El Templo de Salomón. Historia y mito , de William J. Hamblin y David Rolph Seely

Cuando en el año 70 d.C., los romanos destruyeron el Templo de Jerusalén no sólo acabaron con el orgullo de la religión ju…

Cuando en el año 70 d.C., los romanos destruyeron el Templo de Jerusalén no sólo acabaron con el orgullo de la religión judía, sino que además desencadenaron una de las aspiraciones más omnipresentes en las historia. A lo largo de este magnífico libro, los autores repasan el sentido de los santuarios de la antigüedad, para resaltar los antecedentes del Templo en el Tabernáculo revelado a Moisés, en el Monte Sinaí, que debía contener el arca de la Alianza. El Tabernáculo estaba constituido por una tienda que seccionada en dos partes, contenía una de ellas el altar para los sacrificios y la otra, se dividía a su vez en el Santo y el Sancta Sanctorum. El Santo contenía tres objetos: la mesa de los panes de la Presencia, el altar para la quema de incienso y el candelabro. Un velo separaba el Santo del Sancta Sanctorum. En éste estaba el arca de la Alianza, y en ella se custodiaban las reliquias del éxodo: las Tablas de la Ley, maná y el báculo de Aarón.

La construcción del Templo en Jerusalén, por parte de Salomón, no dejó de ser una reproducción en piedra del Tabernáculo. Desde entonces el Templo ocupó un lugar central en el la vida de Israel y sufrió sucesivas destrucciones y reconstrucciones. El Templo de Salomón, construido el 968 a.C., fue destruido por los babilonios en el 586 a.C.; el Templo de Zorobabel fue una reconstrucción del anterior en el 515 a.C. que sería desmantelado y reemplazado por Herodes en el 19 a. C. Este es el que sería destruido por lo romanos. Ante la destrucción del Templo y la diáspora judía, el pueblo de Israel desató numerosas corrientes espirituales, entre ellas la de los esenios, que sustituyeron la idea del Templo por la de la propia comunidad judía. El propio cristianismo retomaría muchas ideas templarias y, así, las iglesias cristianas, se configuraron en torno a la idea del Templo, sus rituales y esencialmente el sacrificio. El mismo Jesucristo estuvo profundamente vinculado al Templo y en el momento de su muerte se rasgó el velo del mismo. Las connotaciones de este hecho, así como otros en la vida de Jesús, como la institución de la eucaristía, son evidentes.
También el Islam tiene una relación íntima con el antiguo Templo. La primera mezquita construida por Omar en el lugar del Templo se levantó –dicen- sobre la piedra sobre la que se asentaba el Sancta Sanctorum del antiguo templo. Este lugar es el que ocupa la actual mezquita de Al-Aqsa, llamada la cúpula de la Roca. La apocalíptica judía, cristiana y musulmana está entrelazada en torno al Templo. Lo que para los musulmanes es una restauración del Templo de Salomón (la mezquita de Al-Aqsa), para los judíos es una abominación que sólo se resolverá con la restauración del Templo y sacrificio judío. Para los cristianos, este templo, su profanación y restauración, también ha de ocupar un lugar preeminente al final de los tiempos. Dejamos al lector que disfrute con este libro que, por cierto, cuenta con más de doscientas fantásticas ilustraciones.
William J. Hamblin y David Rolph Seely
El Templo de Salomón. Historia y mito.
Traducción de David Govantes
Akal
223 páginas
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