El suicidio, por Émile Durkheim

  Este clásico entre los clásicos del pensamiento sociológico utilizaba, por primera vez –de forma sistemática- tablas y datos para tratar de confirma…

 

Este clásico entre los clásicos del pensamiento sociológico utilizaba, por primera vez –de forma sistemática- tablas y datos para tratar de confirmar hipótesis de trabajo. Hasta ahora, el lector español sólo podía disponer de la versión de Akal que, constantemente reimpresa, contenía y perpetuaba una serie de errores de traducción y una vieja composición de datos bajo forma de tablas en desuso. La Editorial Losada saca a la luz este manual actualizando la traducción y reelaborando las tablas para darles un contenido más moderno y agradable. Todo ello lo agradecerá el lector.

 

Aunque El suicidio es –como hemos dicho una obra clásica- debemos apuntar dos cuestiones. La primera es que no se pueden comprender los planteamientos de Durkheim respecto al suicidio abstraídos de su propia obra. En la obra de Durkheim subyace un principio filosófico: la individualidad se subordina a lo colectivo. Por tanto, ni siquiera el suicidio es explicable como fruto de una mera decisión individual sino por su relación a situaciones y realidades sociales. En segundo lugar, a pesar de que han pasado cien años de su redacción, la obra de El Suicidio mantiene todo su frescor y fuerza argumentativa. De hecho, buena parte de las correlaciones que establece Durkheim, se mantienen hoy inmutables.

 

Como hemos dicho, el sociólogo francés intenta dilucidar que el suicidio no puede deberse a causas puramente individuales. Por tanto descartará la locura como causa del suicidio. Entre los argumentos encontramos que establece la siguiente correlación negativa. Mientras que en la población internada por locura es superior el número de mujeres, en cambio el suicidio es un fenómeno más propiamente masculino. Igualmente establece que no hay correlación entre los mapas del alcoholismo y el suicidio. De forma muy original, intenta descubrir si hay correlación entre suicidio y épocas del año, meses, días de la semana u horas del día. Aquí Durkheim descubre un hecho sorprendente: la tendencia a suicidarse más en los meses veraniegos que no en invierno. Varios análisis le llevan a deducir que el suicidio está correlacionado con la actividad social. En los meses con más luz solar, y por tanto más actividad, o en las horas de día o los días con más actividad, tiende a incrementarse los suicidios.

 

A partir de aquí Durkheim establecerá una topología de suicidios en función de la relación individuo-sociedad. Nos hablará del suicidio altruista que es aquél que se produce cuando las categorías formativas y valorativas son tan fuertes que llevan al individuo a sacrificarse por lo social. Es el caso, por ejemplo, del sati, o la costumbre hindú de que la viuda debe incinerarse para seguir al marido en la muerte.

 

Otro tipo de suicidio es el egoísta, propio de las sociedad modernas y complejas, donde se da un alto grado de individualidad que genera un coeficiente de agravamiento del suicidio. Para argumentar este tipo de suicidio Durkheim establece una curiosa correlación entre suicidio y práctica religiosa. Tomando, por ejemplo tres formas religiosas como protestantismo, catolicismo o judaísmo, los que más tienden a suicidarse son los protestantes y, los que menos, los judíos. Durkheim establece que la religión judía al contener más preceptos y mayor sentido de comunidad, por tanto permite menos individualidad.

 

Acontece lo contrario con el protestantismo que permite una mayor interpretación “libre” de la salvación y se deshace en pequeñas comunidades. Por tanto, favoreciendo la individualidad, el protestantismo genera más suicidio. Igualmente puede comprobarse esta correlación individualidad-suicidio recurriendo a la familia. Proporcionalmente se suicidan más los solteros que los casados y en la medida que se va incrementando el número de hijos, aumenta el coeficiente de preservación del suicidio.

 

En tercer tipo de suicidio que conviene destacar es el suicidio anómico. Analizando este tipo de suicidio es cuando Durkheim nos abre una ventana para entender mejor la modernidad y los que posteriormente hemos denominado posmodernidad. El suicidio anómico es el producido por desestructuración social y normativa. En este caso Durkheim señala correlaciones significativas tal y como suicidio-divorcio. Las situaciones de divorcio provocan procesos de desestructuración que aumentan los coficientes de agravamiento del suicidio. También los desarrollos económicos fuertes provocan suicidios ya que llevan a cambios vitales que obligan a cambios radicales en el comportamiento estructural-normativo del individuo. En este sentido, los procesos de desestructuración se han agudizado en la posmodernidad, de ahí que las tasas de suicidios en occidente se hayan disparado.

 

Resumiendo: el lector puede acceder a un clásico que no ha pasado de moda del que extraerá muchas y sugerentes ideas para comprender este trágico fenómeno del suicidio.

 

 

El suicidio

Émile Durkheim

Editorial Losada

540 págs.

28,00 €

 

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