El viajero y su perro

Esta semana Esopo nos muestra con El viajero y su perro algo que suele ser muy común en nuestros tiempos: proyectar en los demás nuestro…

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Esta semana Esopo nos muestra con El viajero y su perro algo que suele ser muy común en nuestros tiempos: proyectar en los demás nuestros propios errores. Cualquier cosa menos reconocer que nos hemos equivocado.

El viajero y su perro

“Un viajero listo para salir de viaje,

vio a su perro en el portal de su casa estirándose y bostezando.

Le preguntó con energía:

-¿Por qué estás ahí vagabundeando?,

todo está listo menos tú, así que ven conmigo al instante.

El perro, meneando su cola replicó:

– Oh patrón, yo ya estoy listo,

más bien es a ti a quien yo estoy esperando”.

Mi apreciado amigo Esopo. Sabio análisis de la psicología del perezoso. Aunque en este caso no sé a quién culpar, si al perro, siempre preparado y a la espera de la voz del amo, o al patrón que quería haber salido pronto y sin ganas de madrugar, está preparado a media mañana.

Perezoso o no perezoso, tanto el perro como el patrón nos enseñan que "yo nunca tengo la culpa; el culpable siempre es el otro": el compañero de trabajo, la mujer, el perro, las circunstancias y un interminable etcétera. Nos cuesta mucho reconocer, simplemente, que no somos perfectos, que nos equivocamos, y que es más hermoso pedir perdón que culpar a los demás. Oímos muchas veces: "humanum est errare"; habría que añadir: "divinum dimittere", es divino perdonar.

El perezoso siempre culpa de los retrasos a sus seres más cercanos.

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