¡Él vive!: la Resurrección en la pintura occidental

La Resurrección es el punto culminante de la fe cristiana que da sentido a la existencia humana, camino hacia la vida definitiva con Dios, eternamente…

La Resurrección es el punto culminante de la fe cristiana que da sentido a la existencia humana, camino hacia la vida definitiva con Dios, eternamente. Cristo resucitó: ése es el punto esencial de la fe cristiana.

Encontramos un evidente desacuerdo entre los Evangelios canónicos y los apócrifos, que cambian las circunstancias, el número de las mujeres que llegan al sepulcro, los ángeles que anuncian la Resurrección, además, en los apócrifos se confunden y relacionan la Resurrección y la Ascensión. No así los Evangelios canónicos, que narran múltiples apariciones y milagros, y la subida del Señor a los cielos, a los cuarenta días de resucitado. Jacobo della Voragine, en su obra “La Leyenda Dorada”, en el siglo XIII, narró con detalle la historia, la tradición y la piedad popular.

Como las fuentes de inspiración son diversas, también lo es la gran variedad en las representaciones iconográficas, cargadas de simbolismo y de mensaje doctrinal.

Símbolos de la Resurrección

La cruz desnuda es símbolo de la Resurrección. La Cruz coincide con el estandarte, también símbolo de Cristo victorioso sobre la muerte.  La "Biblia moralizada", y la  “Biblia Pauperum” presentan cinco escenas que se identifican con la resurrección: José, hijo de Jacob, liberado de la cárcel para presentarse ante el faraón, anuncia a Jesús que sale del sepulcro en presencia de Dios Padre; Sansón da muerte a los filisteos como Jesús ahuyentara a sus enemigos; David huye de Saúl con la complicidad de su mujer, y Jesús está representado con los guardianes del sepulcro viendo la tumba vacía; Tobías sale ileso del tigre que lo iba a devorar; y Jeremías sale del pozo en el que estaba metido, y un largo etcétera. Todo son referencias claras a la Resurrección de Jesús.

En la Resurrección, las tres Marías, las santas mujeres, van hacia el sepulcro para llevar perfumes para el cuerpo de Jesús, y lo encuentran vacío. Son hechos cargados de simbolismo, porque acercarse al sepulcro a los tres días de la muerte de Jesús es una forma de demostrar que se mantiene la esperanza en la promesa de la Resurrección, que se quieren eliminar posibles dudas, que se quiere creer en algo difícil de creer, que se intuye la Resurrección.

La escena central de nuestro comentario es la figura de Cristo saliendo del sepulcro, la Resurrección. Es un hecho real, que ya se representaba en el siglo XI, basado en una necesidad y en una profunda fe popular, que representa Cristo saliendo del sepulcro, y más tarde, en el siglo XIV, Jesús aparece encima del sepulcro, como en plena Ascensión.

No estamos comentando solamente alguna obra de arte, comentamos la doctrina a través del arte, comentamos la teología de la Salvación, que junto a la tradición popular, permite una sensibilidad más próxima a los fieles y menos intelectual y doctrinal.

¿Sepulcro abierto o sepulcro cerrado?

En la Edad Media se polemizaba sobre si Cristo resucitó desnudo o con túnica, si los ángeles le removieron la piedra o fue Cristo quien lo hizo, si “renació” y por lo tanto el sepulcro estaba cerrado y Cristo apareció fuera como en la Encarnación, salido del vientre virginal “utero clauso”, y por lo tanto, “sepulcro clauso”.

Entre las diferentes representaciones de la Resurrección de Cristo destacamos cinco variaciones: Cristo que se levanta del sepulcro (Nicolás de Verdún, en el siglo XII); Cristo poniendo un pie sobre el sepulcro, tal como comentamos en la obra de Piero della Francesca, y también en Mantegna; Cristo que tiene una parte del cuerpo y del pie, fuera (varios retablos y grabados de la escuela alemana de los siglos XIV y XV); Cristo que está delante del sepulcro (como en la obra de Holbein y D. Bouts), y Cristo que está levitando, que asciende sobre el sepulcro como en los bronces y relieves de Ghiberti, Luca della Robbia, Fernando Gallego y Durero, y en las pinturas de Il Perugino.

