El seny vasco

Sea por el sentido común del que, casi siempre hace gala Urkullu o porque el PNV tiene los pies en el suelo, lo cierto es que el nacionalismo vasco, sin crear cismas, sin pretender imposibles y sin burlar la ley, se está situando en su espacio natural en el tapete político.

Con las exigencias normales, arrimando el ascua a la sardina de sus ideas y a los intereses de Euskadi, los nacionalistas vascos aprueban sus presupuestos, se preparan para colaborar con el Gobierno y, sin estridencias, están llevando su autonomía a una situación estable en lo social y más que aceptable en lo económico.

Es como si el “seny catalán” que, desde los últimos tiempos de Pujol ha desaparecido  de Cataluña, se hubiera trasladado a Euskadi.

Sea por el sentido común del que, casi siempre hace gala Íñigo Urkullu o porque el PNV tiene los pies en el suelo, o ambas cosas a la vez, lo cierto es que el nacionalismo vasco, la derecha de Euskadi, se sitúa en su lugar natural.

Lógicamente se han dejado querer y han hecho ‘sufrir’ a los populares; seguramente han exigido y habrán logrado más de lo que nos vayan a decir, pero es indudable que el camino elegido por los dirigentes vascos es el adecuado para lograr objetivos razonables y colaborar en la marcha general de España sin por ello renunciar a sus posiciones nacionalistas.

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