El verdadero choque de civilizaciones

El hecho de que un presidente del Gobierno aparezca en la portada de la revista que constituye el buque insignia de la homosexualidad, justo después q…

Forum Libertas

El hecho de que un presidente del Gobierno aparezca en la portada de la revista que constituye el buque insignia de la homosexualidad, justo después que cientos de miles de personas salieran a la calle el 18 de junio y junto al dato de que se niegue a recibir al Foro de la Familia, es una manifestación aguda de beligerancia. Si el artículo de José Luis Rodríguez Zapatero en dicha revista es examinado en el contexto de publicidad y artículos que ofrece la misma, que en algunos casos son literalmente pornografía pura y dura con independencia del sexo de quien la practique, se llega a una conclusión inquietante. El examen de esta revista, prácticamente un número monográfico teóricamente dedicado al matrimonio homosexual, pone de relieve la obsesión por la relación sexual, y más explícitamente porque así lo presentan sus editores, por el coito anal.

Es una concepción tan obsesivamente genital que sorprendería en cualquier publicación de cualquier grupo, y sirve para poner de relieve el fenómeno que hoy por hoy domina la agenda política española. Transformar esta cuestión en un debate sobre pretendidos derechos es de una demagogia tan extraordinaria que necesariamente tendrá un coste grave para la sociedad española. En este sentido, Zapatero se comporta como un gobernante irresponsable al alimentar y avalar con su persona una cultura que, mírese como se mire, no tiene encaje sin graves distorsiones en lo que es la sociedad occidental. También debería llamar la atención, de quienes promueven el matrimonio gay sin serlo, esta obsesión de los grupos del homosexualismo político y sus medios de comunicación por el sexo entendido en su sentido más primario. Algo no debe encajar cuando una dimensión natural de la persona se convierte en la única dimensión.

 

Ahora, durante una serie de días, nuestra sociedad se verá alimentada por la celebración de esta insólita conmemoración que se llama, en una mala traducción del inglés, “día del orgullo gay”, el título ya revela una pretensión excesiva. Ningún maltrato histórico, que ha existido, puede justificar que un grupo se manifieste como orgulloso de su condición porque, si es “natural” como dicen, no tiene ningún mérito. Sería como manifestarse orgullosos los rubios de ojos azules. Sólo si es una actitud deliberada la voluntad de promover y ser una cosa, podría interpretarse como coherente la utilización del concepto de orgullo. Pero en este segundo caso, su propio enunciado revelaría una voluntad de ofensiva, de imperialismo cultural y social sobre el resto de la sociedad. Ya se apunta mucho de ello cuando los dirigentes homosexuales y los políticos que les aplauden razonan en términos hiperbólicos a favor de la pareja homosexual presentándola como superior a la formada por un hombre y una mujer. Y este mismo discurso es recogido por nuestra televisión presentando siempre unas categorías humanas de los homosexuales llenas de virtudes y unos maridos, padres, a quienes les corresponde siempre el papel de malvado, neurótico, crisol de todos los defectos.

 

Habría sido mucho más sencillo buscar el resolver determinadas cuestiones de las parejas homosexuales en el marco de una legislación sobre uniones de convivencia que dejase al margen las razones de esta convivencia. Ahora, por voluntad de Zapatero, por su empeño, se ha abierto un conflicto en la sociedad española que va a ir a más porque es un conflicto de culturas, de civilización. Es el proyecto de ‘homosociedad’ como estadio superior de la sociedad de la desvinculación, contra la civilización de la comunidad responsable. Un choque que el Gobierno ha convertido en necesario y que sería responsable atenuar, evitar. Pero para eso, se requieren unas rectificaciones por parte de los autores del desatino que hoy por hoy resulta ingenuo esperar. Va a haber conflicto.

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