El “superhombre” necesitado de dirección

La humanidad del siglo XX llegó, en un determinado momento, a sentirse segura de su porvenir: la ciencia iba a mejorar casi infaliblemente al …

Forum Libertas

La humanidad del siglo XX llegó, en un determinado momento, a sentirse segura de su porvenir: la ciencia iba a mejorar casi infaliblemente al ser humano y a la sociedad; el confort aumentaría y colmaría todas las aspiraciones de vivir mejor; la industrialización desterraría la miseria; la difusión de la cultura exterminaría mitos y actitudes primitivas, generadoras de odios y luchas fratricidas y, elevaría el espíritu humano que, una vez alcanzada la madurez, podría prescindir de “infantilismos religiosos”. Estas y otras exaltaciones fueron evolucionando hasta llegar al progresivo derrumbamiento de todo lo que parecía ser un bien montado sistema de seguridad. Pero algo importante falló y el psicoterapeuta nació, prácticamente, en el siglo XX. Las ciencias psicológicas detallan la estructura fundamental de tantas angustias neuróticas basadas en la pérdida del sentido de la vida. La psiquiatría ha detectado la protesta del espíritu oprimido por el género de vida de muchas personas.

Otro fenómeno característico que se observa en nuestros días es el “conformismo ambiental”. Es el resultado de la presión del ambiente sobre la conducta de quienes hacen “lo que todo el mundo hace”. Sus vidas se desenvuelven adaptándose a los patrones establecidos por la mayoría, sin pararse a ejercitar su sentido crítico, sin interrogarse a sí mismos sobre cuál es el motivo último que les lleva a actuar. Ante todo lo expuesto caben diversas posturas: una de ellas es ser observador de todo lo que sucede, otra es lamentarse de cómo van las cosas y, finalmente, otra es actuar para conseguir los cambios oportunos. Es lógico que quienes actúan para intentar cambiar aquello que no les gusta no coinciden en dar soluciones homogéneas pero son los forjadores del mundo en que vivimos, no son seres pasivos.

Una característica positiva de nuestro mundo es la creciente toma de conciencia en relación a la dignidad humana junto a una marcada búsqueda de la libertad en todos los aspectos. Como consecuencia del ejercicio de la libertad se produce la posibilidad de elegir lo positivo o lo negativo, el bien o el mal. Ejercer la verdadera libertad es, fundamentalmente, elegir el bien y procurar hacerlo. La falsa libertad persigue evitar todo compromiso y la supresión de normas. Se da la paradoja de que el ser humano actual posee un sentido agudo de su libertad y, al mismo tiempo, permite o promueve nuevas formas de esclavitud social y psicológica. Por otra parte, está comprobado que el progreso material no origina, por sí solo, la plenitud del ser humano ya que no es un bien absoluto sino relativo.

Resulta claro que las realidades temporales tienen una autonomía pero es nefasto que esto se traduzca en querer construir la sociedad al margen de Dios. Es patente el hundimiento moral que da lugar a un relativismo hedonista y a corrupciones de diverso tipo. Ya no podemos seguir engañándonos con el mito del “progreso irreversible”. Sin la ley de Dios no hay un referente claro en la conducta humana ya que lo que se “consensua” hoy se puede destruir mañana porque los legisladores así lo decidan. Hacen falta criterios que puedan fundar sólidamente las decisiones jurídicas, los programas políticos, los proyectos sociales y los estilos de vida de hombres y mujeres.

Creo que viene bien considerar dos hechos sucedidos este año, no en el pasado.

Alguien que estuvo en Copenhague, en Semana Santa, vio con sorpresa cómo durante el día de Viernes Santo todas las banderas ondeaban a media hasta en edificios públicos y en iglesias. Se conmemoraba la pasión y muerte de Jesucristo y, por ello, había señales de duelo, de luto. Y en otro país, Inglaterra, el primer ministro, David Cameron, se dirigió a la nación en una especie de pregón pascual. Hablaba de nuestras raíces históricas cristianas y de la relevancia de la Iglesia, de sus funciones. También se refirió a la realidad actual de los cristianos perseguidos. En resumen, dos países con democracia plena, uno evangélico luterano y el otro anglicano testimoniaban la relevancia pública del cristianismo. Y es muy conveniente saber que, incluso laicistas reconocidos admiten que la religión no puede ser expulsada del debate público y que aporta unas soluciones que las ideologías no pueden aportar.

La corrupción, las consecuencias del capitalismo salvaje, el maltrato, la pérdida de referentes éticos en las relaciones diarias, la inquietante violencia juvenil, etc., etc. deberían llevarnos a reflexionar hasta qué punto pueden ser remediables a través de una nueva idea de ciudadanía y una educación para la convivencia. La descristianización conduce a un neopaganismo que degenera en un vacío clamoroso y en una pérdida de pautas de conducta, de respeto a los demás.

El humanismo cristiano da soluciones. Si no hubiese sido rechazado en muchos ambientes, se habrían ahorrado muchas situaciones lamentables. En esto ha desembocado el nihilismo existencial de la modernidad.

Cómo estimula y enriquece leer las recientes declaraciones de una escritora italiana de éxito, Susanna Tamaro. Continúa teniendo, a través del tiempo, la misma y profunda mirada sobre la existencia humana y un sentido religioso de la vida que la fama no ha cambiado. Dice: “No podía imaginarme tener un éxito tan grande, es muy difícil vivir con algo así si no eres una persona equilibrada, pero siempre he sido la misma. He permanecido fiel a mi vida y, por eso, he podido resistir todas las maldades, todos los ataques.” Se refiere a las críticas que le han caído por parte de la prensa “progre” de Italia, por ser cristiana, por reconocerse católica y manifestar públicamente su fe. Es una mujer feliz que inyecta a sus lectores lozanía y optimismo, está muy segura del terreno que pisa y lo hace con seguridad.

Hazte socio

También te puede gustar