El Sínodo aborda las trabas para vivir una sexualidad abierta a la vida

Después del canto de la hora tercia, este jueves 9 de octubre comenzó la séptima congregación del sínodo extraordin…

Después del canto de la hora tercia, este jueves 9 de octubre comenzó la séptima congregación del sínodo extraordinario sobre la familia, esta vez enfocada en debatir “Los desafíos pastorales sobre la apertura de la vida”, de acuerdo con el orden indicado en el Instrumentum Laboris.

Después de la oración, el primero en intervenir fue el obispo de Xai-Xai, en Mozambique, monseñor Lúcio Andrice Muandula, quien invitó a dejarse “guiar por la sabiduría bíblica, en un mundo cada vez más globalizado, con el cual estamos llamados a instaurar un diálogo de fe”. El prelado reconoció que hoy existe el peligro “de perder la propia confianza en Dios, para adoptar un estilo de vida completamente pagano”, y pidió que Dios "ilumine con su Espíritu de sabiduría los trabajos" del sínodo.

El presidente delegado de turno, el cardenal André Vingt-Trois, arzobispo de París, indicó que debido a la mentalidad hoy dominante, existe una dificultad en aceptar la concepción antropológica cristiana favorable a los métodos naturales de control de la natalidad.

El purpurado francés propuso hacer conocer con un nuevo lenguaje, y en colaboración con el mundo universitario, la coherencia de la visión antropológica propuesta por la Iglesia. Porque, dijo, existen consecuencias en la práctica sacramental. "Hay parejas que consideran que los métodos anticonceptivos no son pecado, y reciben la comunión sin hacerse problemas", advirtió.

El arzobispo de París concluyó invitando a “incentivar la mentalidad abierta a la vida", para contraponerla a la "mentalidad contraceptiva" y a la difusión de un modelo antropológico individualista, que producen en diversas regiones del mundo una baja natalidad, y cuyas consecuencias sociales y humanas no son tomadas en consideración”.

Según reconstruyó la agencia Zenit, Vingt-Trois añadió que en este contexto “es necesario reconocer la utilidad de las planificaciones familiares relacionadas con las diócesis y asociaciones familiares”, porque “se vuelven testimonios de la belleza y valor de la apertura hacia la vida”.

Después del cardenal, un matrimonio responsable de brindar cursos a parejas sobre los métodos naturales de planificación familiar brindó su testimonio. Arturo y Hermelinda, los cónyuges, son algunos de los tantos laicos que participan del sínodo en calidad de auditores.

Una paternidad responsable

En las deliberaciones, los padres sinodales también abordaron el tema de una paternidad responsable, reiterando que el don de la vida -como así también la castidad- son valores fundamentales del matrimonio cristiano.

El tema del aborto y el crimen que significa volvió a aparecer al abordar las muchas tragedias que viven tantas familias. También se destacó que en Asia se dan casos de infanticidio, violencia contra las mujeres o trata de seres humanos.

Un tema importante fue la educación de los hijos en la fe y en las enseñanzas de la Iglesia. Esa responsabilidad es primordial y requiere atención, dijeron los padres sinodales. Se observó que la atención pastoral de los niños debe crear un punto de contacto con las familias que se encuentran en situaciones difíciles.

A propósito de los niños, se subrayó el negativo impacto de los anticonceptivos en la sociedad, que conlleva una disminución de la tasa de natalidad. Frente a tal escenario, los católicos no deben permanecer en silencio, sino dar un mensaje de esperanza: los niños son importantes, aportan vida y alegría a sus padres y fortalecen la fe y las prácticas religiosas.

Por último, se reiteró el papel fundamental de los laicos en el apostolado de la familia y en su evangelización, así como el de los movimientos laicos que pueden acompañar a los núcleos familiares en dificultad.

Vale recordar que el

sínodo extraordinario no tomará decisiones de fondo, sino que a su término se girarán propuestas para ser consideradas por las conferencias episcopales, y en 2015, otro sínodo sugerirá al Papa las propuestas pastorales que la Iglesia debería adoptar.

Las situaciones particulares difíciles

La séptima congregación también continuó el debate iniciado el miércoles 8 por la tarde, cuando se abordaron las uniones entre personas del mismo sexo, la Eucaristía para los divorciados vueltos a casar, las uniones de hecho y los matrimonios mixtos.

Los padres sinodales reanudaron la reflexión sobre la cuestión del acceso al sacramento de la Eucaristía para los divorciados unidos en nuevas nupcias reafirmando la indisolubilidad del matrimonio, basada en el hecho de que el vínculo sacramental es una realidad objetiva, obra de Cristo en la Iglesia. Insistieron en que este valor debe ser defendido y tratado en las catequesis prematrimoniales y observaron como oportuno que se acompañe pastoralmente a las parejas después de la boda.

Al mismo tiempo, se insistió en que se deben considerar los casos individuales, las situaciones concretas -algunas de gran sufrimiento-, distinguiendo, por ejemplo, entre las personas que han abandonado a su cónyuge y las que ha sido abandonadas. Se repitió varias veces que la Iglesia no puede dejar de lado a ninguno de lo casos. La pastoral no debe ser exclusiva, "o todo o nada", sino misericordiosa, resaltaron.

Se insistió en que los divorciados vueltos a casar no pueden acercarse a la Eucaristía, pero eso no significa que estén excluidos de la comunidad eclesial. Al contrario, se invitó a reconsiderar que hay varias responsabilidades que pueden ejercer. También se hizo hincapié en la necesidad de simplificar y acelerar los procedimientos para la declaración de nulidad matrimonial.

Acerca del concubinato, en algunas regiones se constata que con frecuencia se debe a razones económicas y sociales, y no a una especie de rechazo de las enseñanzas de la Iglesia. A menudo, también, estas y otras situaciones de uniones de hecho se viven conservando el deseo de una vida cristiana y por lo tanto requieren una atención pastoral adecuada. Del mismo modo, reiterando la imposibilidad de reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo, los Padres sinodales subrayaron la necesidad de un enfoque respetuoso y no discriminatorio a los homosexuales.

También se volvió a hablar de la cuestión de los matrimonios mixtos, señalando que, además de las dificultades, es bueno tener en cuenta también la posibilidad de testimoniar la armonía y el diálogo interreligioso. Y se afrontó de nuevo el tema del lenguaje para que la Iglesia sea capaz de involucrar a creyentes y no creyentes, y a todas las personas de buena voluntad en individuar patrones de vida familiar que promuevan el desarrollo integral de la persona y el bienestar de la sociedad. La propuesta es hablar de la familia con una "gramática simple" que llegue a los corazones de los fieles.

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