Después de la Contrarreforma, la Iglesia concretó los temas iconográficos, y con diferentes escritos y tratados del siglo XVII, se pensó en la representación de Cristo delante del sepulcro o sobre la tumba sellada.

Algunos analistas critican la dormición de los soldados que custodiaban el sepulcro como una imagen desidiosa del ejército romano, una falta grave de disciplina, un incumplimiento del deber, por eso, uno de los soldados, por lo menos, debía ser representado despierto. Para algunos, no podía haber testigos de la Resurrección, sólo Cristo debía ser el único protagonista; no podían representarse ni la Virgen, ni los soldados, ni un perro por los alrededores.

Las mejores representaciones arrancan del siglo XIV con Giotto; más tarde Fra Angélico, Perugino, Piero della Francesca, Durero, Grünewald, Tintoretto, El Greco (con representaciones soberbias), Veronés y Annibale Carracci, ya en el siglo XVII.

Otras "cristofanías especiales": la Transfiguración y la Ascensión

Algunos autores sitúan la Transfiguración del Señor como una escena entre la Resurrección y la Ascensión, aunque se trata de una escena anterior a la Pasión, Es una “Cristofanía”, una manifestación de Cristo, anterior a la muerte, pero parece que encaja mejor y cobra un sentido más profundo entre las “Apariciones” de Cristo después de la Resurrección. Es evidente que es una escena dentro del ciclo de la Glorificación de cristo, una escena trinitaria narrada con detalle por Mt. 17, 1-13; Mc, 9, 1-12; y Lc, 9, 28-36 y con una base doctrinal del Antiguo Testamento cuando Moisés baja del monte Sinaí, EX, 24,9; 34, 29.

Para San Agustín y Santo Tomás, cobra un nuevo significado, porque se trata de una Teofanía, la manifestación de la Trinidad, el Padre, Dios, proclama solemnemente que Jesús es su Hijo, y lo proclama en medio de una nube luminosa que simboliza el Espíritu Santo.

La Ascensión es la última de las apariciones, independiente de la Resurrección y dogma de fe para los creyentes. Las fuentes doctrinales se encuentran en el Evangelio de San Lucas, Lc, 24, 50-53; y en los hechos de los Apóstoles, Hc 1, 9-12.

San Lucas es breve en su narración, pero contundente, dice que después de la aparición a los once, Jesús se separó de sus discípulos y se elevó a los cielos.
Los textos sagrados han inspirado las obras, porque la Resurrección y la Ascensión se narran con estilo parecido, en ambas escenas aparecen los dos ángeles con vestiduras blancas, y en los primeros tiempos se creía que Resurrección y Ascensión eran una misma escena, un hecho simultáneo, hasta que se definieron con claridad y cada dogma cobró su propio protagonismo.

La Resurrección, vista por Piero della Francesca

La Resurrección de Cristo, pintada por Piero della Francesca, es una obra realizada entre 1463 y 1465, que mide 225×200 cm. Es una pintura autógrafa, pintada al fresco que se encuentra en la Pinacoteca Municipal de Borgo Sansepolcro, lugar de nacimiento de Piero hacia 1415. Los personajes son semejantes a la figura de un devoto de “La Virgen de la Misericordia”.

Es una obra cargada de simbolismo en la que Cristo resucitado se presenta victorioso y potente ante los soldados dormidos. Dos soldados, están dormidos profundamente, un tercero, a nuestra derecha, pierde el equilibrio ante el prodigio que está sucediendo, y otro, a nuestra izquierda, se tapa los ojos, no puede seguir mirando.

Para algunos críticos, Cristo resucitado fue representado así, porque es el protector de Borgo Sansepolcro, y asume el protagonismo de centinela ante la ciudad dormida. Los árboles a la izquierda de la obra, están secos, y los de la derecha, verdes y floridos, símbolo de la primavera permanente, la vida en Cristo, la Resurrección. Es la obra más lograda de Piero, según las opiniones de Vasari.

