El título de familia numerosa

Hace tiempo que deseo afirmar algo sobre ello. Ha llegado el momento pues hoy 25 de marzo de 2014 he perdido definitivamente, junto con mi esposa, la…

Hace tiempo que deseo afirmar algo sobre ello. Ha llegado el momento pues hoy 25 de marzo de 2014 he perdido definitivamente, junto con mi esposa, la condición de titular del carnet de familia numerosa.

En pleno boom de la generación llamada del baby boom se promulgó la normativa reguladora de la protección a la familia numerosa. (Ley 25/1971 de 19 de junio). Era obvio. Soy el hijo mayor de una de ellas.

El notable beneficio llegó más tarde. Llegó cuando fuimos nosotros (mi esposa y yo) un ejemplo social en Democracia de familia numerosa. Transición, Partidos Políticos y Constitución. Aparentemente situación mejor. En realidad no fue así. Mi madre con siete hijos no trabajó nunca fuera del hogar; mi suegra con ocho, tampoco. Somos hijos de clase media y padres de clase media.

Mi esposa ha trabajado siempre fuera del hogar. La situación económica cambió sustancialmente a finales de los años 70 del siglo XX. Pero mi esposa no pudo hacer como nuestras madres. El esquema económico de ajustarse en los gastos domésticos era exactamente el mismo. Pero socialmente no se daba el mismo ideario. Ella y yo en nuestras respectivas etapas escolares teníamos compañeras y compañeros de familias con varios hermanos y algunas numerosas.

Para continuar nosotros, adaptados al devenir del último tercio del siglo XX, por la misma senda que recorrieron nuestros padres, era preciso por una parte fidelidad al Magisterio de la Iglesia mediante el autoconocimiento de la Doctrina Moral en lo sexual que nadie nos enseñó en nuestra juventud y, por otra, adaptación a los cambios estructurales, incluídos los pastorales del aggiornamento (es un modo de decir para no criticar).

Digo autoconocimiento pues la predicación en el templo de la doctrina de 1968 contenida en la encíclica Humanae Vitae ha sido y es nula. Fue preciso ir a contracorriente en eso fuera y dentro del templo. Ahora me sonrío pues no ha sido tan difícil. Junto con el mejor (es un decir) nivel de vida fue preciso navegar en la vida a contracorriente pastoral. Pues o bien uno elige prácticas sexuales conyugales anticonceptivas sin conciencia eclesial generalizada de pecado, o bien, con un mayor conocimiento en la materia que nuestros padres, asumes el reto del trabajo remunerado compartido fuera del hogar como factor económico familiar. Pero con la fidelidad a la doctrina de siempre y el aprendizaje del cómo. En nuestro caso aprendizaje día a día de la sexualidad conyugal mediante el conocimiento exacto de las 36 horas científicas que en todo ciclo menstrual se da la ovulación. ¿Saben Vds. esto último? Pues nadie lo refiere. Conociendo eso ya sabes lo que debes hacer. Y ya sabes lo que pasa si no lo haces. En el mejor de los casos posibilidad de un nuevo embarazo. Entiendes en primera persona del plural qué quiere decir abstención. Entiendes también el verdadero significado de la palabra generosidad. Nos bastó un sencillo libro de bolsillo para aprender este cómo. Aprender las aportaciones científicas del matrimonio australiano Dr. y Dra. Billings.

Ésta, la generosidad, se da tanto si te abstienes como si no. La diferencia es el grado de conciencia que adquieres pues sabes en todo momento si un embarazo es previsible o no. Obviamente esto inquieta poco a todo aquel y aquella que se mira en el ombligo de su propia satisfacción placentera y no entiende o rechaza la cooperación a la obra creadora de Dios. También cuando por debilidad no se sabe decir que no. Las farmacias están al alcance y no hay condenas para nadie. No pasa nada. También lo están, si se quiere, los confesionarios. Éste es el reto: saber decir que no. Con examen personal de la propia conciencia. En muchos momentos te coloca contra las cuerdas. Los discursos clericales pueriles del sé bueno y reza más de poco sirven sin la formación doctrinal y la información científica. Tampoco los cursillos como no sean personalizados. Y menos aún los programas organizativos sobre el número ideal de hijos. En cierta ocasión leí que cinco. Pero desde mucho antes existe el mandato bíblico divino creced y multiplicaros y henchid y dominad la tierra. No es el número sino el modo de vivir la abstención sexual, su cuándo y su porqué. Eso se aprende en el día a día, con momentos de dificultad, de lucha interna y también de donación mutua esponsal. El conjunto es la realidad de lo que Dios ha hecho y hace a través nuestro: los hijos.

No es suficiente con tenerlos. La misión de los padres es mantenerlos y educarlos. Educar no es manipular. Es enseñar en casa. Es conducir, orientar y acertar como padres en aquel ámbito, el escolar, que complemente el del hogar. Éste, el escolar, es siempre un complemento. No una sustitución o una dejación del rol de padres a otros. No se trata tanto de fascinarse por aquel maestro, maestra, profesor, profesora, director, directora o colegio como el hecho de que todos ellos se fascinen por aquel padre, aquella madre, aquel hijo o aquella hija.

La educación instructiva tiene un coste económico. En Democracia se ha mantenido y mantiene -ampliando su efecto benefactor (reducción en número de hijos, familias monoparentales, etc.)- esa Ley de 1971. Gracias a ello nuestros seis hijos han cursado los estudios musicales en grado elemental y cuatro de ellos todo o parte en grado medio. No es baladí lo que digo. Son también ex alumnos de escuela municipal de música y conservatorio municipal de música. Cuando cursaron estos estudios el coste era tripartito: un tercio el Ayuntamiento, otro tercio la Generalitat y el tercer tercio los padres. El beneficio del carnet de familia numerosa hizo posible afrontar el gasto. Los instrumentos musicales de baratos nada. Se pagan cash.

Más adelante se dieron dos gastos notorios en paralelo: Las matrículas universitarias y el transporte público. Gracias al título de familia numerosa ha sido posible afrontarlos. Lo menos que puedo hacer es manifestar públicamente mi gratitud. La mayor es Grado Medio de Piano y Grado Superior de Canto; la segunda, Licenciada en Bellas Artes; la tercera con módulo profesional realizado y cursando ahora estudios universitarios; el hijo, Licenciado en Derecho; la quinta, enfermera y la sexta, Licenciada en Pedagogía. Todo hijo pierde la condición de hijo incluido en el Título de Familia Numerosa al cumplir 26 años. Se prorrogan de los 21 a los 26 los beneficios dando tiempo así al término de los estudios superiores.

La Ley 40/2003 de 18 de diciembre regula la protección a la familia, con una modificación posterior en la Ley 40/2007. Nuestro título es del año 1996. Nuestros hijos son ex universitarios o con estudios profesionales o artísticos finalizados, incluida la única hija menor de 26 años todavía residente en nuestro hogar.

Esta noticia que sigue refleja muy bien la situación actual de la familia numerosa en España. La fotografía que la acompaña también. Y la del título BCN 1533 de 1996 todavía más.

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=28786&id_seccion=23

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