajes en dificultades. De hecho, la réplica rápida y cínica no es más que una pantalla cuyo objeto es precisamente evitar que entremos a fondo en lo que realmente importa. Porque, al fin y al cabo, no parece que haya nada realmente importante; la actitud más adecuada sería entonces la sonrisa descreída (aunque a veces lo que nos salga sea una mueca) y el chiste ácido.
La historia, por otra parte, es original y entretenida, y a menudo a uno le parece vislumbrar que, a pesar de todo lo dicho hasta ahora, el autor conseguirá mostrarnos algo valioso que redimirá algunos deslices y aprovechará para bien todo el talento desplegado (porque, por si ustedes no lo tenían claro, el libro está escrito con talento). Por desgracia ese giro final no llegará nunca, es más, la resolución final es, en mi opinión, de lo más flojo y plano del libro, con una inmerecida justificación del abandono familiar. En definitiva, un libro que podrán disfrutar, aunque sea parcialmente, los adultos ya vacunados de escepticismo, pero que pensamos que no es lo más adecuado para lectores más jóvenes.
Neal Shusterman
El Schwa estuvo aquí
Homo Legens
Madrid 2009
294 páginas
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