El verdadero choque de civilizaciones

El partido demócrata musulmán que gobierna Turquía y se afana por su incorporación a la UE, ingresará como observador en el Partido Popular Europeo, l…

El partido demócrata musulmán que gobierna Turquía y se afana por su incorporación a la UE, ingresará como observador en el Partido Popular Europeo, la misma organización a la que pertenece, por ejemplo, el PP o Unió Democràtica de Catalunya y que agrupa a los principales partidos demócrata cristianos. ¿Cómo es posible explicar esta elección, cuando precisamente en el PPE se encuentran fuerzas, como la Unión Cristiano Demócrata alemana, muy críticas con la incorporación de Turquía a la UE? La razón aducida es la identidad en el sistema de valores compartidos que el Islam democrático turco antepone a otros motivos; eso que Charles Taylor denomina “bienes intensamente valorados”, estrechamente relacionados con las fuentes morales. El Islamismo democrático prefiere un “club” político de inspiración cristiana.

La apuesta turca relativiza el tipo de choque de civilizaciones augurado por Samuel Huntington, cosa perfectamente plausible. Constatado el hecho apunto otro: hay un verdadero choque de civilizaciones, pero surge de la sociedad occidental. No es bélico pero sí es real. Se contraponen y pugnan hoy dos concepciones culturales y morales que darán paso a uno u otro tipo de civilización; se hace notar en Cataluña y será generador de profundas transformaciones.
 
Son contraposiciones visibles:

A.- Un proyecto en el que el deseo individual es el principio rector de toda lógica personal, social, y política, porque se cree que la realización de la persona sólo responde a la satisfacción del deseo y no puede quedar condicionada por ningún vínculo ni compromiso con nada ni con nadie. Esta concepción choca con el otro modelo, que considera que la responsabilidad personal y colectiva es el fundamento de la realización porque la persona sólo se construye en el marco de sus vínculos, voluntarios (por ejemplo el matrimonio) o involuntarios (por ejemplo la familia o la nación). En él juegan un importante papel la valoración del esfuerzo y del sacrificio.

B.- El indiferentismo moral sobre comportamiento e instituciones, que se traduce en neutralidad del Estado (en parte teórica porque en la práctica se prima la cultura de la transgresión como factor de imposición del modelo) entre las concepciones del bien de sus ciudadanos, porque todas ellas tienen que ser igualmente legitimadas. Esta ideología se enfrenta con la civilización que considera necesaria la protección y fomento de los modelos e instituciones socialmente valiosos.

C.- La ciencia y la técnica extrapoladas en la categoría de ética colectiva garante de las mejores soluciones, contra la concepción que surge de las fuentes morales nacidas de la cultura religiosa, y del reconocimiento de un orden o ley natural, de la tradición, la historia y el derecho consuetudinario.

D.- Los tres antagonismos precedentes dan lugar a dos proyectos contrapuestos de vida en común. Uno es la Sociedad de la Desvinculación formada por individuos que persiguen su realización personal, sin limitaciones de vínculos y compromisos, donde la nación se entiende fundamentalmente como un contrato social que presta servicios. En esta lógica, cuanto mejores son los servicios, “mejor” es la nación y, consecuentemente la función básica del ciudadano consiste en exigirlos y la razón esencial del Estado y las autonomías es darlos. Los vínculos son individuales entre cada ciudadano aislado y el Estado. La familia en este concepto queda reducida a una “unidad de convivencia” formada por la simple agregación interesada de individuos, y que por lo tanto ya no tiene por que ser durable ni sostenible, ni responder a ningún canon, excepto el de satisfacer las diferentes expectativas y deseos individuales. Su existencia está sólo en función de estos deseos y expectativas.
 
Frente a este modelo la concepción antagónica es la Comunidad Responsable, que considera que la persona necesita de la comunidad para realizarse y, por lo tanto presupone la existencia de vínculos y compromisos fuertes, y una educación dirigida a hacerlos sostenibles y sólidos. La función del Estado es facilitar a la comunidad y las personas el ejercicio de su responsabilidad y los medios para mantener el vigor de los vínculos.

E.- La consecuencia del primer modelo es la burocracia de la Despersonalización. Dado que los individuos están cada vez más aislados se hace necesario que el Estado sea más y más prestatario de servicios y atenciones a las personas. Así la administración progresivamente se responsabiliza de resolver las carencias sociales que la sociedad desvinculada genera. Confrontado a este modelo, la Comunidad Responsable necesita del principio de subsidiariedad para tener éxito. Se trata que el Estado facilite a las personas y sus comunidades los medios para desarrollar con plenitud sus responsabilidades, limitando su intervención a aquello que las comunidades no pueden realizar.

La sociedad está impregnada de este choque sin resolver y de resultados desiguales, si bien existen ámbitos que se inclinan más en razón de su lógica interna a uno u otro tipo de modelo. El tripartito ejemplifica bastante bien el discurso de la desvinculación, pero hay mucha gente entre los electores que tiene como código y horizonte el modelo opuesto. En el mundo empresarial pugnan las dos concepciones y dan lugar a políticas diferenciadas. La misma Iglesia, pese a ser la fuente moral que alimenta la cultura cristiana, se ve inmersa en la pugna de la desvinculación y la satisfacción del deseo personal, del cual la secularización y el subjetivismo es su manifestación religiosa.

En este contexto las dificultades de nuestro tiempo no nacen sólo del conflicto entre ambos, sino de la mezcla a la hora de aplicar soluciones con componentes que son incompatibles porque pertenecen a modelos contrapuestos. El camino conduce a la sociedad de la aporía.

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