Piero della Francesca trabajó esta obra con dos puntos de visión, uno, a la altura del sepulcro, a nivel de las cabezas de los guardianes, entre las que aparece el pie izquierdo de Cristo, seguro y potente; y un segundo centro de visión, el rostro maravilloso y sereno de Cristo, que está, también físicamente, en otro plano, por encima del mundo. Es un Cristo resucitado que refleja la eternidad y la gloria permanente, ante un paisaje luminoso, pero muy austero y simple.
 
La Resurrección de Giotto (S.XIV)

Giotto realizó una Resurrección muy original, en 1302-1305. Es una pintura al fresco, en los muros de la Capilla de los Scrovegni en Padua y pertenece a la serie de las Historias de Cristo. La obra mide 200×185 cm. Esta obra también se conoce como el “noli me tangere”, que son las palabras de Cristo resucitado cuando se aparece a la Magdalena. Es una escena doble, en la que se presenta la Resurrección y la aparición de Cristo a la Magdalena. La doble escena tiene una estructura parecida al “Llanto por el Cristo muerto”, también de la Capilla Scrovegni.

A la izquierda de la composición, los soldados que vigilaban el sepulcro, yacen dormidos profundamente, y encima, sentados sobre el sepulcro, dos ángeles con vestiduras blancas y adornos dorados, uno de ellos, en el centro de la imagen, alado.

A la derecha de la imagen, Cristo resucitado, glorioso, luciendo una túnica como los ángeles, blanca con adornos dorados, blandiendo en su mano izquierda el estandarte glorioso con la cruz dibujada. Cristo nos muestra las heridas de las manos y de un pie, y se dirige a la Magdalena, que está arrodillada en el centro de la imagen, orando y en actitud de súplica. Un paisaje austero, que asciende de derecha a izquierda, y en la parte superior, un fondo azulado, oscuro. Gran contraste entre la parte superior, oscura, y la parte inferior, combinando ocres y colores claros, con los personajes de la escena.

La distribución de los soldados da una sensación de volumen y verticalidad, porque dos soldados están tumbados, casi planos, y los otros tres, se han dormido sentados, apoyando sus cabezas en los brazos o en un escudo. Es un detalle que vemos repetido por Piero della Francesca y se trata de una composición que introduce el escorzo para dar vida y profundidad a la escena. Realmente, Giotto consigue varios planos en profundidad, con una técnica portentosa, siempre con la sobriedad de sus personajes, equilibrados y de gran belleza.
 
La Resurrección de El Greco (S.XVII)

El Greco, pintó este óleo sobre tela entre 1605 y 1610. Se encuentra en el Museo del Prado, en Madrid, y mide 275×127 cm. Es una obra sublime en la que las figuras se admiran, se precipitan en un juego de gestos y movimiento cuyo objetivo es dar realce y majestad a la figura central de Cristo resucitado, un Cristo poderoso y de gran serenidad, que triunfa sobre el pecado y sobre la muerte, y que aparece de la oscuridad irradiando luz, porque Cristo es la verdadera Luz.

El Greco utilizó colores muy vivos, de grandes contrastes, en los que la claridad de la figura de Cristo se combina con el manto rojo intenso, destacando la escena.
Cristo asciende con enorme fuerza y majestad, y las figuras que le rodean parece que asisten con cierto temor, con dramatismo y con una actitud devota al prodigio que se está realizando. Cristo, la figura central, se muestra sereno, lleno de paz, y contrasta con las demás figuras que están en movimiento, en torsión, con dramatismo.

Cristo es la luz, la paz, el cuerpo glorioso que aparece con fuerza de la tierra llena de oscuridad y contradicción. Esta obra parece un retrato de la espiritualidad y del sentido místico del artista, que demuestra la gran influencia orientalizante, bizantina, jerárquica, estilizada, pero de una gran expresión y sentido plástico.

Estas tres obras comentadas son un ejemplo de la riqueza del lenguaje artístico al servicio de la doctrina y de los dogmas, una demostración de que a menudo, la piedad popular y el sentido religioso del artista, se adelantan a los grandes planteamientos doctrinales y a las discusiones teológicas más profundas, porque el pueblo llano no sabe de latines sino de vivencias y de doctrinas claras.

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