El socialista Hollande se sovietiza: propone medidas que vulneran las libertades fundamentales

La policía francesa podrá hacer registros domiciliarios sin orden judicial, controlar a sospechosos con brazaletes de localización, asignarles residencia forzosa o retirarles la nacionalidad. Ni una referencia a medidas de carácter social o educativo

La sovietización de Hollande con sus medidas que vulneran las libertades La sovietización de Hollande con sus medidas que vulneran las libertades

Tras los ataques terroristas del ISIS en París, donde murieron 129 personas y otras más de 350 resultaron heridas, el presidente francés, François Hollande, se sovietiza al adoptar una serie de medidas de seguridad que no tienen precedentes en la reciente historia de Europa, algunas de las cuales vulneran las libertades fundamentales.

Hollande anunció este lunes, 16 de noviembre, un cambio drástico de la Constitución para defender a un país que “está en guerra”, dijo. Así, el estado de emergencia, que ya prevé registros domiciliarios y detenciones sin orden judicial, será prolongado tres meses.

Francia adopta tres capítulos en el exterior: reclamar la ayuda al resto de la UE porque el país ha sido “atacado”, promover una coalición única, incluyendo a Rusia, contra el ISIS en Siria y pedir una resolución del Consejo de Seguridad contra los yihadistas. “Esta guerra afecta a todo el mundo, no solo a Francia”, insistió.

Este martes se presentará el correspondiente proyecto de ley de reforma constitucional que será aprobado en pocos días y que incluye una batería de medidas antiterroristas para dar más competencias a las fuerzas de seguridad y a los servicios secretos. Para aprobarlo necesitará el apoyo de tres quintas partes del Parlamento.

La estrategia de ISIS, alentar el conflicto con los musulmanes en Europa

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Vulneración de las libertades

Sin embargo, cabe preguntarse si la Francia de la “Libertad, igualdad y fraternidad” aprobará al completo esa batería de medidas, teniendo en cuenta que algunas de ellas rayan la vulneración de las libertades fundamentales. Estas son las medidas, según información publicada por el diario El País este martes.

Retirar la nacionalidad francesa a los terroristas que tengan otro pasaporte, es decir doble nacionalidad.

– Controlar a los sospechosos de terrorismo con dispositivos electrónicos como brazaletes de geolocalización.

– Otorgar más competencias a la policía para que haga registros domiciliarios sin orden judicial previa.

– Ampliar las condiciones para asignar residencia forzada a los sospechosos.

– Impedir el regreso a Francia de terroristas que hayan combatido en Irak o Siria.

– Anular todos los recortes previstos hasta ahora en el gasto militar.

– Contratar a 5.000 n, 2.500 funcionarios judiciales y 1.000 supervisores de aduanas más.

– Aumentar los bombardeos en Siria.

– Crear una sola coalición internacional contra el ISIS que incluya a Rusia.

Entre todas estas medidas, las cuatro primeras pueden ser consideradas como una vulneración de las libertades fundamentales de los ciudadanos. Porque, una vez dados esos poderes a las fuerzas del orden, se les está dando poder para ejercerlo como ellos consideren. Y cabe recordar que, actualmente, la policía francesa tiene fichados a 10.500 sospechosos de radicalismo, con lo que, por ejemplo, la colocación de brazaletes vulneraría su presunción de inocencia.

Los disturbios en barrios marginales de París, caldo de cultivo para la radicalización

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Sin medidas sociales ante un problema complejo

En cualquier caso, entre las medidas adoptadas, llama la atención que no haya ni una sola de carácter social o educativo, de integración de los colectivos de barrios marginales de inmigrantes entre los que es relativamente fácil captar adeptos para el integrismo radical.

Así lo explicaba en declaraciones a El País este martes un médico de 74 años nacido en Marruecos y residente en uno de los barrios de la periferia de París: “Aquí existe un problema de paro, de seguridad, de vivienda y de familias sin atender. […] Cuando uno se encuentra con un espíritu débil que acumula todos esos problemas, es muy fácil convencerlo para que haga lo que sea”.

Aunque añadía que “es un error estigmatizarlos a todos por culpa de esa minoría. En este suburbio existen chicos formidables”; unos chicos que también podrían verse afectados por unas medidas que fácilmente vulnerarían sus derechos.

El problema es complejo, porque además en muchos de esos barrios ya han estallado anteriormente conflictos derivados de rebrotes de islamofobia que, tras los últimos atentados, podrían ir a más. Solo hay que recordar los que se sucedieron tras los atentados contra la revista Charlie Hebdo, o los violentos disturbios que estallaron en 2005 en el explosivo departamento de Sena-Saint Denis.

De hecho, este ha sido un año récord para las agresiones, amenazas e insultos xenófobos, según el Observatorio contra la Islamofobia. Los ataques de perfil antimusulmán han pasado en Francia de 110 en los primeros nueve meses de 2014 a 330 entre enero y septiembre de 2015.

Por su parte, el sociólogo Farhad Khosrokhavar, especialista en fenómenos de radicalización, advierte de que el extremismo surge de un sentimiento de menosprecio de esos jóvenes en pleno desarraigo: “tienen la sensación de que la sociedad les odia, así que ellos también la odian. A través del islam, creen convertir ese odio en sagrado y legítimo. A través de la radicalización, recuperan su dignidad”, sentencia.

Culto al Kaláshnikov

Por otra parte, una cuestión de la que apenas se habla es el elevado número de muertes con arma de fuego en Francia, sobre todo con el fusil de origen ruso Kaláshnikov. Cada año mueren por esa causa 1.800 personas.

Los Kaláshnikov, que proliferan por todo el país, son los preferidos por los yihadistas y delincuentes para perpetrar sus fechorías, gracias a la relativa facilidad con que entran ilegalmente en Francia. Principalmente llegan desde los Balcanes, procedentes de la guerra de los noventa.

Además, la policía se incauta de unas 5.000 armas cada año; 5.300 el año pasado, de las que 175 eran armas de guerra, lo que da una visión del alcance del problema.

Registros de la policía francesa en la frontera con Suiza

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¿Una estrategia equivocada?

En relación a todo lo dicho, cabe preguntarse si algunas de las medidas adoptadas por Hollande podrían favorecer la estrategia del propio Estado Islámico, uno de cuyos objetivos es precisamente alentar un conflicto con los musulmanes en Europa.

Si sus acciones conllevan una represión hacia los barrios marginales y la población musulmana, y se establecen controles territoriales, o sea barrios donde hasta la policía tiene problemas para entrar, ¿cuántos de sus habitantes podrían ceder a la tentación de radicalizarse?

Al mismo tiempo, no parece que desde Occidente, desde el G-20, se tengan las ideas suficientemente claras como para establecer una acción conjunta con una coalición que pueda intervenir de forma efectiva en las zonas donde ISIS está establecida.

“Los objetivos estratégicos relativos a la lucha contra el Estado Islámico son muy próximos, pero las partes mantienen divergencias en cuanto a la táctica”, indicaba recientemente un portavoz ruso.

De hecho, una vez más, Putin parece ser el único que tiene esas ideas claras, siendo partidario de coordinar los ataques contra el EI en Siria, pero Obama se resiste y ya ha manifestado que rechaza desplegar fuerzas de combate terrestres en la zona.

 

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