Elecciones salvadoreñas: la cosa sigue igual

El pasado 1 de marzo se han celebrado elecciones en El Salvador a diputados al Parlacen (Parlamento Centroamericano), por primera vez votados directam…

El pasado 1 de marzo se han celebrado elecciones en El Salvador a diputados al Parlacen (Parlamento Centroamericano), por primera vez votados directamente por los ciudadanos, en lugar de a través de la nominación por la Asamblea Legislativa. En segundo lugar, elecciones de diputados a la Asamblea, y en tercero, a las alcaldías. Novedades: las votaciones han sido por rostro y admitiendo el voto cruzado. Esto es, el elector ha podido votar por ejemplo tres diputados pertenecientes a tres diferentes partidos. Obviamente, también se podía votar por partido. Otra gran novedad es la aplicación de los concejos plurales, esto es la alcaldía no se la queda al 100% el partido ganador, sino que entran también todos los partidos. El Salvador era el único país con régimen democrático que tenía esta forma de adjudicación de las alcaldías.

La participación ha sido de alrededor de un 50%. Mucha población siente que pase lo que pase en poco le va a afectar a él directamente.

La polarización existente entre Arena y el FMLN no ha ayudado a producir muchos votos cruzados, se estima solo un 8%.

Problemas en el recuento de votos han llevado a que a estas horas del día 3 aún no se conozcan todos los resultados.

En el Parlacen, 20 diputados, no parece haber novedades. De hecho, el interés de la población por el Parlamento centroamericano es escaso. Nadie es capaz de explicar que hacen, a lo largo de todo el año, estos parlamentarios. Tanto es así que el proceso de integración representado por otro organismo, el SICA, se halla estancado hace años.

En cuanto a la Asamblea, parece que se mantienen los resultados: Arena recupera los del periodo pasado y habrá que contar con los pequeños partidos parlamentarios, PDC, PCN y Gana, para la toma de decisiones.

En las alcaldías lo más notable ha sido la pérdida por parte de Arena de la capital, que ha pasado a manos del FMLN. La persona que lo ha hecho posible ha sido Nayib Bukele, que hizo su primera experiencia en el municipio de Nueva San Salvador. En realidad, un candidato “sui generis” no ha utilizado ni tan solo el color de su partido, no se corresponde con la vieja guardia del partido, ni hizo la guerra, ni su lenguaje es el clásico. Más bien podría hablarse en su discurso de un desarrollista social. De todas formas tampoco hay que olvidar que el FMLN ha sido prolijo en utilizar otras figuras que no sean vieja guardia, lo fue en la Alcaldía de San Salvador, con Héctor Silva (demócrata cristiano), Carlos Rivas y ahora Nayib Bukele, o también en la presidencia de la República con Mauricio Funes en el anterior Gobierno.

Pareciera que hay una cierta reticencia a mostrar los verdaderos líderes del partido. Hoy, con Salvador Sánchez Ceren en la presidencia, parece que hay un incipiente cambio, aunque parecen encriptarse en la dirección del partido y las diputaciones.

En las Alcaldías, aparte de la pérdida de la capital, Arena ganó en siete de las capitales departamentales, FMLN en tres, Gana en tres y PCN en una.

Cambios significativos, sí, Will Salgado (hoy en Gana) perdió San Miguel a manos del FMLN, Rafael Moran de Arena perdió Ahuachapán frente a una alianza de PCN-PDC, y Santa Ana volvió a Arena después de 18 años. Pero más allá de unos ciertos cambios en realidad existe un equilibrio, especialmente sabiendo que este periodo se aplicarán los Concejos plurales.

Arena, al igual que el Frente, se arrogan de ser el primer partido del país. Seguramente tienen razón los dos, todo depende de cómo se cuenten. En realidad, lo que reflejan es una división en dos del país en partidos muy opuestos. Este tipo de bipartidismos tan enfrentados son absolutamente nocivos para el desarrollo, pues merman la capacidad del Estado para realizar cambios importantes en el rumbo de la nación.

Cambia algo la política del país. Pues no parece una especie de empate técnico, que difícilmente puede aportar algo al desarrollo económico, más aún cuando las finanzas públicas están casi quebradas y la economía está estancada. De hecho, es el país que menos crece en Centroamérica y en general en América Latina, con más altas tasas de delincuencia (superadas por Honduras), menos inversión extranjera y nacional, etc.

La situación del país es difícil, no se tienen “commoditys”, ni cobre, soya, petróleo o cualquier otro. Los proyectos motores no existen; el logístico, con el nuevo puerto de Cutuco, canal seco a través de Honduras, zona especial de desarrollo, aeropuerto, ferrocarril y un conjunto importante de elementos motores, se halla un tanto estancado y otros proyectos no se conocen. El capital nacional ha ido a invertir y a hacer negocios a otros países de Centroamérica, instalando centros comerciales, hoteles y en otro momento los bancos salvadoreños, que hoy han sido vendidos a colombianos, estadounidenses y canadienses.

Dagoberto Gutiérrez, ex comandante guerrillero y firmante de los acuerdos de paz, frecuentador de tertulias televisivas, apunta que se ha creado un nuevo capitalismo, el de la elite del FMLN que a partir de las alianzas con Venezuela a través principalmente de Alba petróleos se incorporan al capitalismo nacional, el grupo de los 20, disputando espacios a los anteriores. Parece una descripción un tanto exagerada de la situación aunque algo puede haber de verdad.

Volviendo a las elecciones, los resultados difícilmente van a variar algo y el país debe enfrentar a medio plazo una nueva etapa para poder salir del hoyo. Sin crecimientos del 7%, será difícil que el 50% de la población salga de la pobreza y miseria. Todo un reto para los salvadoreños.

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