El sexo y el crecimiento demográfico (I)

“A los venerables hermanos Patriarcas, Arzobispos, Obispos y demás Ordinarios de lugar en paz y comunión con esta Sede Apost&oacut…

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“A los venerables hermanos Patriarcas, Arzobispos, Obispos y demás Ordinarios de lugar en paz y comunión con esta Sede Apostólica, al clero y fieles del orbe católico y a todos los hombres de buena voluntad”. Con estas palabras el Papa Pablo VI promulgaba en Roma en la fiesta del apóstol Santiago -junto a San Pedro- el día 25 de julio de 1968 la carta encíclica SOBRE LA REGULACIÓN DE LA NATALIDAD.

Se la conoce como Humanae Vitae (las dos primeras palabras latinas en toda encíclica) y constituye la carta magna en la materia para toda persona que vive su fe cristiana en el misterio eucarístico. Es al mismo tiempo un texto denostado y desconocido. En él no se indica el número de hijos que se deben tener dentro del matrimonio. Se señala el camino lícito a seguir en materia sexual a todo hijo e hija de Dios que vive el matrimonio no sólo como contrato civil y como unión enamorada de hecho entre hombre y mujer sino como sacramento. Sus destinatarios son los cristianos de buena voluntad que pisan los templos y también los hombres y mujeres de buena voluntad que puedan devenir cristianos.

El punto número uno dice así:

“El gravísimo deber de transmitir la vida humana ha sido siempre para los esposos, colaboradores libres y responsables de Dios Creador, fuente de grandes alegrías, aunque algunas veces acompañadas de no pocas dificultades y angustias.

En todos los tiempos ha planteado el cumplimiento de este deber serios problemas en la conciencia de los cónyuges, pero con la actual transformación de la sociedad se han verificado unos cambios tales, que han hecho surgir nuevas cuestiones que la Iglesia no podía ignorar por tratarse de una materia relacionada tan de cerca con la vida y la felicidad de los hombres.”

El texto de la encíclica está colgado en www.vatican.va y este es el ENLACE.

El descenso alarmante de la natalidad en la actualidad, la extendida práctica sexual homosexual, la heterosexual dentro del matrimonio generalmente sin planteamientos de descendencia inmediatos, la práctica sexual antes y al margen del matrimonio, son razones más que suficientes para enarbolar bien alto la bandera de la cordura y de la sexualidad en cristiano.

El sexo no es un invento del siglo XX. Es obra de Dios desde Adán y Eva. No pretendo con estas líneas machacar a nadie. Sí pretendo recordar a quién me lea la verdad del mensaje bíblico y evangélico para que lo tenga en cuenta.

Durante varios años -los de mi juventud- muchos y muchas de mis congéneres me preguntaban con sorna dejándome por peligroso: ¿otra vez tu esposa embarazada? Lejos de cortarme les aclaraba que los hijos vienen al mundo no por contacto sino por penetración. La Biblia señala la preeminencia de la descendencia, al igual que el Corán.

¿Acaso el hombre actual ha perdido su cordura? Con una tasa de natalidad que no garantiza por lo menos el mantenimiento demográfico, ¿cómo construirá la civilización de nuestro siglo, el XXI? ¿Despoblando el planeta?

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