El truco del laicismo

Para nuestra mentalidad europea puede resultar incomprensible que, en el país de los derechos civiles y el activismo judicial, la clase política no se…

Forum Libertas

Para nuestra mentalidad europea puede resultar incomprensible que, en el país de los derechos civiles y el activismo judicial, la clase política no se ruborice al expresar sus convicciones religiosas en público.

No se trata únicamente de Ge­orge W Bush, también otros presidentes han sido religiosos. Es más, tanto demócratas como republicanos nunca ignoran el peso que, en el sistema democrático estadounidense, adquieren los valores morales, tal como explicó hace ya dos siglos Alexis de Tocquevi­lle.

En la historia más reciente destacó el duelo entre Ken­nedy y Nixon. En 1960 Nixon te­nía el apoyo de las principales confesiones protestantes. Argumentaban que ellas eran las fundadoras de los Estados Unidos en contraposición a los inmi­grantes católicos que habían llegado después.

Los nativistas protestantes afirmaban que los católicos, al depender de una institución extranjera como la Santa Sede, no podían considerarse ciudadanos americanos. Y si no eran ciudadanos tampoco tenían el derecho de sufragio.

Pero Kennedy superó estos argumentos y acabó ganando las elecciones. Entre otras razones porque en las entrevistas y mítines iteraba que el ser católico no le impedía cumplir con las exigencias democráticas, y que votarlo significaba una prueba de madurez política.

Primera potencia mundial y país de recalcitrante policromía social, en la actualidad una buena dosis de la Culture War se concen­tra en el escenario edu­cativo. Es en las escuelas donde se está librando la batalla entre la visión creyente y la secular, ten­dencia ideológica contraria a los monoteísmos tradicionales. Recuerden la polémi­ca contraposición entre el Diseño Inteligente –sustitutivo del Creacionismo– y las teorías del evolucionismo de Charles Darwin.

En Europa los ecos de nuestra particular Culture War resuenan también, especialmente en España: la asignatura de Educación para la Ciudadanía sería un ejemplo. Llevada a su extremo, y de marginarse las aportaciones del cristianismo, estaríamos ante una versión más propia del “truco del laicismo”.

¿En qué consiste? A grandes rasgos se apela a la indiferencia religiosa de las leyes, abonándose el terreno para que las instituciones públicas –por medio de una especie de “clero ideocrático”– acabe imponiendo un nuevo tipo de “ confesionalismo” que no es religioso, sino ideológico.

El resultado de esta clase de políticas fue intuido por John Stuart Mill en su ensayo Sobre la libertad: «El valor de un Estado, a la larga, es el valor de los individuos que lo componen […] un Estado que empequeñece a sus hombres, a fin de que puedan ser más dóciles instrumentos en sus manos, aun cuando sea para fines beneficiosos, hallará que con hombres pequeños ninguna cosa grande puede ser realizada.»

Con la educación nos jugamos el futuro de la sociedad. En un mundo globalizado sólo se mejorará si preparamos a nuestros jóvenes no para la mediocridad obediente, sino para la libertad, para hacer, en definitiva, grandes cosas.

Hazte socio

También te puede gustar