El sector de la alimentación presiona contra las familias por gastar poco

Es un hecho que diversas actividades económicas han constituido potentes lobbies para velar por sus intereses. Hoy en ForumLibertas nos ocupamos del i…

Es un hecho que diversas actividades económicas han constituido potentes lobbies para velar por sus intereses. Hoy en ForumLibertas nos ocupamos del importante grupo de presión que trabaja en el ámbito de la promoción de preservativos . No es el único, ni mucho menos.

Por ejemplo, cada vez ha cobrado más fuerza el complejo económico que liga la reproducción asistida con las grandes empresas con intereses en este ámbito, y los laboratorios que se dedican a la investigación con embriones.

Lo que ya resulta más sorprendente es que en el ámbito de la industria agroalimentaria exista la creciente voluntad de presentar como “lo moderno” a la gente que vive sola y a las parejas sin hijos donde ambos trabajan. La razón es simple: en estos casos el consumo de alimentos preparados o semielaborados es mucho mayor, con lo que el valor añadido de las empresas también es más alto.

A la industria agroalimentaria no le interesa que las personas compren huevos, aceite y sal para hacer una tortilla en su casa, les interesa que compren tortillas francesas embasadas, gran novedad de la feria “Alimentaria” de este año.

Naturalmente es mucho más caro que comprar la materia prima y elaborarla en tu casa (y mucho menos sano), pero precisamente por esto le interesa a la industria.

Ello explica que sólo el 44% del gasto en comida corresponde a las familias, a pesar de que son ampliamente mayoritarias en la estructura de la población, mientras que el 56% restante es consumido por la gente que vive sola o las parejas sin hijos que representan, en conjunto, el 28% de la población. En otras palabras su gasto unitario es el doble que el de una familia compuesta de padre madre e hijos. Parece un contrasentido pero la realidad pura y dura es esta.

Esto, y otras muchas cosas, contribuyen a explicar el por qué David Blanchflower del Collage de Hanover (New Hampshire) y su colega británico, Andrew Oswald, de la Universidad de Warwick (Coventry, Inglaterra) afirman en sus estudios que la mejor manera como los gobiernos contribuirían al bienestar de los ciudadanos sería si fomentaran matrimonios estables, abiertos a la descendencia, que puedan desempeñar una buena gestión del hogar.

En sus cálculos económicos establecen que el matrimonio y la familia de estas características consiguen el equivalente a unos cien mil dólares de más en relación a las parejas que rompen y, evidentemente, la solución más costosa de todas, la persona que vive sola. Naturalmente calculado en relación a Estados Unidos y de acuerdo con su distribución de renta.

La familia tiene menos coste en alimentación, salud, ingresos mejores y más estables y mejores oportunidades a medio y largo plazo, como consecuencia de la estabilidad y seguridad con que sus miembros afrontan la vida.

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