El trabajo mal hecho parece tener presente

He tenido la desagradable experiencia de tenerme que dar de baja de un teléfono fijo. Mi relación con una multinacional de la telefon&ia…

He tenido la desagradable experiencia de tenerme que dar de baja de un teléfono fijo. Mi relación con una multinacional de la telefonía ha sido decepcionante y desesperante. He hecho más de unas ocho gestiones telefónicas y el tema no está todavía resuelto. Lo que he encontrado más preocupante es, al final de mi gestión, el interés que tenía esta compañía para saber si su atención telefónica había sido correcta, pero en ningún momento me preguntaban por su eficacia. Tengo que reconocer que los operadores eran muy atentos y amables en todo momento, pero la mayoría de ellos poco eficientes porque no resolvían el tema o transmitían indicaciones contradictorias. Sin mencionar los casos que no podían continuar en su gestión por caída del sistema operativo. Ahora, después de casi un mes de gestiones, parece que el tema está realmente enfocado. Al menos esa es mi impresión.

Este largo preámbulo me sirve para reflexionar sobre la poca eficiencia de algunos servicios que las modernas empresas prestan telemáticamente. Por economía de esfuerzos parece que todas las gestiones deben hacerse telefónicamente. Cada vez que he ido a una tienda de esta multinacional, han sido tres, no me han resuelto el problema que tenía. En dos ocasiones no me han querido atender porque me decían que la gestión debía ser telefónica y en otra ocasión no podían hacerlo porque también se les había caído el sistema. Un desastre. ¿El problema real de las empresas en este país es su baja competitividad o es una cuestión más profunda?, ¿cómo pueden competir las empresas que hacen mal su trabajo? Años atrás un afortunado eslogan de la Generalitat era “El trabajo mal hecho no tiene futuro, el trabajo bien hecho no tiene fronteras”. Hoy, creo que más de una empresa parece no hacer caso de este lema.

Cuando ocurren estos problemas, o se vive un problema de baja competitividad de las empresas, la respuesta más oída es: hay que hacer más formación. Pero, ahora, también esta recomendación está cuestionada por el fraude masivo descubierto en Madrid en relación a la gestión de procesos formativos subvencionados. En un primer momento, las investigaciones han determinado que el fraude proviene de los empresarios que parece que cobraban por unos cursos que no se hacían nunca con formadores inventados y participantes ficticios. Probablemente, cuando las investigaciones avancen, se descubra que el fraude es más intenso, tanto en extensión como en profundidad. Seguramente hay más personas corruptas en el amplio mundo empresarial, porque seguro que hay más de un empresario que ha visto que la formación continua de los trabajadores era un chollo para forrarse con total impunidad. Pero también hay que investigar cómo esto ha sido posible y cuáles son las necesarias complicidades para que esto sucediera. Especialmente dentro del sistema de formación continua, donde las decisiones están basadas en la concertación entre las partes empresariales y sociales.

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