El terrorismo islamista y nuestras debilidades

Una Europa atemorizada es presa fácil para el chantaje del miedo Una Europa atemorizada es presa fácil para el chantaje del miedo

Después de la muerte y el miedo desencadenado en París, y de la forma como se ha llevado a cabo, la pregunta es obligada. ¿Amenaza realmente el Estado Islámico (ISIS) a Europa? La respuesta es que sí, pero sólo debido a nuestras debilidades más que a su fuerza, basada en la sangre de los inocentes, porque el terrorismo por nocivo que sea, si solo conlleva actos aislados que emprenden pequeños grupos, acaba agotándose en sí mismo. Otra cosa es cuando posee capacidad de crecer, llegando a controlar territorios y barrios, pasando de unas decenas o pocos cientos a unos miles de terroristas; el esbozo de un ejército. En Europa, ETA y todas las organizaciones de este signo nunca pasaron de la primera fase, excepto el IRA, que si lo consiguió. Pero este crecimiento se alimenta tanto de su fuerza como de las debilidades del adversario.

El terrorismo islamista tiene un objetivo a corto plazo: disuadir a Europa de su intervención militar en Oriente Medio. Sería un gran éxito y pueden pensar que está a su alcance. El atentado de Madrid y la ulterior retirada militar de Zapatero está grabada en el cerebro estratégico de la yihad. Una Europa atemorizada es presa fácil para el chantaje del miedo, sobre todo si presenta señales de debilidad, de decadencia. De desintegración, por utilizar el concepto de Toynbee en su Estudio de la Historia. Y tales signos están a la vista y son clásicos. Uno es el rechazo del futuro concretado en la incapacidad psíquica o moral para tener hijos, hasta el extremo de significar el envejecimiento y la reducción de la población. Es la situación de Europa, con España, y Cataluña a la cabeza, con escasas excepciones: Irlanda, Francia, Suecia y Noruega, y para de contar. La otra causa surge de la hegemonía de la cultura desvinculada, caracterizada por un hiperindividualismo hedonista y narciso, que persigue el sentido de la vida mediante la realización del deseo, genera unos elevados costes sociales y causa la crisis moral; es decir, la dificultad social para llegar a consensos sobre el bien, lo justo, y lo necesario.

Tonybee sostiene que suele ser común en los cambios de civilización la existencia de un proletariado, interno y externo, que comparten una “Iglesia Universal”. Es demasiado sencillo para ser real, aplicar el diagnóstico a los musulmanes, europeos y del exterior, y el Islam. Pero no deja de ser una buena advertencia para corregir las cuatro decisivas tendencias destructoras: La dinamización de una parte del Islam europeo hacia el islamismo de la yihad, el suicidio demográfico, la disgregación política de Europa, y la cultura de la desvinculación.

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