El voto en democracia (y II): el sufragio constante

Si con un nuevo sistema de sufragio constante la estabilidad y los líderes fuertes no llegan será tiempo de recordar la clásica frase que díce que los políticos no son sino un reflejo de la sociedad

El voto en democracia: el sufragio constante El voto en democracia: el sufragio constante

“Vivimos en una democracia. Lo sabemos todos. Desde pequeños, con nuestro entendimiento corto e ideología política nula, somos dados de comer con esta gran afirmación. Desde pequeños nos dicen en la escuela que vivimos en una democracia y que democracia es ‘el poder del pueblo’, en griego antiguo. Cuántas veces hemos oído eso, sí, y digamos también, cuántas veces hemos oído a gente debatir e incluso mofarse acerca de la supuesta literalidad que la expresión sugiere. Cuántas veces hemos oído sobre descontentos con el llamado ‘sistema’, cuántas veces escuchado que esto es ‘una farsa’. ¿Es que acaso el ser humano no sabe lo que se pierde, desde dónde venimos? ¿Es que la gente no es capaz de conformarse? Sí. O mejor dicho, también. Porque lo central aquí es que aunque a muchos les gusta irritarse, quejarse e indignarse, muchas veces, con escenificada exageración, suele darse el caso que cuando la gente habla sobre algo, ese algo existe. Cuando hay quejas, siempre hay una parte de razón. Y, por mucho que se quiera esconder, cuando a uno le dicen que meter un papelito en una caja cada cuatro años no es poder del pueblo, sabe que es demagogia decir eso y que hay argumentos, y que se puede discutir; pero por otro lado en el fondo hay una pequeña aguja, una llamarada, que dice que es la verdad… En parte es cierto.

Cuando los políticos empiezan a maniobrar de forma electoral como si hubiera una especie de reglas de juego de la política y una forma de maximizar los resultados, cuando se ve claramente cómo sus políticas (o la falta de ellas) están en gran parte condicionadas por lo que llamamos ‘los tiempos’, que es una forma de decir que la ciudadanía es poco inteligente y olvidadiza (que bueno, al final lo será, porque sus estrategias tienden a funcionar), al final uno puede acabar pensando, si esto… ¿funciona como debería funcionar? Y bueno, ¿cómo debería funcionar entonces? Pues a lo mejor los políticos tendrían que hacer las reformas que se sabe, incluso ellos saben, que hay que hacer, sin tener en cuenta ‘el cuándo’ hay que hacerlas.

¡Hemos ganado las elecciones! Es el primer mes; crucial, la ventana del tiempo para hacer las medidas impopulares está abierta. Ahora no, es el tercer año y pico ya, si sacamos este tema nuestros “puntos de influencia política” podrían no ser los suficientes como para aguantar la embestida de la oposición en las elecciones. El sector auditor nos demanda una reforma de la ley así y así, pero no nos podemos permitir hacer estas reformas porque X, siendo X una variación del clásico temor político. Cálculos y complots, maniobras y maquinaciones.

Pequeña anécdota personal: Iba un alienígena por la Plaza Mayor de Madrid, maravillándose del mundo en el que acababa de aterrizar. Se giró y me preguntó sobre política. –¿Quién gobierna aquí? –Uno que elegimos cada cuatro años.– ¿Cómo sabéis quién es el mejor humano para gobernar?– Es imposible saberlo. La democracia sirve para poder echar a quien lo hace mal sin violencia de por medio.– Hm, de acuerdo. Pero si hace las cosas mal, ¿hay que esperar hasta los cuatro años para que se vaya? –Sí, siempre se ha hecho así– Pero si la democracia trata de que la sociedad tenga la facultad de decidir quién no está gobernando y los ciudadanos saben que no quieren a esa persona, ¿para qué esperar…?

¿Porque esperar? En realidad, ¿qué sentido tiene el número mágico de 4 años?, ¿o 6? Parece que estamos dispuestos a sacrificar un mayor control público en la política para que los gobernantes tengan más estabilidad. Pues la verdad, estaría muy bien, al menos como experimento, que no hubiera más elecciones generales. Que todo el mundo tuviera una cuenta estatal en internet. Que en esta cuenta hubiera un pequeño cuadro, cuya única, exclusiva y simple función fuera señalar el partido político al que se tiene votado. Y que al lado de este haya una opción, simple y pequeña también, en cuyo título haya escrita una sola palabra: ‘cambiar’. Y que cada cual pueda darle clic a esa opción todas las veces que quiera, cuando quiera.

Pero hay reformas que la gente no entiende de primeras y necesitan tiempo para calar. Hay momentos y retos que exigen a los gobiernos mucho tiempo y especial dedicación. Arrancar del sillón a un gobierno en plena reforma al final puede ser contraproducente. Además, ¿no llevaría todo esto a unas políticas mucho más cortoplacistas, si cabe? Cierto. Hay que establecer unos límites. Un gobierno entrante tendría que poder disfrutar de X meses mínimos en los cuales la posibilidad de cambio está prohibida, y para que haya sorpasso el principal partido de la oposición debería estar por encima de un cierto porcentaje de voto durante X tiempo también, unos meses.

Un sistema político así empezaría acelerando la vida política, trayendo más inestabilidad y alternándose los partidos con mucha más rapidez. Sin embargo, parece lógico pensar que con más variación de políticos la regeneración en estos partidos e incluso de nuevos partidos sería mucho más rápida, nuevas caras serían más cautas en saltar a la arena política por temor a durar poco, y se acabarían implantando después de un tiempo una serie de líderes más fuertes y seguros que conseguirían mantener los índices de aprobación altos durante meses y años. La estabilidad se conseguiría paradójicamente a través de un sistema a priori mucho más rápido y menos seguro, a causa de la aceleración del típico proceso de ensayo y error. Las instituciones políticas se volverían más ágiles y flexibles, y se acercarían mucho más a la sociedad de manera natural.

Pero esto solo puede suceder si la sociedad está preparada. Un ejemplo: durante gran parte  del siglo XIX, se consideraba estúpido implantar el sufragio universal, no solo porque la élite quería conservar su poder, sino porque habría sido muy necio dar poder de voto a una masa de personas analfabetas, totalmente fuera de la realidad política, sin ningún conocimiento ideológico excepto el que los revolucionarios, una pequeña minoría, podían filtrar más o menos. Estamos hablando de millones de personas que vivían en su mayoría en su pequeño pueblo del cual de hecho muchas veces ni siquiera habían salido de él. Gente con nulo entrenamiento intelectual y una mentalidad completamente local no eran capaces de razonar de manera satisfactoria un tema que de toda la vida, aunque no fuera por voluntad suya, se les escapaba totalmente de las manos. Si con un nuevo sistema de sufragio constante la estabilidad y los líderes fuertes no llegan será tiempo de recordar la clásica frase que dice que los políticos no son sino un reflejo de la sociedad. Al final, si ésta no está preparada, no nos podemos merecer una actualización de nuestro sistema democrático.”

Hazte socio

También te puede gustar

One comment

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>