Elegía rabínica para el Papa

¿Qué elogio significativo puede añadir un rabino a los muchos tributos de corazón que se rinden al Santo Padre, el Papa Juan Pablo II?  La antigua sab…

¿Qué elogio significativo puede añadir un rabino a los muchos tributos de corazón que se rinden al Santo Padre, el Papa Juan Pablo II?

 

La antigua sabiduría judía avisa que en este mundo a un hombre se le conoce por su padre. No sólo su apellido, sino que buena parte de su identidad viene de su padre. Sin embargo, después de que el proceso de la muerte lo convierte en espíritu, miramos a nuestros hijos y nietos buscando pistas de nuestra eternidad. En el mundo futuro del espíritu donde todo será luz y verdad, el judaísmo enseña que cada uno de nosotros será conocido por las acciones de sus hijos o hijas.

 

Los niños no son sólo piedras de construcción que dejamos al morir. En el mundo venidero seremos conocidos por todos nuestros logros duraderos, incluyendo los hijos valiosos y las ideas potentes.

 

Juan Pablo II está ahora siendo saludado con cariño en el cielo como padre de mil millones de hijos valiosos y el progenitor de una idea potente.

 

Podemos condensar el vasto repertorio de coraje y compasión, la deslumbrante virtud exhibida durante décadas por el Papa Juan Pablo II en una idea. La idea es tan poderosa que ostenta las muchas facetas de su vida en un destello brillante de claridad.

 

La coherencia singular del Papa era la santidad de la vida. Su destello de claridad fue el triunfo de la vida sobre la muerte. Terri Schiavo, aferrándose a la vida, alertó a todos los norteamericanos de la distinción real entre la cultura de la vida y la de la muerte. Quizá su papel final fue ser heraldo de la inminente llegada de Karol Wojtyla.

 

Durante un cuarto de siglo, me han inspirado tres aspectos de la santidad de la vida que jugaban una parte central en Juan Pablo II.

 

El primero fue su lucha contra el comunismo. Realmente su papel en su derrota fue enorme. ¿Por qué odiaba el comunismo? No sólo porque fue testigo de su mal, sino porque violaba su reverencia por la vida. El comunismo es por definición la doctrina del materialismo. Si hay alguna diferencia entre la materia y el espíritu, es que la materia es mortal mientras el espíritu es eternal. La innata mortalidad del comunismo mana de su énfasis exclusivo en la materia. La libertad es un tema del espíritu y es eternal. Luchando contra el comunismo toda su vida el Papa hacía un valiente compromiso con el cimiento espiritual de la libertad: la vida.

 

Otro ejemplo del compromiso de este papa con la vida fue su oposición al aborto y la eutanasia, toda su vida. Fervientemente creía que en modo alguno puede el hombre poner en peligro el don sagrado de la vida, ni en su principio ni en su final. Incluso la creación de vida transforma a un hombre y una mujer en colaboradores sagrados de Dios, así la contracepción es un asunto grave en lo moral.

 

El tercer ejemplo fue su oposición inequívoca a la homosexualidad, pese a los muchos ataques vulgares que eso le significó. Era evidente para cualquier persona de mente clara que su oposición a los actos homosexuales no implicaban odio hacia ningún ser humano. Más bien expresaba su amor comprometido con la vida.

 

Creo que Juan Pablo II reconoció que cuando un hombre y una mujer expresan su mutua pasión física están implicándose en un acto de afirmación de la vida. El Creador incluso remarcó esto al asegurarse que el órgano de relación no es otro que el canal de nacimiento. Por contraste, en la práctica que el Papa condenaba, el órgano involucrado es esencialmente un canal muerto. Es la parte de la anatomía humana designada expresamente para eliminar del cuerpo las células muertas y otros desperdicios que ya no tienen potencial dador de vida. Al contrario que el producto animal, las heces humanas tienen tan poca vida en ellas que son prácticamente inútiles como fertilizante agrícola. Oponerse a la homosexualidad es parte de la lucha contra la cultura de la muerte.

 

Sobre estos y otros temas, el Papa Juan Pablo II levantó controversias. Sin embargo, su postura nunca era caprichosa. Se unificaba siempre en torno al tema de la vida. Era completamente consistente con su defensa contundente de la cultura de la vida.

 

¿Estaba yo completamente de acuerdo con cada una de sus posiciones papales? Por supuesto que no: él era el Papa y yo soy un rabino. Teológicamente y en la práctica él no hablaba para mí. Pero ese no es el tema. El tema es que él hizo del mundo un lugar mejor para todos los que aman la vida, todos los que veneran las palabras del Deuteronomio: “por lo tanto, elige la vida”.

 

Sin Juan Pablo II, la cultura de la muerte habría hecho muchas más progresos. Un avión se mantiene en el aire sólo porque los motores convierten el combustible en empuje. En ausencia de esa energía, la mera gravedad hundirá el avión. De igual forma, en ausencia de una fuerza vital espiritual como la que el Papa Juan Pablo II ha inyectado en el mundo cada día de su vida, el empuje gravitacional de la muerte se habría extendido más ampliamente. Sea cual sea tu fe, esa es una razón suficiente para la gratitud.

 

El rabino Daniel Lapin preside en EEUU la organización Toward Tradition, en defensa de los valores judeocristianos.

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